sábado, 22 de diciembre de 2007

Licencia neuro-dactilar

Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. No tardo en volver. Un abrazo.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 34

Cronológicamente fue así: 1) El ser humano se sintió muy vulnerable y sintió vergüenza de verse tan poquita cosa; 2) Para aplacar ese dolor moral creó un personaje con toda la omnipotencia que a él le faltaba y lo llamó Dios; 3) Imaginó que ese ser maravilloso lo había creado a él y que lo protegería como un padre cuida a su hijo. Después sigue como todos saben.

Esta idea se relaciona con otra según la cual, cuando no sabemos algo, lo inventamos... pero no inventamos cualquier idea: sólo inventamos ideas lindas, que nos gratifiquen de alguna manera. Esos inventos (también llamados hipótesis) responden a nuestro deseo de complacernos.

Otra forma de inventar las respuestas que no conocemos es creando mitos, leyendas, historias. Esos relatos nos suelen ubicar como personajes que experimentan situaciones que directa o indirectamente nos dan placer. Por ejemplo, el haber sido creados por un ser infinitamente bueno, poderoso, etc., es como pensar que descendemos de monarcas, es como suponer que pertenecemos a un linaje maravilloso.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 33

La tecnología ha logrado que la especie humana necesite menos ejemplares. Por lo tanto, el descenso en la natalidad que provoca la permisividad hacia la homosexualidad y la masturbación son una consecuencia directa de la explosión tecnológica.

También podría pensarse que hoy en día un sólo ser humano es capaz de producir lo que producían diez o veinte de la Edad Media, pero no creo que la naturaleza se guíe por la productividad de los ejemplares para determinar cuántos deberían ser.

Quizá sea cierto que la actividad de nuestra especie está agrediendo al planeta y que éste reacciona defensivamente procurando de alguna manera disminuir la cantidad de agentes perjudiciales. El sutil mandato natural daría como fenómeno observable el que el ser humano se reproduzca menos.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 32

Las mujeres cuando frustran delicadamente a los hombres que intentan seducirlas, logran aumentar el interés de éstos. La naturaleza las dotó de esta fórmula para que ellas encuentren al compañero que esté realmente a su altura, ya que los menos persistentes abandonan por no estar a su nivel.

Esta situación puede verse desde otro punto de vista. Cuando tenemos algo por lo que luchamos con mucho ahinco (una casa, una guitarra, un caballo, lo que Ud. más desee), lo apreciamos, disfrutamos y valoramos más que cuando nos llegó sin ningún esfuerzo (regalo, herencia, lo encontramos y nadie lo reclamó).

Todas las personas nos amamos en cierta medida (que va desde un poquito a muchísimo!!). Nuestro esfuerzo es digno de amor porque es nuestro. Lo que nos obliga a gastar nuestro esfuerzo vale mucho porque amamos ese esfuerzo (porque es nuestros). Si una mujer nos provoca tando deseo de conquistarla, se vuelve más y más valiosa ante nuestros ojos porque ella logra que hagamos mucho esfuerzo.

Al final, a quien amamos es a nuestro esfuerzo, pero ella se lleva los aplausos porque fue la que logró que nosotros lo hagamos.

Es un poco entreverado pero al final se entiende y vale la pena tenerlo en cuenta. Peor sería caer en la ingenuidad de suponer que el amor es sólo hacia ella.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 31

Según el psicoanálisis, cuando uno necesita ayuda (por ejemplo, porque alguien nos ataca), no debe gritar ¡SOCORRO! porque la gente se aleja de los problemas. Es más eficaz gritar ¡FUEGO! ó ¡UN CADÁVER!, porque la gente es muy curiosa.

El psicoanálisis concibe al ser humano como alguien que no puede tolerar saber realmente cómo es. El auto-engaño está siempre a la orden del día. No podemos soportar cuán mezquinos somos en realidad. Sin embargo -y esta es otra curiosidad de este fantástico arte científico- SOMOS LO ÚNICO DIGNO DE AMOR.

El rechazo a ciertas verdades (me sigo refiriendo a que las personas somos un poco peor de los que estamos dispuestos a aceptar) es un rechazo poco evidente. Uno no anda por la vida demostrándole a todo el mundo que es un incoherente. Cuando no acepta reconocer que es egoísta, se esfuerza realizando actos caritativos (aunque sólo porque queda bien y para no darse cuenta que se prefiere más a sí mismo que a los demás).

lunes, 17 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 30

Dado que en el mundo hispano a los testículos se los llama popularmente «pelotas» y que según el diccionario de la Real Academia la palabra «despelotado» significa irresponsable, podemos concluir que en nuestra idioma se considera que la mujer no es un ser humano responsable.

Cabe aclarar que la idea se apoya en una consecuencia del lenguaje: no de lo que las sociedades hispanas piensan explícitamente. La gragea pretende denunciar que sutilmente existe la posibilidad de hacer la deducción mencionada. Es un hecho que cuando algo puede deducirse, se deducirá aún inconcientemente, aunque a nadie se le ocurra manifestarlo.


De hecho se puede constatar que a igual tarea, la mujer suele tener salarios algo menores que los hombres. Se explica ésto diciendo que ellas son las que primero abandonan la tarea cuando alguien las reclama desde la familia. ¿Será una buena explicación? ¿Será la única y suficiente? ¿O está influenciando lo que dice la gragea sobre que ellas son anatómica y psicológicamente despelotadas?

¿Para qué sirve esta reflexión? Para nada concreto y para mucho si nos damos cuenta hasta qué punto estamos diciendo cosas sin decirlas directamente. En la misma línea, se dice que "un pelotudo" es un tonto mientras que un hombre (¡o mujer!) con muchos huevos, es valiente. Las gónadas masculinas generan polémica.

sábado, 15 de diciembre de 2007

¡Demuéstremelo!

Analizante (♂) — Después de pensarlo durante meses, anoche me decidí a ser penetrado por el taxi-boy que le conté.

Analista (♀) — ……

Analizante (♂) — Es un poco más bajo que yo pero su cuerpo parece esculpido sobre una roca. Mientras cerrábamos trato para ir a un hotel cercano sentía como que era otra persona la que estaba negociando su ingreso a la homosexualidad.

Analista (♀) — ……

Analizante (♂) — Le contaría los detalles uno por uno pero usted parece no interesarse por nada de lo que me sucede. El hecho es que me comporté igual que una muchachita tímida. Él me desnudó, él me agarró del pelo y me obligó a que le practicara una fellatio, después me agarró del cuello como para estrangularme pero sin apretar, me puso en una posición cómoda para ambos, me dilató el ano con paciencia y cierta delicadeza y finalmente me penetró. Sentí que su eyaculación era igual que los enemas que me daba mi mamá cuando era chico. Resumiendo: no me gustó.

Analista (♀) — ……

Analizante (♂) — Si bien me sentí humillado, con el amor propio totalmente castigado, con un dolor imposible de describir, pude demostrarme a mí mismo que no soy homosexual.

Analista (♀) — ¿Qué asocia con castigo, dolor y demostrarle algo a alguien?

Analizante (♂) — …………… Lo asocio con lo que pensaba cuando los funcionarios de la dictadura me torturaban. Estoy seguro de que pude evitar que me apresaran pero quise demostrarle a mis compañeros que yo era un revolucionario convencido.

Analista (♀) — ……

Analizante (♂) — Quizá me convenga terminar con estas demostraciones tan complejas y dramáticas.

Analista (♀) — Dejemos por acá.

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Neurotransmisores - Gragea Nº 30

Lo que realmente me excita de un hombre es que sea más inteligente que yo. El analista me mostró que me estaba haciendo la tonta para que ellos parecieran más inteligentes y que esa era la causa de mi depresión.

Es bastante frecuente que uno colabore para encontrar lo que está buscando, sólo que en ese intento podemos pagar precios excesivos. A los hombres puede pasarnos que para conservar la compañía de alguien con quien nos sentimos muy orgullosos (porque es hermosa, por ejemplo), toleramos una relación que falla en sus aspectos más trascendentes (amor, honestidad, erotismo).

Con los afectos no es fácil ser muy racional, pero sin embargo es posible evitar algunos desastres demasiado previsibles. Si bien es cierto que todos soñamos con sentir un amor descontrolado, podemos darnos cuenta si nos estamos descontrolando a propósito con tal de creernos que la pasión es auténtica.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 29

Cuatro ojos ven el doble que dos y dos cabezas apasionadas piensan la mitad que una.

Es probable que diferentes puntos de vista aporten más registros de la realidad. Una misma cosa vista desde diferentes ángulos, se ve diferente.

Ahora el problema empieza cuando esos diferentes observadores se juntan y tratan de sacar una idea como la gente. Ahí empiezan las discusiones, la defensas de las propias opiniones y el resultado puede ser nulo o negativo.

Es conocido el relato de los seis ciegos que trataron de saber cómo era un elefante y no pudieron llegar a un acuerdo porque el que tocó las orejas discutía que se parecía a un abanico, el que tocó las patas aseguraba que era como un árbol, y así los demás que tocaron la cola, los colmillos, la trompa y la panza.

Conclusión: parece bueno escuchar muchas opiniones pero asegurándose de que sea uno sólo el que finalmente saque una conclusión.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 28

Quienes obtienen el poder arriesgando sus vidas, jamás están dispuestos a dejar que el gobierno conquistado quede en manos de un sistema tan vulnerable como el democrático.

A veces uno se olvida de todo lo que se pone en juego en ciertas conquistas y luego se las trata como si su obtención hubiera sido fácil. Lo de las revoluciones vale para esos casos en que la historia termina juzgando severamente a quienes se aferraron al poder, como si este acto estuviera delatando un abuso, un injustificado aprovechamiento.

Esta reflexión también vale para los juicios adversos que reciben quienes llegan a tener fortuna y luego la cuidan, no hacen donaciones generosas, no derrochan. Seguro que existe un efecto de inercia: para llegar a tener dinero es preciso producir más de lo necesario y gastar lo menos posible. Esta disciplina no se desmonta tan fácilmente, pero si es justo comprender que lo que suele tipificarse como avaricia o mezquindad, no es más que la consecuencia natural de quien hizo un gran sacrificio por llegar a tener lo que posee. Igual que el revolucionario que luego permanece un tiempo más en el poder.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 27

Antes los psicoanalistas trabajábamos mucho tratando de disminuir la represión sexual. Ahora la mayoría de los consultantes padecen de represión afectiva.

martes, 11 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 26

Las mujeres, ¿hemos reconquistado un terreno que nos pertenecía o simplemente estamos siendo admitidas como socias en el club de los hombres?

lunes, 10 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 25

¡Qué loca que soy! Me muero de ganas de que él me diga que me desea sólo para poder decirle que no me interesa.

reflex1@adinet.com.uy

domingo, 9 de diciembre de 2007

Robocop González

— Te llamo para pedirte disculpas porque ayer no pude concurrir a la cita que teníamos pactada.

— No hay problema, estoy seguro de que te fue imposible cumplirla.

— Me imagino que me habrás estado esperando y que quizás dejaste cosas por hacer. Realmente lo lamento.

— En realidad tengo mi vida organizada como para que los cambios no me perjudiquen. Por eso te había pedido que me llamaras un poco antes de venir a mi casa.

— Entonces me estuviste esperando...

— Sabía que podías llamarme para encontrarnos pero de hecho ayer estuve todo el día atendiendo mis tareas a más de treinta kilómetros de distancia.

— ¿O sea que si yo hubiera cumplido y te hubiera llamado, no te hubiese encontrado?

— Cuando yo salgo de mi casa, dejo el teléfono fijo conectado a mi teléfono móvil, y por eso recibo todas las llamadas que me hagan a uno u otro.

— ¿Y si te hubiese llamado para encontrarnos, cómo ibas a hacer?

— ¡Fácil! Dejo de hacer lo que estaba haciendo y me vengo para donde quedemos en encontrarnos.

— ¡Qué frío y tecnológico que sos!

— ¿Hubieras preferido que tu impedimento me perjudicara?

— No precisamente, pero estoy acostumbrada a tratar con personas de carne y hueso. Nunca traté con Robocop (1).

— Simplemente utilizo lo que hay disponible para cualquiera sin dejar de ser de carne y hueso. ¿O vos te crees más humana porque rechazás las innovaciones?

