lunes, 21 de diciembre de 2009

Licencia neuro-dactilar

Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. Vuelvo el 20/01/2010. Un abrazo!

Otros me construyeron

Si abrimos una guía telefónica (directorio) encontraremos muchas personas llamadas Juan Pérez o María Martínez.

A nadie se le ocurre pensar que estas personas que se llaman igual, se parecen entre sí.

Podríamos asegurar que son seres humanos, hombre o mujer, y poca cosa más.

El nombre con el que un niño pasa a formar parte de la ciudadanía de cada país fue algo que sus padres decidieron y que las instituciones del estado confirmaron al hacer la inscripción en el registro correspondiente.

Pero luego se agregarán otras formas de identificación.

En la escuela pueden considerarlo como inquieto, atento, amigable, estudioso.

El sistema de salud oficial lo diagnosticará como obeso, diabético, miope, sano.

Los amigos le dirán que es divertido, retraído, buen cocinero, excelente deportista.

Como todos los seres humanos necesitamos el amor, este niño imaginario aceptará esas diferentes definiciones, descripciones, roles, nominaciones y hasta los apodos aunque señalen alguna carencia o defecto físico.

Por estas razones algunos se animan a afirmar que nosotros somos hechos por los demás.

No somos los arquitectos y constructores de nuestra personalidad sino que otros nos diseñan, otros nos construyen y otros nos habitan (cuando los llevamos en el corazón).

En suma: cuando alguien dice «yo» ¿a quién se está refiriendo?

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domingo