— No las rechazo, simplemente no las entiendo, pero ahora que me acuerdo, ¿por qué me dijiste tan convencido «estoy seguro de que te fue imposible cumplirla»? ¿No te pasa por la cabeza que también pude haberme desinteresado en encontrarme contigo?

— Ni vos ni yo decidimos qué hacer. Nuestro deseo toma todas las decisiones aunque nos sintamos muy autosuficientes. Si no me llamaste es porque tu deseo así te lo impuso y si me hubieses llamado, también habría sido en cumplimiento de una orden inapelable de tu deseo. Somos su esclavo, te guste o no te guste.

— Confirmado: sos Robocop।

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(1) – Personaje de ficción que tiene integrado a su cuerpo instrumental de alta tecnología cibernética.

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sábado, 8 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 24

El decorador me dijo «Este sofá póngalo acá y se le agranda el living». La psicoterapeuta me dijo: «Déjese de hacerse la nena tonta delante de su suegra». Siento como que me casé de nuevo y que vivo en otra casa. No hay caso, ¡el que sabe, sabe!

viernes, 7 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 23

Los homenajes que hacemos a las personas fallecidas constituyen la demostración de que en el interior de cada uno de nosotros se aloja la imagen afectiva de quienes han sabido conquistar nuestro aprecio, inmortalizada mientras vivamos.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 22

Para su pregunta le puedo ofrecer: la respuesta que para mí es la correcta, la respuesta que usted desea escuchar y la respuesta que está de moda. ¿Cuál prefiere?

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 21

Una de las mejores ofrendas que se le puede realizar a un ser querido es decirle «te necesito».

martes, 4 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 20

Como psiquíatra grado 5 de esta prestigiosa Universidad estoy en condiciones de afirmarles que las ideas locas son infinitamente más creativas y rentables que las ideas neuróticas.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 19

A los infantiles de cualquier edad les encantan los fuegos artificiales (pirotecnia). Si usted es alguien que se calienta fácilmente y que luego estalla de ira, lo usarán como juguete.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Erudición compensatoria

Cuando cumplí quince años mis padres —que eran de condición económica humilde—, igual pudieron hacerme una fiesta para que todos mis amigos y amigas pudieran divertirse conmigo.

Con mi hermana mayor compartíamos el mismo dormitorio y cuando había mucho frío también la cama, para abrigarnos mutuamente. Siento un gran amor por ella y me hace feliz verla.

Hablábamos durante horas al acostarnos y recuerdo que lo que más nos preocupaba en aquella época juvenil, no era que nuestros padres fueran pobres y careciéramos de ropa nueva, calzado elegante, tratamientos capilares costosos, como tenían nuestras compañeras de colegio, sino que tuvieran pocos estudios.

Ellos dos sólo habían estudiado ocho años en total (dos mi papá y seis mi mamá). En nuestra casa no había ningún libro. Ni siquiera con recetas de cocina. Cuando volvíamos de visitar a nuestras compañeras de colegio, siempre estábamos de acuerdo en qué hermosas bibliotecas había en sus casas.

A pesar de tanta comunicación, no hace mucho nos comentamos que tanto ella como yo habíamos organizado toda nuestra vida estudiantil para compensar esa carencia educativa de nuestros padres. Aunque ambas llegamos a doctorarnos, luego continuamos agregando más y más conocimientos.

Cuando con ella organizamos una reunión entre los amigos de la familia para festejar los cincuenta años de casados de nuestros padres, corrieron muchas emociones. Realmente salió todo bien, ellos estuvieron contentísimos y nosotras felices de haber alcanzado nuestras aspiraciones y que ellos estuvieran ahí para compartirlo con nosotras.

Cuando ya se habían ido todos los invitados nos quedamos juntos los cuatro, conversando un poco más con las escasas energías que nos quedaban. Fue ahí cuando salió a luz el tema de la falta de libros en nuestro hogar y de cómo habíamos luchado denodadamente para llegar lo más lejos posible en nuestras profesiones.

Mi padre, invariablemente tan callado y prudente, la miró a mi mamá y comentó:

— Con ella observábamos que ustedes dejaban de divertirse con tal de estudiar y nos preguntábamos por qué se sentían tan incompletas.

reflex1@adinet.com.uy

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Neurotransmisores - Gragea Nº 18

— Vos no me entendés. Yo sé que el nunca me miente, pero necesito pensar que me miente porque de lo contrario mi fantasía sobre qué hace y deja de hacer queda encerrada en lo que él me diga. Suponiendo que me miente, disfruto imaginándome cualquier cosa. ¿Captás?

— El razonamiento está bien, pero ¡sos complicada, eh!

viernes, 30 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 17

“El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que tienen miedo, muy largo para los que se lamentan, muy corto para los que festejan. Pero, para los que aman, el tiempo es eternidad".
Esto lo dijo William Shakespeare, uno de los mejores psicólogos de la humanidad.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 16

He fracasado mil veces en mis relaciones de pareja porque todas me aman sólo cuando me lo merezco que justamente es cuando menos lo necesito.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 15

He reconsiderado la teoría evolucionista de Darwin y decidí que deseo emigrar a otra especie.

martes, 27 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 14

...y Dios hizo al hombre lleno de dudas para que se angustiara y tuviera que creer en Dios.

reflex1@adinet.com.uy

lunes, 26 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 13

No creo en la clasificación «buenos y malos» seres humanos, en todo caso me inclino pensar que somos todos igualmente malos disfrazados de buenos. Eso sí: desnudos o disfrazados, somos lo único digno de amor.

sábado, 24 de noviembre de 2007

La cinepatía de Edipo

Soy oriundo de la época en que se iba al cine por cantidad y no por calidad.

Según parece, el precio de la entrada a ese espectáculo de cinco horas era muy accesible porque mis padres (vendedor ambulante y modista) me daban el dinero para la entrada con buen humor, cosa que no sucedía con otras demandas de divisas que yo consideraba esenciales en mi canasta infantil básica.

Compruebo que otros hombres de mi edad tienen recuerdos tiernos de alguna maestra en particular, o de los postres y caprichos que le atendía una abuela, o de cierto seis de enero muy especial. Todos esos rubros los tengo en cero.

Mi enseñanza primaria estuvo a cargo de Doris Day y Rock Hudson. Los recreos se los debo a Jerry Lewis. A esos tres actores de los años sesenta quise parecerme. Inclusive a Jerry Lewis que siempre hacía de tarado.

Según mi propio diseño, el futuro incluiría tener una novia como Doris Day (rubia, simpática, siempre de buen humor, enamoradísima de Rock Hudson, a quien yo me parecería cuando fuera grande. Cuando murió de SIDA me enteré que era gay. ¡Qué desilusión!)

Las películas de cow-boys también recargaban mi afiebrada fantasía. A muy temprana edad me turbaba no poder comprender por qué el personaje más parecido a mí, el que al llegar al pueblo solucionaba todos los problemas, el que lograba enamorar justamente a la señorita que a mí más me apasionaba, cuando ya había solucionado todo y sólo le faltaba casarse con ella y tener muchos, muchos niños, se iba a solucionarle más problemas a otra gente y la dejaba a ella, pobrecita, empapada por las lágrimas.

Con mi fantasía de alta gama y mi cerebro de bajas revoluciones, tuvieron que pasar muchos años de análisis psicoanalítico para comprender en qué novela estaba actuando yo mismo, cuando me creía que en Hollywood actuaban para mí.

El dato que todavía no les pasé es que al llegar del cine, mis padres siempre estaban contentos y, sobre todo mi mamá —que era igual que yo, de piel muy blanca—, tenía las mejillas bien coloraditas.

Comprendí entonces que mi amor por el cine posibilitaba el amor entre ellos.

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viernes, 23 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 11

Los pobres son usados para que los médicos practiquen su destreza curativa y para que los bondadosos practiquen su destreza filantrópica.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 10

No se puede creer en quien se miente a sí mismo porque cuando falta a la verdad él supone que está siendo sincero.

Neurotransmisores - Gragea Nº 9

Los representantes que utilizan el plural mayestático lo hacen porque hablan en nombre de sus representados (el pueblo, Dios, etc.). También lo usan los veleidosos que imaginan representar a alguien.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 8

Las frases de autoayuda que comienzan diciendo «El secreto de la vida es...» son falsas porque si es un secreto, entonces no lo pueden conocer ni el autor ni el lector.

Neurotransmisores - Gragea Nº 7

El zorro quiso darle una zurra a la zorra con una cachiporra porque dice que ella no ahorra. Al ver este drama, la cotorra salió de su modorra y lo golpeó con una porra en la morra, haciéndole saltar la gorra que tuvo que ir a buscar —con mucha pachorra— pensando que no debió haber iniciado la camorra. Esta triste historia a la zorra ya no se le borra.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Ranking

«Este niño piensa demasiado» le dijo la maestra a mi madre cuando la llamaron porque yo no quería jugar a la hora del recreo.

Esa tarde me sirvió la merienda, se sentó con actitud de confidente, pero sobre todo, sin prestarle atención a la comedia en la que participaba diariamente como televidente.

— ¿Por qué no tenés ganas de jugar a la hora del recreo mi querido?

Recuerdo que esa pregunta para mí fue como si hoy me exigieran una opinión concluyente sobre la Teoría de la Relatividad. Supongo que habré levantado los hombros sin quitar los ojos de las tostadas.

— ¿Por qué la directora tuvo que llamarme la atención sobre tu conducta? ¿Qué está pasando contigo mi querido?

Ahora que ya soy grande y con experiencia entiendo que ella no me preguntaba a mí sino que se preguntaba a sí misma por qué tuvo que ser madre abandonando la diversión juvenil que no paraba de recordar con nostalgia o bronca.

Las preguntas que me hacía a mí hubieran sido difíciles para Sartre y habrían impulsado a Freud a que se mandara una dosis extra de cocaína (de Parke-Davis que, por si no lo saben, era su marca preferida).

¿Me quería o no me quería?

Con los años tuve que ir rectificando mi ubicación en la jerarquía de su corazón. Al principio creía que me quería más que a nadie. Después pensé que lo amaba más a mi papá y ahora que ya soy grande pienso que en el podio de sus preferencias estaban: primero ella, después ella otra vez y en un cómodo tercer puesto, ella.

Esto parece pesimismo made in Uruguay, pero no: es experiencia y muchas horas de mirarme en el espejo, porque estoy en condiciones de afirmar que yo también ocupo los tres primeros lugares de mi ranking. ¿Será genético? ¿Será que el ser humano es así?

reflex1@adinet.com.uy

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Neurotransmisores - Gragea Nº 6

El carácter placentero de la comunicación genital es aprovechado por la naturaleza para la reproducción de la especie.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 5

Una forma de reprimir la homosexualidad en los hombres consiste en preferir colectivos masculinos y despreciar lo femenino en general, incluyendo su propia mujer interior.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 4

Una forma de reprimir la homosexualidad en la mujeres consiste en verse feas.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 3

Quienes han resurgido de por lo menos un fracaso importante, podrán sobreponerse a otros, tomarán precauciones más sabias para no repetir errores, y sobre todo, serán tolerantes con mis errores.

martes, 13 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 2

¿Por qué tanta gente siente horror hacia los roedores domésticos [ratas y ratones]? Porque su inconciente lo impulsa a comerse a sus objetos de amor (padres, hijos, cónyuge). Ese impulso amoroso-comilón-homicida es fácilmente simbolizado por un roedor doméstico, el que irracionalmente nos provoca el temor de que se comerá aquello que es aún más amado que los objeto de amor, es decir, a nosotros mismos.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Neurotransmisores - Gragea Nº 1

Los monopolios matan el afán de superación por falta de competencia. Por eso con mi mujer decidimos autorizarnos mutuamente a tener amantes y ahora ella es una de mis predilectas.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Amor ciego

— Si, a vos te lo puedo contar porque sos mi mejor amiga, pero me tenés que prometer que no se lo vas a contar a nadie. Ni siquiera a Matilde. ¿Me lo jurás?

— Por supuesto, pero ¡cuánto suspenso che!, parecemos jovencitas noveleras. ¿Cómo es la cosa?

— El marido que tengo ahora es ciego.

— ¿CIEGO?

— Ciego. Desde que era niño. No sé qué problema tuvo. Nunca me lo quiso contar.

— ¿Y cómo hacen? ¿Cómo es estar casada con un tipo ciego? ¿Cómo te enamoraste de él?

— Cuando me divorcié de Ricardo, casi voy a la cárcel porque si no me lo sacan, te juro que lo mato. Era un mujeriego insoportable. Vivía de aventura en aventura, ¿y vos viste que yo soy terriblemente celosa?

— Bueno Ricardo era alguien que nunca le dio mucha importancia a tus celos. Siempre decía que exagerabas, que la cosa no daba para tanto, que él te era fiel. Pero yo te pregunté cómo te enganchaste con un tipo que no ve.

— Viste cómo son estas cosas. La vida te presenta situaciones más increíbles que la propia ficción. Resulta que en una reunión que hicieron en la casa de él, —yo estaba recién separada— justo me senté al lado suyo y quedé maravillada de cómo interactuaba como si viera. Con los lentes oscuros que siempre usa, no te das cuenta de su particularidad.

— ¿No podés ir al punto? ¿Cómo es estar con un ciego? ¿De qué viven?

— Te estoy contando ¡dame un poco de tiempo! ¿Te acordás de aquella película en la que Al Pacino hace de un militar retirado y ciego, que hasta llega a manejar una Ferrari roja?

— Si, me acuerdo: Perfume de mujer. Le dieron un Oscar. Hacela corta.

— Él tiene su misma destreza. Baila maravillosamente, es brillante, tierno, cariñoso. Hasta podría decirte que en muchos aspectos, él es mi lazarillo. Fijate lo que te digo.

— Está todo bien, pero ¿qué querés que te diga? Estar con un hombre que no ve nada, no sé, no me cierra. ¿Tiene fortuna por lo menos?

— Fortuna fortuna, no. Es una familia adinerada y seguro que cuando muera la madre —que ya está muy viejita pobre—, él se va a forrar. … Pero ¿sabés por qué me enamoré de él? Precisamente porque estoy segura de que no va a mirar a otras mujeres.

reflex1@adinet.com.uy

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Sabor a mí

Este vino me está soltando las neuronas y puedo pensar con más libertad. ¿O con más coraje? Sí, debe ser coraje.

A mis 56 años soy el número uno de los Pérez-Martinelli en cuanto a nivel de fracaso. El mejor diagnóstico es el que me hizo el hermano de copas Pocho Funes: «Vos administraste mal la falta de escrúpulos», me dijo el domingo de tarde.

Cuando esperaba mi turno en la penumbra de la sala de espera del quilombo, creí reconocer a quien fuera el cocinero jefe de un restorán lujoso que tuve cuando era alguien.

Me cambié de silla y le hablé.

— Vos sos «El Gitano» De Luca ¿No?
— Sólo mis amigos me dicen «Gitano». ¿Usted quién es señor?
— Evaristo; el dueño de La Posada del Puerto. ¿No te acordás de mí?
— ¡Ah, sí! El que me despidió a los gritos tratándome de ladrón delante de todo el mundo.
— Buenos Gitano, vos sabés que me estabas robando. No sigas negándolo.
— Por lo que veo su inteligencia sólo le dio para estar esperando junto conmigo en este mísero prostíbulo. ¿Qué pasó?
— ¡Pero qué recoroso! ¡Seguís agrediéndome! ¡Se ve que no aprendiste la lección!
— Soy rencoroso porque usted no quiso saber lo que yo quise decirle cuando me echaba a los gritos de su local. ¿Se acuerda que en mi vergüenza le juré que su negocio quebraría en poco tiempo?
— Sí, más o menos me acuerdo, pero si tuve que cerrar fue porque me empezaron a bajar las ventas, No sé qué bicho les picó a mis clientes que dejaron de venir. ¿Vos qué tenés que ver con mi fracaso? ¿Me hiciste algún maleficio?
— Mientras yo fui el cocinero jefe de su restorán, utilizaba sin que usted lo supiera los condimentos que mi padre boliviano me enseñó para que nunca me faltara trabajo como cocinero. Como usted no podía saberlo y los ingredientes me costaban mucho dinero, tenía que recuperar el dinero de la manera que usted llama robo. ¡Ya voy Lucía! Señor Evaristo: me alegro por su fracaso y lamento su estupidez, porque del fracaso puede recuperarse.

… y se fue casi corriendo al encuentro de su prostituta preferida. Tuve el mismo sentimiento de cucaracha que sentí el día que ya no pude abrir La Posada.

— ¿Vamos papito? ¡Llegó tu turno! Vení que yo te puedo maquillar la cara desde adentro.

— No Rosaura. Se me fueron las ganas. Quizás otro día. Perdoname.

reflex1@adinet.com.uy

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sábado, 27 de octubre de 2007

Cortar por lo sano

Hoy el clima no me ayuda con la tarea. Desde muy temprano ha estado caluroso y especialmente húmedo. Tirar del rodado por las calles empedradas de Jacinto Vera me hace vibrar toda la osamenta.

Veremos que nos depara la suerte en el próximo contenedor porque hasta ahora parece que se me adelantaron los Miguez que son como la langosta. ¡Todo les sirve!

Por suerte este está mejor provisto de elementos utilizables. De ese paraguas se pueden rescatar la tela, el mango, el eje central y algunas varillas. Se ve que al dueño lo agarró la lluvia con viento que tuvimos hace un par de horas. En aquella bolsa de polietileno blanco parece que hay unos trozos de pizza; uno de ellos está mordido. Por el diámetro de la dentellada lo dejó algún niño pequeño que desaprobó su sabor. ¡No está mal! En este barrio siempre usan demasiado ajo, pero es bueno para el aparato circulatorio y hasta hay un laboratorio que lo vende en comprimidos.

Este par de romanitas rosadas está casi nuevo. Parece que eran de una señora con sobrepeso porque la suela está intacta pero el espesor se muestra comprimido como si tuviera mucho uso. ¡Confirmado, los Míguez no pasaron por acá!

En otros barrios le ponen carteles a los trozos de vidrio para que uno no se vaya a lastimar, pero acá omiten esos detalles. ¡Cuántos platos antiguos rotos! Quizá algún viejo aparador finalmente fue carcomido por las polillas. No, debe de haber sido un trinchante porque si hubiera sido un aparador tendrían que estar por acá una cantidad de copas y la jarra de clericó.

Voy a tener que meterme adentro porque allá veo una cajita envuelta en papel de regalo y no es la primera vez que una persona enamorada tiene un gesto destructivo por despecho, sin tener en cuenta el valor extrínseco de lo que desecha.

¡Caramba, que pesadito que es en proporción a su volumen! Debe contener algodón mojado por las lágrimas de una mujer enamorada. ¡Qué loco que soy! Hoy me levanté con la vena romántica a flor de piel. A ver que tenemos acá: ¡Oh cielos! ¡El anular completo de una mujer joven! ¿Se le habrá atorado la alianza?

(Este relato se basa en lo que “soñó despierta” una paciente que se sintió desairada porque “su primer hombre" -de épocas liceales-, ahora recibido de médico, no la saludó al cruzarse con ella en la panadería del barrio. Por supuesto que me autorizó a realizar esta publicación.)

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sábado, 20 de octubre de 2007

Líos eran los de antes

Según me enteré dolorosamente cuando tenía trece años —gracias a la verborragia alcoholizada de mi tía predilecta—, mi mamá lloró mucho cuando se enteró que yo nacería.

Usted estará pensando que ella no quería tener un hijo porque era soltera, o porque su fecundador era un rubiecito con seducción perecedera. Error: su problema era que aún no había terminado el ciclo de enseñanza elemental.

Por eso yo creí hasta el día de la revelación que mi tía predilecta era mi mamá y que mi mamá era la tía con quien yo deseaba secretamente tener relaciones sexuales.

También descubrí que estos cruzamientos familiares, llenos de secretos y pesados silencios, son un argumento predilecto de los teleteatros más burdos.

Mi mamá biológica —de quien estuve perdidamente enamorado hasta los trece años— tenía una asombrosa semejanza con la modelo y actriz argentina Araceli González.

Resumiendo, mi mamá quedó embarazada de alguien que la encandiló y su hermana le hizo el favor de criarle al hijo para que no tuviera que cargar con el peso del arrepentimiento.

Pero en esta historia falta el padre. Mi tío-papá era —ya falleció, pobre— una bolsa de plástico expuesta al viento: gordito e incapaz de tomar alguna decisión. El viento que lo agitaba era mi tía-mamá. … ¿O me habrán adoptado porque él era estéril? No sé, ahora no me quiero complicar.

Mi madre biológica sigue soltera y sin hijos porque nunca pudo terminar esos estudios que la habilitaran para merecer el acceso a estos logros.

Yo luzco y me siento normal a pesar de los antecedentes anormales.

Ahora que escribo esto pienso que a mi esposa quizá la quiera porque se apellida González. Pero no, debe ser una coincidencia.


reflex1@adinet.com.uy


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sábado, 13 de octubre de 2007

La vida después de la muerte

Paciente ♀ — … si, muchas viejas preguntan por Miguel (esposo) y yo les contesto con cara de circunstancia, «pobre, empeoró», pero en realidad estoy contenta de que esté enfermo.

Recuerdo que cuando murió mi padre hubo algo que no entendía, y eso que ya tenía veintidós años. Mi madre lloraba mucho, pero cuando quedábamos a solas, ella no lloraba. Caminaba con un paso firme, diría que tenía como un aire de triunfadora. Lucía los senos … que yo —dicho sea de paso—, se los envidiaba porque salí a la familia de mi padre.

………pero eso no lo entendía. Mamá parecía dotada de un motor nuevo. Como si hubiera ido a una curandera para santiguarse. Al principio no cantaba ni silbaba, pero a la semana sí.

También a la semana llamó a una vecina que trabajaba para una organización de beneficencia y le regaló toda la ropa y los zapatos de papá. Sólo se quedó con una billetera de piel de cocodrilo con monograma. Ella se la había regalado cuando eran novios.

Si, con tantos años de psicoanálisis ya sé lo que está pensando, pero no, no pienso que Miguel se vaya a morir. Cuando recién se enfermó, me daba mucha bronca que las viejas babosas preguntaran por él. Y le mandaban saludos que nunca le llegaron, por supuesto.

Lo que pasa es que él es muy piropeador y las clientas del almacén están todas marchitas, con unos maridos terriblemente aburridos de todo. Estoy segura de que las desgraciadas tienen fantasías sexuales con Miguel. Lo que no sé es si Miguel tiene fantasías con alguna de ellas. ¡Sería el colmo!

Analista ♀ — ¿Qué enfermedad tiene su marido?

Paciente ♀ — Gripe. Lo que sucede es que ya hace tres semanas que estoy encargándome de todo porque él está tan agotado que no tiene ganas de levantarse nunca. Como las desgracias no vienen solas, también le subió la diabetes y no quiere ni hablar. Uno le cuenta algo del almacén y él ni contesta. Nunca lo había visto así.

Analista ♀ — ¿No lo nota triste?

Paciente ♀ — ¡Nooo! Está encaprichado. No sé que bicho lo habrá picado. Se la pasa limpiando un revólver que era de mi padre.

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sábado, 6 de octubre de 2007

Murió por error

A mi mujer ya no le cuento más los problemas que tengo en mi laburo porque siempre termina tratándome de tarado.

El otro día subió una pasajera de esas que te agarran de psicólogo y empezó a contarme los líos que tiene con la atorranta de la hija que le roba plata para comprar marihuana.

Como corresponde a todo buen taximetrista que trabaja sólo por dinero, empecé a darle toda la razón y hasta le aumenté un poquito la apuesta diciéndole que la hija, no sólo que era una atorranta drogadicta y ladrona sino que además debe ser una desprolija y mugrienta. ¡Para qué! ¡Se puso furiosa conmigo!:

— ¡Usted qué se cree! ¡Cómo se atreve a hablar así de mi hija! ... y se bajó antes de llegar al destino. E hizo lo peor que puede hacer un pasajero: ¡no me dejó propina!

Mi mujer —que se la pasa todo el día entre comedias televisivas, radiales y autogeneradas—, nunca se cansa de escuchar historias y cuando yo llego después de 12, 13 ó 14 horas de manejar (dependiendo de que el irresponsable que me releva esté o no interesado en llegar en hora), me ceba dos o tres mates sentada en el borde de la silla, ansiosa por escuchar mi dosis de anécdotas.

Cuando le conté lo de la madre de la mugrienta, empezó a criticarme igual que la vieja desubicada hasta que al final le dije:

— Pero escuchame un poquito, ¿vos me das consejos a mí de cómo hay que trabajar? ¿No te das cuenta que desde acá adentro es muy fácil manejar un taxi? Estás como esos médicos que te dicen muy paternales y autoritarios que tenés que dejar de fumar porque lo que quieren es imaginarse que ellos pueden hacer algo de lo que predican. Vos también: me criticás para escucharte y creerte que si estuvieras en mi lugar lo harías mejor. Algunos se creen que todos los problemas son evitables y que hasta morirse también es un error.

reflex1@adinet.com.uy

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sábado, 29 de septiembre de 2007

Amor antigripal

Es increíble la fuerza de los sentimientos. Por eso dudo tanto de la eficacia de la medicina. Los médicos se inclinan a suponer que todo es químico, mecánico o fisiológico y yo, sin negarlo rotundamente, pienso que es parcialmente cierto. La otra mitad del ser humano es afectiva, psíquica, espiritual.

Padecía yo un estado gripal muy fuerte, cuando a través de las lágrimas de mis ojos llorosos comencé a ver un programa de televisión que incluía una mini-historia del artista más amado en el Río de la Plata: Carlos Gardel. Los escalofríos, los estornudos, el dolor en todo el cuerpo me tenían en la más triste postración y saber que la empresa estaba a cargo de mi cuñado me tenía en la más corrosiva preocupación.

A través de la llovizna lacrimal y superando la inflamación de los oídos, me llegaban las imágenes y los comentarios de distintos testigos de aquella época de oro del cine en blanco y negro.

Cada vez que veo una película de este cantante, los pelos del cuerpo se erizan como si fueran fanáticos que hacen la ola en un estadio. El corazón late de otra manera. También imito involuntariamente los gestos que más me conmueven.

Tengo datos concretos de que habemos muchos rioplatenses que reaccionamos de la misma manera, pero lo que pasó en este caso fue realmente insólito.

Cuando pasaron un fragmento de Cuesta Abajo (1934) vi durante poquísimos segundos a mi madre.

Ya sé que no puede ser, pero yo la vi con mis propios ojos y también es verdad que la gripe desapareció.

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sábado, 22 de septiembre de 2007

¡Carísimo! ... pero muy barato

Repasemos brevemente todo lo que un psicoanalista no es para su analizante:

Amigo (compinche, cómplice, secuaz)
Familiar (padre, madre, hermano mayor, tutor)
Asociado (socio, afiliado, adepto, correligionario)
Adherente (afiliado a sus ideas, postulados, causas, reivindicaciones)
Solidario (fusionado con sus dificultades para vivir o soportarse)
Anexo (complemento sano de alguien que se siente enfermo)
Devoto (sumiso, subordinado, admirador, obsecuente, incondicional)
Consejero (profesor, guía, maestro, mentor, instructor, director, rector)
Protector (guardián, ángel, vacuna, compañía de seguros)
Referente (enciclopedia de la vida consultable para cualquier duda)
Modelo (personaje perfecto al que hay que imitar)
Supervisor (responsable de los actos y omisiones del analizante)
Legislador (dictador de normas de conducta, recetador, guía espiritual)
Juez (quien dice qué es correcto o incorrecto y luego puede condenar o absolver)

Mirándolo bien, estos profesionales parecería ser que no hacen muchas cosas para cobrar lo que cobran, pero ¡atención! la genialidad de esta técnica consiste precisamente en que nadie, excepto un psicoanalista, es capaz de creer en la sabiduría del analizante, porque está seguro de que el malestar que lo trajo a la consulta es el resultado de un desconocimiento transitorio entre lo que es capaz de hacer y lo que realmente está pudiendo hacer. Su tarea es recordarle la contraseña con la que podrá acceder a su tesoro personal. ¿Habrá alguien más que cobre tan poco por entregar algo tan valioso?

reflex1@adinet.com.uy

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sábado, 15 de septiembre de 2007

No me quieras tanto

Ella — ¡Mirá que te va a hacer mal!...

Él — No me va a hacer mal, ¡ya me está haciendo mal! ¿O pensás que tus vaticinios nefastos son digestivos? … Y encima con ese tono de himno nacional que ponés para decírmelo.

Ella — Vos seguí así no más que después soy yo la que te voy a cuidar cuando te enfermes por no cuidarte.

Él — Contigo sos más optimista que conmigo. ¿No se te ocurre pensar que quizá me enferme pero después de que vos te mueras? ¿y ahí quién me va a cuidar? ¿Qué precauciones estás tomando para morirte después que yo? ¿Qué seguridad me estás dando de que contaré con tu valiosa colaboración el día que se cumplan tus profecías?

Ella — Seguí burlándote que «el que ríe último, ríe mejor». Comé y bebé lo que se te antoja sabiendo que el médico te dijo que para tener una vejez saludable hay que hacer ejercicio, tener una dieta balanceada, no beber alcohol, no fumar, dormir ocho horas,

Él —... tomar sol con «pantalla solar factor cuatro mil ochocientos», no usar microondas, hacerse un chequeo médico cada poco tiempo, tener una vida tranquila, tener una pareja estable. ¿Te das cuenta que los tipos quieren que todo el mundo esté preparado para ser astronauta?

Ella — No podés negar que la gente que cumple con todas esas recomendaciones, vive más años, tiene una vejez digna...

Él —...y una vida de porquería... El Pepe Rinaldi, después que enviudó hace doce años, no se casó más ¿sabés por qué?, porque dice que los «seres queridos» te quieren tanto que no te dejan vivir. Y lo que es peor, cuando ya te llegó la hora, presionan a los médicos para que no te dejen morir aunque lo estés pidiendo a gritos porque estás desesperado por el dolor y podrido de todos ellos. ¡Al Pepe Rinaldi habría que hacerle un homenaje en vida!

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sábado, 8 de septiembre de 2007

Actualización metodológica

Madame Catherine — ... en nuestra casa valoramos mucho que la gente se anticipe a lo que le van a pedir. Necesitamos que estén muy alertas, que siempre posean una actitud externamente distendida pero que por dentro sean como un resorte dispuesto a saltar con un comedimiento, una atención, un cumplido.

Es preciso que nuestras colaboradoras nunca dejen de pensar en cómo mejorar la rentabilidad de la empresa. Deben buscar y encontrar nuevas formas de mejorar nuestros servicios, en calidad y en cantidad.

Preferimos a las personas creativas, incansables, ambiciosas, que aún en su tiempo de descanso piensan en cómo encontrar maneras inteligentes para fidelizar el stock de clientes. Nuestro objetivo es festejar años tras año una ganancia en crecimiento constante.

El tema de los riesgos también es muy importante. La persona que no corre riesgos no puede trabajar con nosotras. Correr riesgo no significa cometer locuras. Sí significa no apegarse a una rutina mediocre. Es saber evaluar en cada caso si es conveniente arriesgar un poco más o no.

Todas nuestras actitudes y decisiones habrán de inscribirse en el mediano y en el largo plazo. Muchas aspirantes como tú se han tenido que retirar porque vivían pensando en el «día a día», y tomaban decisiones cortoplacistas que son las menos rentables.

Lo que nos ha dado más resultado hasta ahora ha sido estar permanentemente buscando metodologías que nos permitan recuperar rápidamente las pérdidas que pudieran ocurrir por asumir todos los riesgos posibles. Nos especializamos en superar los miedos —que cualquier persona tiene— sabiendo que para cada circunstancia desafortunada contamos con un plan de contingencia que seguramente nos hará disminuir las pérdidas. Igual que las audaces acrobacias que realizan los trapecistas porque cuentan con una red de contención.

Estas son las primeras ideas que deberás incorporar. Te ayudaremos en todo lo posible, pero no esperes que seamos tan tolerantes como lo habrá sido tu mamá. Ahora vas a hablar con Sonia que ya tiene la orden de entregarte una tarjeta de crédito por U$S 5.000.- para que comiences a mejorar tu aspecto personal.

Mademoiselle Jessica — ¿Y cuándo empiezo a coger con los tipos?

Madame Catherine — ¡A ver! Repite conmigo: «¿Cuándo empiezo a entregar mis servicios sexuales a los señores clientes?»

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sábado, 1 de septiembre de 2007

Narcisismo hambreador


— ¿Qué opinión le merece el oficio de vendedor?

— Un vendedor es un muerto de hambre, un ignorante, un charlabarata, un inescrupuloso que lo único que hace es embaucar a la gente, estafarla, engañarla.

— ¿Algún otro mérito?

— Ya que me lo pide: son una porquería humana.

— Mi papá era un vendedor...

— ¡Ay, discúlpeme! ¡No lo sabía!

— No se haga problema, está bien. Lo que quería decirle es que él era una persona muy locuaz, nunca hizo dinero suficiente como para solventar su vejez, era un gran lector —pero de novelas de cowboy—, ofrecía las cosas con el perfil más favorable sin informar sobre sus defectos o inconvenientes. No sé si tenía algún amigo o sólo sabía tener clientes.

— Con todo el respeto que se merece su papá, usted no lo pinta con una personalidad muy agraciada.

— Es verdad, para mí tampoco era un héroe, pero algo tengo que reconocerle: no era tan arrogante como para creer que la gente lo aceptaría por su linda cara. Él estaba convencido que para ganarse el sustento tenía que convencer a los demás de que sus artículos eran comprables. Sabía que nada ni nadie es reconocido si no se ofrece con sus mejores características. Pamela Anderson tiene publicidad, Coca-Cola tiene publicidad, la madre Teresa de Calcuta tuvo publicidad, Freud, Lacan, Melanie Klein,...

sábado, 25 de agosto de 2007

Rodrigo: ¡Estás nominado!

— Mi hijo se porta mal doctor.

— ¿Qué tendría que hacer su hijo para que usted dijera que «se porta bien»?

—… y, no sé, hacerme caso.

— ¿Comer lo mismo que usted come? ¿Vestirse como usted se viste? ¿Pensar lo que usted piensa? ¿Divertirse con lo que usted se divierte? ... ¿Usted se divierte?

— Lo que quiero es que no sea tan rebelde. Quiero que colabore un poquito conmigo. Quiero que no me dé tanto trabajo. Que piense un poco en que estoy sola para todo.

— ¿Le gustaría también que no crezca? ¿Que el tiempo se detenga? ¿Que él no se desarrolle porque eso sucede a medida que usted envejece?

— Doctor ¿usted no estará mezclando las cosas?

— Es probable...
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sábado, 18 de agosto de 2007

El felpudo antibalas

Yo estaba con una amante —la casada— en un lugar que podría ser un patio con árboles y teníamos que entrar a una especie de corredor que, por lo ancho, parecía ser el de un liceo.

Alguien nos advirtió que adentro había un hombre que nos quería atacar. Ella me dijo algo así como «entonces no entramos» y yo le dije algo así como «nos cubrimos con esto».

«Esto» era un pequeño felpudo de moquete color amarillo, con un borde blanco de hilo tejido. Para mí que es uno que está en la casa de mi suegra y que lo compró porque era barato y se lo pusieron dentro de la casilla de la perra.

Entramos, ella pegada detrás de mí y yo protegiéndome con el felpudo amarillo. Enseguida vimos al hombre que estaba sentado en un cajón de cerveza, con los codos apoyados confortablemente en sus muslos y sosteniendo con ambas manos un enorme revólver con el que inmediatamente nos apuntó. Yo puse el felpudo bien cerquita del cañón y empecé a rodearlo porque nosotros íbamos para un lugar que quedaba detrás de él.

El hombre era un funcionario que trabajó conmigo cuando estuve en la aduana antes de que me llevaran preso. El revólver era uno que antes de dormirme habían mostrado en una documental, en la que explicaban que la mayoría de los grandes pistoleros del lejano oeste eran prácticamente sordos por el ruido que hacían estas armas. Recuerdo que pensé cuántas personas habrían muerto injustamente porque el matón había entendido mal.

Cuando llegamos a la puerta del salón al cual nos dirigíamos —siempre retrocediendo y protegiéndome con el felpudo—, entramos con un último salto, muy velozmente. Alguien dijo ahí cuál era el motivo por el que este sujeto estaba ahí amenazando a todo el mundo y yo dije «¡ah no! eso yo no se lo permito a nadie» —este tipo de estupideces también suelo hacerlas despierto— y salí a su encuentro, pero ahora sin el felpudo.

Apenas había dado un par de pasos hacia el hombre, sentí el estampido y algo que me golpeaba en la base del cuello. Este sueño ya se había convertido en una pesadilla. Fue ahí que dije «¡la quedé!» y empecé a trastabillar. En ese momento me desperté.

Medio dormido sentí un ¡ooohhh!, gritos ahogados, sillas moviéndose agitadamente y cuando abrí los ojos me di cuenta inmediatamente que ¡me estaban velando!

Mi mujer, mi suegra y mis dos cuñadas se apretujaban ante la puerta queriendo salir de la habitación y un jovencito que no conozco, con cara de espanto me preguntó: — ¿Te-te-tenés hora?

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sábado, 11 de agosto de 2007

Fecundación anticonceptiva

Mariana es una señora que aún está en edad de concebir y que tiene una noción flotante sobre cuáles son los límites que pretenden imponerle la ley, las normas, la ética.

Ella me mira frontalmente cuando me paga la consulta y se va sin saludar porque sabe que su cuerpo da salud a quienes la observen.

Llegó a mi consultorio porque así se lo sugirió una paciente que meses atrás interrumpió el análisis que hacíamos, dando un portazo ensordecedor.

La cabeza de un analista debe estar totalmente abierta y eso me trae problemas porque soy colonizado por fantasías perturbadoras, a tal punto que se pelean entre ellas. He pensado que Mariana podría ser la reencarnación de algún alto mando nazi.

Su marido —unos meses menor pero igualmente dominante según lo que ella cuenta— heredó la clientela y el talento de un conocido corredor de bolsa. Me lo imagino jugando al golf mientras piensa qué títulos comprar o qué acciones vender.

Este señor no quería fecundar a su esposa y ella estaba muy frustrada, que en este caso es lo mismo que decir que estaba furiosa, al borde del descontrol.

Luego de que una noche de verano la sedujera hasta la desesperación pero que la penetrara usando un preservativo, ella simuló tener un orgasmo y se fue a buscar un poco de serenidad caminando por la playa, aprovechando la luz de la luna y la brisa tropical.

Llamaron su atención unas sobras que se agitaban detrás de un pequeño médano y detuvo su marcha. Se tranquilizó cuando se dio cuenta que se trataba de una parejita que fornicaba en condiciones poco menos que ideales.

Cuando detectaron su presencia, se fueron tomados de la mano.

Por un impulso que Mariana no puede explicar, se sintió llevada hasta el lugar donde estuvieron los jóvenes, mojó sus dedos en el tibio semen del preservativo abandonado y se lo introdujo varias veces en la vagina.

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Nota: Aparentemente ella modificó su estrategia frente al marido a partir de esta experiencia y logró que aquel señor tan renuente a fecundarla, abandonara de un día para otro sus prácticas anticonceptivas. Mariana no sabe quién es el padre de su hija y se divierte imaginando que pasaría si su marido fuera estéril.

sábado, 4 de agosto de 2007

Mascota

Tengo veintidós años y desde los diecinueve que estoy juntando direcciones de correo electrónico de varones que vivan lejos de mi Rusia natal.

Mi abuelo llegó a Moscú huyendo del franquismo y acá fundó esta familia en la que sólo yo quise aprender su fascinante idioma español.

Estoy harta pero sólo lo saben quienes chatean conmigo. Mis padres y mis hermanos suponen que soy la rara de la familia y en el colegio me decían «la venusina» porque me enamoro muy fácilmente y hasta las últimas consecuencias.

Hace tres años que empecé a trabajar y llevo una vida miserable porque no paro de ahorrar dinero.

También en secreto estoy haciendo los trámites para poder viajar. Hace tres años creí en un precioso peruano que después de prometerme que me enviaría lo necesario para que nos casáramos en su país, me confesó que sólo era una broma. A partir de entonces trabajo y ahorro desesperadamente.

Sólo quiero ser una cosa más de alguien que me dé el lugar que ahora comprendo que merezco. Seré un perro obediente del amo que me tome. Cuando alguno de ustedes conteste este mensaje porque quiere que yo sea su esclava, iré por mis propios medios hasta el lugar de donde me llame.

Estoy segura de que alguno querrá tenerme como su mascota canina, totalmente obediente, sumisa, trabajadora, ahorrativa y venusina... muy venusina.

De lo que fui, ya no me importa nada. No me interesan ni mis padres, ni mis hermanos, ni mis amigos, ni mis dos o tres hijos.

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lunes, 30 de julio de 2007

El psicoanálisis es un administrador (Publicidad filosófica)

La vida es un fenómeno químico consistente en rectificar desequilibrios durante un cierto tiempo, finalizado el cual hablamos de muerte. La muerte es la pérdida de aquel dinamismo. La falta de vida permite el retorno de los componentes corporales a su estado primario (calcio, agua, etc.)

El ser humano percibe el desequilibrio esencial (imprescindible) con un sentimiento de angustia. El malestar que ésta le provoca lo lleva a realizar actos necesarios para el restablecimiento del equilibrio. Una vez logrado éste, comienza la gestación de un nuevo desequilibrio, sin el cual el fenómeno vida desaparece.

El sentimiento de angustia se aplaca sólo circunstancialmente, así como un objeto que es lanzado hacia arriba llega a un punto en el que está completamente quieto, a partir del cual retoma el movimiento hacia abajo. La ausencia de angustia se corresponde con ese instante de quietud del objeto lanzado.

El monto de angustia suele verse aumentado innecesariamente cuando el sujeto procura evitarla. Esto recuerda a quien no sabe nadar y desconoce que el cuerpo humano flota: cuando comienza a realizar movimientos bruscos motivado por la desesperación, suele nadar hacia el fondo y ahogarse. Cuando ese cuerpo recobra la quietud con la muerte, vuelve a la superficie.

¿Por qué procuramos evitar la angustia? Como dije más arriba la angustia es la sensación subjetiva de los intentos que hace la vida por rectificar los reiterados desequilibrios gracias a los cuales puede continuar. Imaginemos que un velero tuviera sistema nervioso y que tuviera sensaciones orgánicas cuando el viento presiona sobre la vela, esta tira del palo mayor que está unido al casco, el cual se mueve a pesar de la resistencia que le hace el agua. Si nos ponemos en el lugar del velero, nos damos cuenta cuán cansadora es su tarea.

La angustia es una molestia (el viento) gracias a la cual podemos seguir vivos (navegar). Tanto el ser humano como el velero, cuando tiene que soportar demasiada angustia (huracán), puede perecer (naufragio).

El psicoanálisis logra que el analizante disponga de la angustia necesaria: ni de más, ni de menos. Quien tiene angustia de menos corre tanto riesgo de perecer como quien tiene angustia de más. El psicoanálisis es un arte científico que ubica el monto de angustia en su justo nivel. Mejor que con el psicoanálisis no es posible vivir. Es el administrador perfecto de ese sentimiento esencial para la vida.

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sábado, 21 de julio de 2007

¿Lo mato ahora o espero un poco?

A — … si, lo que te convendría sería esperar la oportunidad más adecuada para hacerle el planteo.

B — Mirá, a las cosas no hay que darles tanta vuelta. Si el problema aparece ahora, yo se lo planteo ahora. ¿Qué voy a estar esperando?

A — ¿Pero vos qué querés: desahogarte o solucionar el problema?

B — ¡Quiero desahogarme solucionando el problema!

A — Vayamos por partes. ¿Estás de acuerdo conmigo que la molestia la tenés ahora y que querés desahogarte ahora?

B — ¡Sí, por supuesto, ya quiero cantarle cuatro verdades a ese señor!

A — ¿No te preocupa para nada que eso empeore las cosas?

B — ¿Vos de parte de quién estás? ¿Lo estás defendiendo? ¿Pretendés que lo deje tranquilo con lo que me está haciendo?

A — Lo que quiero que me entiendas es que no siempre coinciden en el tiempo el desahogo y la solución de un problema. Si lo que querés es sacarte la bronca, dejate llevar por el impulso y decile todo lo que se te ocurra, pero seguro que la relación se va a estropear y que el problema que te molesta no se resolverá.

B — ¿Qué proponés entonces?

A — Te sugiero que busques cómo solucionar lo que te molesta aunque tengas que postergar el alivio de tu disgusto. Así tendrás una ganancia mayor a mediano y largo plazo.

B — ¿Me estás pidiendo que sea hipócrita?

A — Te estoy invitando a que seas racional.

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sábado, 14 de julio de 2007

Vdo obelisco de granito, bien ubic

« ¡Te prometo fidelidad eterna!» me susurró Facundo cuando mi padre me dejó junto a él frente al altar de Las Carmelitas.

Adoro ese momento. Los flashes, el sacerdote con sus mejores arreos, los invitados bellamente vestidos, flores, luces, la grandiosa intimidad de la iglesia donde se casaron mis mejores amigas.

« ¡Te prometo fidelidad eterna!» sigue resonando en mi cabeza cual efecto especial de una película de penúltima categoría.

Dejemos de lado lo de «eterna» que fue una exageración tan flagrante que cualquiera la perdonaría. En realidad todos los allí presentes estábamos exagerando algo. Pero lo de fidelidad. ¿Cómo pude creer semejante barbaridad?

Hacía treinta y dos días que habíamos terminado de resolver un litigio que nos tuvo discutiendo durante ciento sesenta y ocho días. Bibí, esa maldita compañera de trabajo que no se conformó con que le presentara a mi novio sino que quiso conocerlo un poco más y el muy estúpido se creyó que Montevideo es una ciudad tan grande como San Pablo. ¡Acá todo se sabe! Bueno, me corrijo, mi cuñada todo lo sabe.

¿Sabe por qué puse como título «Vendo obelisco...»? Porque recién ahora estoy madura como para darme cuenta que nadie puede vender lo que no le pertenece y lo que no nos pertenece es el deseo. Este demonio que tiene un asentamiento en nuestra alma, es el único propietario de hecho y de derecho sobre lo que nosotros hacemos, no hacemos o deshacemos.

Recién ahora, después de vieja, logro entender que Facundo me prometió algo que él creía que podía prometer, así como alguien puede intentar vender aquello que cree que le pertenece. Fue un error casi jurídico: él se creyó que era dueño de su deseo y ahora me doy cuenta de que muchos creen lo mismo y actúan en esa suposición. Igual que alguien que quisiera vender el obelisco de buena fe.

Después de todo, no era un mal tipo. ¿Cómo se llevará con Bibí?

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Sinagoga S.A.

El siguiente relato encubre la intención de señalar la diferencia que existe entre quienes creen que deben recibir dinero de la sociedad porque son psicólogos y los que, por el contrario, asumen que para recibir dinero deben entregar un servicio tan verdadero como aquel dinero.

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Los neuróticos nos angustiamos pensando que el mundo está equivocado y no nos comprende. Estamos convencidos de que poseemos la verdad pero no nos creen. Esta existencia a contrapelo es dolorosa, llena de sinsabores y nos impone el sacrificio de tener que luchar para vivir.

Una de las principales discrepancia que sostenemos con este inhóspito entorno es que no nos valoran por lo que somos sino por lo que tenemos.

Por lo menos a mí, el paraíso se me terminó cuando mamá comenzó a tener otras ocupaciones, a prestarle más atención a mi papá, a mis hermanos, a su trabajo, a sus comedias. Ella no sólo me abandonó ostensiblemente sino que se volvió agresiva al extremo, pidiéndome primero, exigiéndome después y finalmente coaccionándome para que modificara mis hábitos, para que aprendiera destrezas que la independizaran a ella de la ayuda que hasta ese entonces me daba de muy buen grado.

¿Qué la llevó a perder el interés por mí? ¿Por qué ya no me quiere porque soy su hijo sino que me quiere porque tengo buena conducta y obtengo buenas notas en la escuela?

Alguna vez fui valioso sólo por existir ( por “ser”) pero ahora me valoran por lo que pueda dar. ¡He caído dolorosamente y tengo nostalgia de aquella etapa! Es más: reniego de esta nueva realidad e insisto en que valgo por lo que soy y no por lo que tengo y puedo dar.

El otro día escuché en un programa de chimentos de la televisión argentina, cómo una vedette decía, —con total desparpajo—, que ella sólo se vinculaba con hombres adinerados que estuvieran dispuestos a ofrecerle un buen nivel de vida. Sentí vergüenza ajena por ella y lástima ajena por los pobres incautos que se dejaran seducir por alguien tan materialista.

Con estas preocupaciones en mi cabeza, fui a charlar con mi rabino de confianza, quien me escuchó con mucha atención.

Comenzó mirándome a los ojos. Cuando captó que había terminado de desarrollar mi pregunta, siguió en la misma posición pero su mirada ya convergía en algún lugar lejano detrás de mí.

Amagó una respuesta, ... pero no. Repentinamente arrancó, hablando bajito, lentamente, balbuceando quizá.

— Mirá Jaimito, me estás haciendo preguntas que no son propias de tu edad. Se me ocurren algunas ideas pero no sé cómo decírtelas para que sean comprensibles y puedas seguir confiando en mí. ¿Por dónde empiezo? A ver ... intentemos por acá: Esa vedette fue muy sincera y quizá eso es lo más sorprendente. Todos intentamos reeditar aquella etapa en la que pudimos pensar que nos amaban por el solo hecho de existir y también todos lamentamos que aquella etapa no vuelva nunca más.

¿De qué vivimos mi familia y yo? Vivimos fundamentalmente de lo que ustedes nos dan, pero ¿por qué nos dan lo que nos dan? Porque las necesidades espirituales son tan importantes como las necesidades materiales y saben que yo vivo trabajando permanentemente para no fallarles nunca, para estar siempre en el momento que me necesitan, para estar al día con mis conocimientos de las Sagradas Escrituras y de cuanta solución exista que algún día pueda sacarlos de una dificultad. Ustedes no me dan dinero real a cambio de palabras huecas, sino que todos cuentan conmigo para recibir soluciones tangibles en el momento oportuno: ni antes —porque no es bueno para ustedes que alguien les esté augurando peligros—, ni después —porque cuando me consultan necesitan la solución enseguida. También saben que el dinero efectivo, real, verdaderamente útil que ustedes me entregan tiene que ser a cambio de mi trabajo efectivo, real y verdaderamente útil que yo habré de entregarles.

No estoy aquí porque ser un hombre que merece amor graciosamente, sino que soy un religioso que trabaja incansablemente para ganarse minuto a minuto el amor y el respeto de todos mis hijos espirituales. Pero a mi no me quieren por lo que soy sino que me quieren por lo que doy, y para poder dar, primero tengo que conseguir, trabajar, luchar, pelear por la vida.

Me cuesta confesártelo pero te debo respeto, consideración y esfuerzo. Esa vedette vende su glamour así como yo vendo mis conocimientos y una conducta ejemplar para todos ustedes.

— ¡Es mucha información Jacobo! Dame tiempo para digerir todo eso.

— ¿Le digo a Rebeca que te prepare un tecito de boldo, marcela, menta, manzanilla, mixto?

— No, no, era una metáfora.

— Entendí. Era una bromita para distendernos.

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sábado, 7 de julio de 2007

Incidente con un matón

El otro día cuando fui a votar al sindicato, mirá lo que me pasó. Cuando voy a salir por la única puerta disponible, me la encuentro bloqueada por una cantidad de niñas de ocho o nueve años.

Estaban enloquecidas con un tipo que hacía de mago y que tenía todas las características físicas y faciales de un patovica o matón. Y yo, atrás de él, preguntándome cómo hacía para salir, y el tipo haciendo desaparecer una moneda que antes había mostrado en su mano talle 44.

Las chiquilinas estaban enardecidas con el matón y le pedían a gritos para soplar su puño y así participar en la desaparición prometida.

El truco iba para largo y yo ahí, aguantando la vela, mirando todo aquello sin atinar a nada.

Cuando ya habrían soplado prácticamente todas las niñas, el patovica empieza a generar expectativa con el clásico «A la una,... a las dossss», y ahí no aguanté más y le llamé la atención tocándolo un par de veces con el índice en su hombro (¡casi tuve que ponerme en puntas de pies!).

El matón se dio vuelta medio confundido —se ve que nunca tuvo en cuenta que el mundo existía a sus espaldas— y antes de que él me dijera nada, le digo con voz clara y firme: «Perdón ¿los de acá atrás no soplamos?».

¿Te das cuenta? ¡El muy boludo pensaba dejarme sin soplar!

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domingo, 24 de junio de 2007

Recalentamiento global

Para quienes desean encontrar la explicación profunda de las cosas, les ofrezco un razonamiento incuestionable.

Premisa 1. El ser humano es el único que estropea el medio ambiente. El resto de las especies no lo hace. Este comportamiento habla muy mal de su inteligencia.

Premisa 2. Es por todos conocido que las parejas incestuosas tienen hijos tarados.

Premisa 3. Cuando nos remitimos al «documento de los documentos» (la Biblia), constatamos que Dios creó a Adán y Eva. Esta pareja (de origen divino) tuvo hijos que luego se fecundaron entre sí (es decir, entre hermanos).

Conclusión: Si juntamos todo, llegamos a la explicación que les prometí: el ser humano es tarado porque tiene un origen incestuoso.

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Nota casi importante: Todos los textos de este blog son escritos por mi (Fernando Mieres), pero son pensados y redactados por personajes ficticios que no saben utilizar la computadora. Muchas veces me siento tentado a discutir con ellos, pero finalmente me pregunto: "¿y quién soy yo para poner en duda la verdad de alguien?"

sábado, 16 de junio de 2007

Duelo de brujos

Médico — ¡Pero licenciado, hace seis años que no se hace un control médico! ¡Cómo puede ser ese descuido!

Psicoanalista — Y usted doctor ¿cuántos años hace que no consulta a un psicoanalista?

Médico — Eso no tiene nada que ver. La medicina preventiva salva muchas vidas. Del psicoanálisis no podemos decir lo mismo.

Psicoanalista — Le termino el pensamiento: la medicina preventiva salva muchas vidas propias; el psicoanálisis preventivo salva muchas vidas propias y ajenas.

Médico — Ustedes los psicólogos son hábiles con las palabras y si discuto con usted voy en desventaja. Ustedes descienden de los sofistas y nosotros de Hipócrates. Genéticamente tenemos diferentes dotaciones.

Psicoanalista — Los médicos regañan a sus pacientes igual que un propietario rezonga a su inquilino porque no cuida bien su casa. ¿De quién es mi cuerpo? ¿mío?, ¿suyo?, ¿del gobierno?

Médico — El cuerpo es suyo licenciado, pero la medicina lo asesora para que después no pretenda que nosotros hagamos milagros recuperando una salud que usted perdió negligentemente. Una compañía de seguros no lo indemniza si le roban porque usted dejó su casa abierta.

Psicoanalista — Ahí está su confusión. Si compara a la medicina con una compañía de seguros, está dando por sentado que son capaces de asegurar algo cuando en realidad un acierto terapéutico en la mitad de los casos tratados es todo un éxito. Igual que con el psicoanálisis. ¿Se da cuenta que tenemos más semejanzas que diferencias?

Médico — Reitero: usted es un «hábil declarante».

Psicoanalista — Como usted quiera doctor, pero tengo un dolor acá: asesóreme por favor, así puedo decidir cómo lo soluciono.

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sábado, 9 de junio de 2007

Pardaflorismo (1) crónico

Amelia — ¡Pero me vas a decir que nunca te vinieron ganas de matarla de un sillazo!

Camelia — Ahora que lo decís con todas las letras, creo que sí y que no me había animado a reconocerlo. Mi hija sabe cultivar mi odio con un talento portentoso.

Amelia — ¡Ahí está! ¡Ahí está! ¡Desahoguémonos, por favor! ¡No podemos soportar la guerra que nos hacen estas desgraciadas y encima tener que disimular la bronca porque queda mal perder la paciencia con una bebita!

Camelia — A mi me hace bien compartir los sentimientos de culpa que me atacan cuando me siento una madre desnaturalizada. Después retomo el suplicio con más resignación.

Amelia — Cuando yo podía pagar una terapia, la psicóloga me escuchaba y no me decía nada. Para mí que ella tampoco se sentía autorizada a confesar sus siniestros deseos de acogotar a su hijo.

Camelia — Mi padre —que igual se te pone a filosofar sobre la sombra que proyecta una cucaracha—, me dice que la vida tiene dos motores: uno que te empuja (el dolor) y otro que te atrae (el placer).

Amelia — Si tu padre tuviera razón, entonces esta mocosa es como un surtidor de nafta porque, así como te digo una cosa también te digo la otra. A veces se me erizan los pelos de la nuca cuando recuerdo que llegamos hasta la misma puerta del abortero y, sin saber por qué, con Miguel nos dimos vuelta. Todavía hoy nos preguntamos qué fue lo que nos provocó esa decisión sin palabras.

Camelia — Mi madre siempre cuenta que su hermana era fanática de los ravioles de ricota, pero mi abuela se volvía loca porque la niña se los comía a toda velocidad, pero siempre, siempre, dejaba dos sin comer. ¿Podés creer?

Amelia — Ahí está, ¿ves? Algo que todavía no me explico es porqué mis padres siempre quisieron más a mi hermana. Yo me mataba por no contrariarlos jamás en nada y la otra les hacía la vida imposible, le vivían gritando, rezongando, pero cuando yo cometía algún error, me ponían en penitencia. Para los cumpleaños y los Reyes Magos, a ella le hacían regalos más lindos que a mí. No sé, no entiendo nada.

Camelia — A veces pienso que hay gente que tiene la virtud de hacer calentar a todo el mundo, pero la quieren porque cuando sentís el enojo te das cuenta de que estás viva.

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(1) El término pardaflorismo surge del dicho popular «Es como la Parda Flora: Cuando se la ponen, grita y cuando se la sacan, llora»; en otras palabras, a quien padece pardaflorismo, nada le viene bien.

sábado, 2 de junio de 2007

El hijo de la modelo

Zulma (muy nerviosa) — Por favor Zulema, escuchame lo que te voy a decir porque es terrible lo que acaba de pasarme. ¡Mi hijo Zacarías intentó violarme! Viste que él tiene pasión por la fotografía y la filmación. Yo siempre lo aliento para que persevere con su vocación, que estudie, que practique, que se vincule con gente que algún día pueda comprar su trabajo. El hecho es que muchas veces me ha pedido que yo fuera su modelo y, por supuesto, que me he prestado gustosa porque una por un hijo hace lo que sea, ... bueno, en este caso reconozco que no ha sido un sacrificio porque a mí me gusta mucho que me fotografíen y que me filmen. Desde que empezó con esta vocación, muchas veces me lo ha pedido y yo gustosamente, dejo todo lo que tenga para hacer y hago lo que él me pide. Las modelos tienen que soportar la tiranía de los fotógrafos. Una se cree que ellas lo pasan muy bien pero hay que reconocer que tiene que aguantar gritos, frío, cansancio, lugares agrestes, desnudeces. El dinero que cobran, te puedo asegurar que se lo ganan. Como te decía, hoy me pidió que posara para él aprovechando el sol que había en el fondo de casa. Ahí realizó una cantidad de tomas y luego me dijo que quería terminar la sesión de fotos sobre la cama que conservo de cuando estaba casada. Me pidió que mentalizara una situación erótica y que encarara a la cámara con gestos seductores. También accedí a quitarme algo de ropa y en determinado momento se puso como loco, se me tiró encima, me arrancó el soutien, me empezó a besar en el cuello y yo desesperada a tratar de sacármelo de encima. No quise gritar por los vecinos pero te juro que no sé de dónde surgían mis fuerzas. Quizá de mi desesperación. Intentaba sacarme la tanga y yo le agarraba las manos para evitarlo. Nunca me lo imaginé así a Zacarías, que siempre fue un niño obediente, educado, respetuoso. ¡Era un monstruo Zulema! No te imaginás lo espantoso que fue todo. Al final, como no pudo penetrarme, se ve que reaccionó, se subió el cierre del pantalón, y se fue dando un portazo. Yo quedé ahí, exhausta, tirada en la cama, llorando, sin saber qué hacer. ¿Te das cuenta que espanto?

Zulema (enojada) — ¿Pero qué te pasa Zulma? ¿Pensás que me voy a creer esa historia erótica? ¡Nadie que haya pasado por un trance así, habla con tanta claridad y organización discursiva como lo acabás de hacer! ¿Por qué hacés todo esto?

Zulma (sollozando) — Estoy loca, Zulema. Tenés razón: esta historia es inventada. Quería excitarte porque hace dos meses que no puedo sacarte de mi cabeza.

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sábado, 26 de mayo de 2007

¡Pura suerte!

A — ¿… y cómo hiciste para vender ese apartamento en tan buen precio?

B — Como todo en la vida, tenés que tener un poco de suerte y además pensarla, dedicarle mucho tiempo a buscar al candidato, saber mucho de él, estudiar cómo presentarle el negocio. Es un manojo de cosas que juegan todas juntas. Algunas están bajo tu control y otras no. A la suerte no la controla nadie.

A — Pero de todos modos, ese apartamento me lo habías comprado a mí en la mitad de precio y yo estuve muy feliz de haberlo vendido. Cuatro meses después vos también lo vendiste pero cobrándolo muchísimo más. ¿Te das cuenta por qué no salgo de mi asombro?

B — Ahí hay un primer punto de diferencia. Lo que sucedió en realidad es que vos no me vendiste el apartamento sino que yo te lo compré. Un día te vi que lo estabas pintando, te propuse comprártelo y vos dijiste que sí en seguida. Capaz que si te hubiera ofrecido un precio menor, igual te servía.

A — Es que yo no estoy para los negocios. Esa propiedad la recibí de mi familia cuando murió mi padre y realmente no sabía mucho qué hacer con ella. Vos me hiciste un favor enorme porque te juro que no soporto a los insectos de las inmobiliarias, a los aburridos que te llaman para preguntarte estupideces, a los desgraciados que te lo critican para desquitarse con alguien de lo mal que les va en la vida.

B — Ese es otro punto de diferencia que tenemos. Vos no te habías matado por comprarlo; lo habías recibido de herencia. Fue otro quien se sacrificó para adquirirlo. Cualquier precio te daba lo mismo porque no tenés noción de lo que cuesta ahorrar dólar sobre dólar para llegar a tener una vivienda propia. Yo sí que las pasé y te juro que recuerdo con nitidez alucinada cada privación que tuvimos que hacer con mi mujer para llegar a comprarnos el primer apartamentito de un dormitorio, bastante oscuro y húmedo. Te aseguro que eso no quiero volver a pasarlo nunca más. Es como los pueblos que han padecido muchas vicisitudes con guerras, hambrunas, epidemias o desastres naturales.

A — Si, es cierto. En Uruguay tenemos escasez de problemas. Viste que las dificultades te aclaran todo: o te fortalecen o te matan,... pero ¡qué bien que vendiste mi apartamento! No salgo de mi asombro.

B — Juntando todo lo que me decís, creo que tuve la suerte de tener muchas desgracias, la suerte de que éstas no me mataran y la suerte de que me fortalecieran. ¡Pura suerte!

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sábado, 19 de mayo de 2007

¡Basta!

Dentro de veintitrés minutos dejará de existir mi cuarta década. Dentro de unos minutos cumplo cincuenta años. Mis primeros cincuenta años como dicen los chistosos imbéciles que no se dan cuenta de que son imbéciles porque también son tarados.

Mi mujer, rectifico, la mujer que está casada conmigo —porque mía ya me aclaró anteayer que no es. «Yo soy mía y de nadie más ¿te quedó claro?» —dijo la petisa con cara de monumento ecuestre—. Retomo: la señora esa que está casada conmigo se fue a festejar el aniversario de casado de su hermano, que está casado con la yegua de su cuñada —siempre según ella, aclaro, porque para mí Betty es tan yegua como la señora que está casada conmigo—.

Vuelvo a retomar: como me encuentro felizmente solo —e infelizmente casado— y estoy en la cuenta regresiva para que se agote la cuarta década, estoy fumándome un porro que le compré a un degenerado que es amigo de mi hijo — ¿mi hijo? Este «mi» ya me está sonando transgresor. ¡Qué sugestionable que soy!—.

Parece mentira que recién a los cincuenta años yo venga a probar la marihuana. ¡Si seré castrado! ¿Cuánto he ganado con esta actitud sumisa? ¿Cuánto he dejado de perder?

No tiene un sabor especial. Hace diecinueve años que abandoné el cigarrillo —también por cobarde, porque los mismos que critican las carnes rojas, el alcohol, los rayos ultravioleta, la piel de pollo, la sacarina, el microondas y los mondadientes de eucalipto, fueron los que me convencieron de que podía aumentar la cantidad de años de vida disminuyendo proporcionalmente la calidad de vida. ¿Y qué hizo este triste empleado vitalicio ante esas amenazas? ... ¡Por supuesto! Se achicó, se contrajo, se arrugó.

Como decía, al tragar el humo no siento nada, excepto culpa, porque este consumo está asociado culturalmente al placer y todo lo que sea disfrutar es malo, es pecado, está prohibido, hace daño. Lo único bueno es sufrir, cumplir, obedecer, claudicar, tener erecciones «a pedido de la parte interesada y al solo efecto de... ».

Pero algo me dice que esto no va más. Me están viniendo ganas de mandar a todos a la mierda. Pueden irse todos juntos o separados, eso no me importa, pero lo que sí quiero es pensar con mi cabeza, pelear por mi deseo, luchar por mis ideas, defender mis convicciones, sudar en mi beneficio, protestar cuando me perjudiquen, gritar para que me oigan, ceder sólo por causas debidamente fundamentadas, serle fiel a mis anhelos, apoyar a quienes yo quiera y no a quienes otros me digan que tengo que ayudar.

¡Tanta alharaca con esto de la marihuana: ya terminé el porro y no siento nada!

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sábado, 12 de mayo de 2007

Perro que ladra, no muerTe

A Beatriz Palermo Roccatagliata sólo la atendí un martes y un jueves. La recuerdo de buena presencia, el rostro inexpresivo pero con un cuerpo muy sugerente.

Su vestimenta era escueta y consistía en un vestido totalmente abotonado al frente, largo hasta las rodillas, de una tela que se adhería a sus intocables redondeces. Entre esta adherencia y la exhibición aleatoria que surgía entre botón y botón, podría haber sido una histérica famosa si no fuera porque estaba dotada de una obsesión casi completa. «De libro», como le llamamos en la profesión a todo cuadro clínico que se parece demasiado a los casos que se hicieron famosos.

Su discurso monocorde iba y venía, con un único punto constante: su mamá. La señora Roccatagliata más que concebirla y gestarla parece que la diseñó y la bordó sobre su propia anatomía, como si la hija fuera un tatuaje en relieve. Así de refinada era la sincronía que Beatriz mantenía con los deseos y necesidades de su «mami», como acostumbraba aludirla.

La personalidad de Beatriz se parecía a un búnker de gruesas e impenetrables paredes, que también podría haber sido usado para guardar desechos radiactivos. De esos que los países que procesan energía atómica nunca saben dónde tirarlos y que finalmente los dejan a escondidas en los países más debilitados por la corrupción, abonando un pequeño soborno a los funcionarios que hacen la vista gorda.

Algo muy importante en la tarea de un psicólogo es detectar los huecos significativos. Si bien Beatriz utilizaba sus cincuenta minutos hablando fluidamente, con mucha coherencia, hasta con rigor lingüístico, el gran ausente era el tema de la sexualidad. Ella parecía un personaje histórico, de esos que nos describen en la escuela y que tienen una existencia tan prolija que realmente nos hacen sentir a todos unos seres subnormales, promiscuos, incompetentes, cobardes, indolentes e irresponsables. El sistema educativo es el gran proveedor de nuestros consultorios.

Cinco minutos antes de la llegada de Beatriz a lo que debió ser su segundo martes, me llama la mamá para decirme que mi paciente había fallecido en la tarde del domingo. Me quedé mudo. La señora continuó diciéndome que un psiquíatra forense mencionó algo de «suicidio».

— ¿Y cómo fue?— atiné a preguntar.

— Se desvistió a la salida del clásico Peñarol-Nacional. Frente a la puerta de la tribuna Amsterdam.

Fin de Perro que ladra, no muerTe.

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sábado, 5 de mayo de 2007

DEJARDINERO



A Luis nunca le interesó la escuela. Le causó mucho dolor que una mamá-maestra le diera respuestas a preguntas que él no hacía y que después le exigiera demostrar que las había escuchado. Él nunca habría inventado un juego así para divertirse con sus amigos. Esto fue forjándole la convicción de que toda persona muy alta, abusaba de su fuerza para imponerle molestias gratuitamente, sin que él se lo mereciera. En sus largas meditaciones a la hora de la siesta obligatoria, siempre llegaba a la conclusión de que ser poderoso equivale a ser malo y desconsiderado con los más débiles. Los adultos eran malos porque son poderosos y los niños eran buenos porque son débiles. Esta conclusión fue el principio número uno en su sencilla filosofía de vida.

Por el liceo sentía un rechazo alérgico porque los grandes y malvados se le presentaron en patota. Se turnaban para decirle cosas totalmente aburridas y para exigirle retener en su memoria aquella sarta de disparates que a nadie le interesaban. Tenía pesadillas con un grupo de cocineros malhumorados que obligaban a los comensales a comer de su comida sin importarle si éstos tenían hambre o no, sin tener en cuenta que ya habían tenido que comer la comida del cocinero anterior, sin importarles para nada que su comida fuera horriblemente fea de tragar, dura de masticar e indigesta siempre. A veces tenía pesadillas parecidas en las que los cocineros eran reemplazados por violadores.

El castigo que recibió por ser débil fue de doce años. Seis con una sola carcelera y otros seis con muchos verdugos. Logró cumplir la pena y salir a tiempo, por buena conducta. Tenía la suerte de ser resistente a los castigos injustos.

El mismo día en que terminó su calvario, los padres le preguntaron de qué iba a trabajar y el respondió lo que ya sabía: de cualquier cosa que sea con animales o vegetales.

Actualmente sigue cuidando plantas, gramillas, arbustos y huertas, a veces sin cobrar nada, porque los ama tanto como a Romeo, el caballo que tira de su carrito. Nadie puede creer que ya tenga ochenta y seis años y al hospital, sólo va para cortarle el césped.

Título: DEJARDINERO

sábado, 28 de abril de 2007

Si el Pampero la acaricia, la acaricia ... (1)


A — Tengo ganas de acariciarte como el viento acaricia a las dunas.

B — Seguís con el insomnio.

A — Me gustaría acariciarte como la espuma acaricia a las rocas.

B — Es que la nostalgia desvela a cualquiera.

A — Quisiera acariciarte como acariciaba a Sultán y se quedaba quietito, quizá pensando, o recordando él también a sus ancestros cimarrones.

B — Viste que los perros miran en esperanto porque se hacen entender en todos los idiomas.

A — Quisiera acariciarte como me acariciaba mi madre para que me durmiera. Ella siempre me contaba la misma historia de un caminante que, atravesando el bosque de mi pelo enrulado, finalmente llegaba a un lugar muy fresco y ahí se sentaba a comer su merienda y luego se dormía, con muuucho sueño, muuucho sueño, porque estaba muuuy cansado, muuuy cansado...

B — ¿Hace mucho que ella murió?

A — Peor que eso. Hace mucho que ella me olvidó.

B — ………

A — Quisiera acariciarte como me acariciaría ella si pudiera perdonarme.

B — Si crees que no te perdonó, entonces no te olvidó.

A — ………

B — ¿Te dormiste?

A — ………

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(1) Fragmento de «Mi bandera», marcha que tradicionalmente cierra los actos en las escuelas de enseñanza primaria en Uruguay. Autores: Letra : May. Gral. José Ramón Useras; Música: (BM) Nicolás Bonomi

Texto completo para los uruguayos del cyber-espacio.

Mi Bandera

Cual retazo de los cielos, de los cielos
Do jamás se pone el sol, se pone el sol
Es la enseña de mi Patria,
La bandera bicolor.
Si el pampero la acaricia, la acaricia
O la anima el batallar, el batallar
Son canciones de victoria
Las que entona el tremolar
Es muy bella mi bandera, mi bandera
Nada iguala su lucir, su lucir
Y es su sombra la que buscan
Los valientes al morir
No ambiciono otra fortuna, otra fortuna
Ni reclamo más honor, más honor
Que morir por mi bandera
La bandera bicolor.


sábado, 21 de abril de 2007

Críticos eran los de ahora

Cuando el señor crítico de arte se deshace en recomendaciones sobre tal o cual obra, ¿qué está haciendo en realidad?

1) Si alguien le pagó para hablar bien de algo, está obedeciendo los dictados de su patrón, amo o dueño.

2) Si nadie le pagó para hablar bien de algo, está diciendo indirectamente que lo que a él le gusta, es maravillosamente hermoso, es decir, está adjetivando su propio gusto. Está diciendo «todo lo que a mi me gusta es, por ese sólo motivo, maravilloso».

Es muy frecuente escuchar cómo dos personas discuten sobre la legitimidad de sus respectivos puntos de vista. Puede suceder que dos personas gusten más o menos de lo mismo, con lo cual no se están ratificando mutuamente sino que están siendo testigos de una mera coincidencia, como si usaran calzado del mismo talle o tuvieran la misma estatura.

Uno podría preguntarse ¿por qué es tan lindo descalificar los gustos diferentes al propio? ¿Por qué se vuelve opinable algo tan personal? Imagínense que dos personas discutieran acaloradamente sobre la legitimidad de sus respectivas mediciones de azúcar en la sangre:

— ¡Porque la glicemia que yo tengo es mucho mejor que la tuya!

— Callate, ¿qué sabés vos de glicemia si en tu familia no tienen ni un solo diabético como la gente?

¿Suena extraño verdad? Pero sin embargo no lo es tanto, porque realmente discutimos sobre deportes, religiones, política y otros temas tan relacionados con nuestros gustos personales como podrían serlo una comida, o la belleza de una modelo, o la calidad de una cierta marca de automóviles.

Ahora les cuento para qué dije todo esto. La cosa es así: Todos tuvimos deseos de tener relaciones sexuales con nuestros familiares más próximos. La prohibición del incesto nos dio mucha bronca pero no pudimos ni protestar, ni reivindicar, ni luchar para satisfacer nuestro deseo más profundo. Esa prohibición se nos impuso de una manera muy sutil, indirecta, silenciosa, sin explicaciones. A partir de ahí, quedamos luchando neciamente contra cualquier cosa que se oponga a nuestros deseos, gustos, apetencias. Lo que no pudimos discutir sobre el tema concreto que nos interesaba (tener relaciones sexuales con los familiares más cercanos), después lo discutimos con todo lo que se le parezca.

¡Qué manera de perder el tiempo! ¿No? Todo por no explicarles a los niños cuál es el motivo de la prohibición del incesto. Pero claro, ¿usted lo sabe? Por supuesto que no. Ya lo sabrán.

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reflex1@adinet.com.uy

sábado, 14 de abril de 2007

Cuanto peor ¡mejor!

El informativo radial o televisivo está diseñado para que se conozcan la mayor cantidad de malas noticias posible. El mundo que uno ve a través de los informativos está lleno de inconvenientes, tragedias, catástrofes y malos augurios. La fórmula incluye alguna buena noticia al solo efecto de potenciar su credibilidad.

La Intendencia Municipal de Montevideo tuvo la mala idea de propalar en un volante, todas las obras que hizo con el dinero de los contribuyentes. ¡No lo terminé de leer! Me molestó que alguien tan ingenuo como el actual intendente tuviera poder como para realizar lo que siempre se dijo que había que hacer y que nunca se hizo. Ahora mi desgano queda en evidencia. La eficacia municipal me despojó de un pretexto esencial para disimular mi molicie, mi falta de colaboración, mi promiscuidad como contribuyente moroso.

Cada día que pasa estoy más viejo y más lejos de las vacaciones pasadas y de las que vendrán. Excepto los sábados, domingos y feriados, para mí todos son lunes: lunes 1, lunes 2 y así hasta el lunes 5 que es viernes. Pero debo reconocer que como el sábado y domingo no me alcanzan para reponer las pocas energías que suelo tener, entonces el sábado para mí es el lunes -2, el domingo es el lunes -1 y después viene el que todo el mundo llama LUNES.

Si bien me parece una reverenda estupidez hacer fundamentaciones a partir de la etimología de las palabras, como excepción —y sin sentar precedente— yo vivo alunado. O alunesado como sería más correcto decir.

En suma: siempre estoy cansado pero el informativo me reconforta, no solamente porque lo miro reclinado sobre un sillón que me compré exclusivamente para eso, sino porque 60 minutos de malas noticias me permiten justificar que las otras 23 horas del día sienta una abulia radical. Es más, hasta me alegro de estar desganado porque deduzco que soy una persona sensible a los aconteceres de mi entorno y que mi filantropía es el único motivo depresor que tengo.

Si no fuera porque todo está mal, yo estaría bien.

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sábado, 31 de marzo de 2007

Busco socio/a

Mi nombre es Fernando Mieres y soy propietario-fundador, gerente, mensajero y telefonista de FUM SRL (Fábrica Uruguaya de Mitos – Sociedad de Responsabilidad Limitada).

Mi producción principal apunta a crear verdades a priori, esto es, elaborar hipótesis organizadas de tal forma que puedan insertarse armónicamente en la ideología de mi gremio (psicólogos) o de mis conciudadanos regionales (rioplatenses).

El relatar es una capacidad que tengo desde pequeño y que me ha acarreado muchas satisfacciones y disgustos. La diferencia entre unas y otras pasa fundamentalmente porque los mitos que se alinean con lo que mi auditorio quiere escuchar, produce grandes muestras de amor hacia mí, mientras que los impopulares me acarrean agresiones de todo tipo, sin importar cuán coherentes o fundamentados estén.

En este momento, por ejemplo, me pregunto si no será que todo el idioma está creado a partir de la angustia que provoca el deseo sexual o, más genéricamente, el instinto de conservación de la especie. Si así fuera, cualquier expresión [hablada, escrita, dibujada, bailada, etc.] podría remitir —a la corta o a la larga— a lo sexual.

Seleccionen un fragmento de un texto (la biblia, cualquier himno, una escritura de hipoteca, ¡el que quieran!) y procuren leerlo con «doble intención» y verán que pueden. ¿Saben por qué? Porque la función comunicativa surge directamente del instinto de conservación.

La parte medular de mi hipótesis es que el habla [o más genéricamente, la función simbólica] se desarrolló en nuestra especie porque nuestro período de celo es permanente. Por eso es preciso simbolizar (hablar en lugar de actuar) para que no se produzcan estallidos demográficos que terminarían conspirando contra la conservación de la especie.

La sabiduría popular dice elípticamente: «Perro que ladra no muerde», en vez de decir directamente que «Ser humano que simboliza, no se reproduce».

En el Cerrito de la Victoria, al tipo que es puro bla-bla-blá en los temas del amor le decimos «franela», porque sirve para sacar el polvo pero no para ponerlo.

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sábado, 24 de marzo de 2007

Dejámelo pensar

— Mamá, quiero casarme contigo. ¿Estás muy ocupada ahora que no está papá?

— Bueno, mirá, en realidad estoy un poco ocupada pero creo que no me voy a casar contigo.

— Vos me decís siempre que me querés mucho y yo también te quiero mucho, por eso me quiero casar con vos.

— Ya estoy casada con tu papá y no quiero estar casada con más personas.

— ¿Por qué no querés estar casada con más gente? Yo no te voy a dar el trabajo que te da papá, con eso de la comida, la ropa limpia y de cuidar a la abuela.

— A mi me da mucha alegría que quieras casarte conmigo porque a todas las mujeres nos gusta que un hombrecito tan lindo como vos nos proponga matrimonio, pero también nos gusta poder decidir y que ese hombrecito lindo no se ponga triste si una le dice que no.

— ¡Entonces vos no me querés como me dijiste cuando me fuiste a buscar a la escuela!

— ¡Te quiero muchísimo! Sos el hijo más divino, pero también lo quiero mucho a tu papá y quiero estar casada sólo con él. A vos te adoro como mi hijo, así como a tu abuela la quiero como a la madre de tu papá y a tu tía Julia la quiero como hermana. Por ejemplo, ¿vos no querés mucho a tu perro?

— Si, lo quiero muchísimo. ¡Es mi mejor amigo!

— Viste como esa palabrita «quiero» se usa para varias cosas diferentes. El perro también te quiere mucho a vos y sin embargo ninguno quiere casarse con el otro. ¿Verdad?

— ¡Vos no entendés! No es lo mismo.

— Yo entiendo, pero a veces nos pasan estas cosas: queremos algo pero no podemos tenerlo. Cuando tenía tu edad quise casarme con tu abuelo pero él sólo quería estar casado con tu abuela, después crecí y por suerte me enamoré de tu papá y me pude casar con él y tener un hijo precioso como vos.

— ¿Vos querías casarte con el abuelo y él no quiso?

— Sí, cuando tenía tu edad le propuse ser su esposa para que con mi mamá lo cuidáramos entre las dos. Él me sentó en la falda, me acarició el pelo y me dijo: « ¿Podés esperar a ser grande como tu mamá y hablamos de vuelta?».

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sábado, 17 de marzo de 2007

Cacique «Toro con piercing»



— Señor Funcionario, indio quiere tener nombre más corto.
— ¿Cuál es actualmente señor Indio?
— «Gran nube gris que viaja por el cielo llevando noticias».
— ¿Y ahora cómo quiere llamarse?
— FAX.
Fructuoso Rivera (1)
De su libro inédito Se me fue la mano



En cada uno de nosotros hay un indio. Que tengamos largas sesiones de espejo para peinarnos de tal forma que no se nos vea la pluma, es lo mismo que tratar de ocultarnos esas primeras canas que nos señalan cómo el tiempo también pasa para nosotros. Somos indios envejecibles.

El indio es un tipo que tiene casi todo resuelto porque ya sabe qué tiene que hacer con las dificultades de la vida: todo se resuelve en un plano político-religioso, con abundante tráfico de influencias, recomendaciones, coimas, sobornos, actos multitudinarios, jefes, disfraces, inmolaciones (siempre públicas y ostentosas).

Además todo tiene una rutina-ritual para que no haya equivocaciones y el costo de educar a las nuevas generaciones sea lo más bajo posible. Los indios urbanos cambiamos algunas cosas para que todo siga igual y hacemos economías pagándole bajos salarios a los docentes.

Ni que hablar que le burocracia es absolutamente indígena. Nos diferenciamos en que ellos no utilizan sellos de goma.

Si observamos la edad promedio de nuestros gobernantes, jueces y prelados, podemos constatar la tesis de que acá también tenemos una gerontocracia. Somos una cultura que se maneja con lo empírico. La experiencia es la única fuente confiable de sabiduría. Lo que pasó una vez, volverá a pasar exactamente igual. La compulsión a la repetición es política de estado. Sabemos que matemáticamente

Martes = Lunes + 24 horas

con lo cual no hay nada nuevo ni podrá haberlo. Todos trabajaremos para que así sea. Si la naturaleza se empecinara en que nadie pueda “bañarse dos veces en el mismo río”, construiremos una represa, un embalse, un tanque australiano, pondremos una palangana, no sé, algo tendremos que hacer para que todo siga igual.

La medicina, la química farmacéutica, la moda, los medios de comunicación, todos somos cómplices a la hora de negar que las pérdidas existen, que los cambios son inevitables y constantes, inclusive el último, el definitivo, al que no quiero mencionar porque acá todos nos creemos inmortales. ¡Ay, perdón! Se me escapó.

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(1) Si bien el epígrafe es ficticio, Fructuoso Rivera efectivamente existió y fue el responsable de la extinción total de los indígenas del territorio uruguayo. En reconocimiento a ese genocidio patriótico, llevan su nombre un departamento y varias calles y avenidas. Curiosamente, muchos uruguayos manifiestan —con fervor humanístico— contra otros genocidas y belicistas, quizás transitando alguna de esas calles o avenidas.

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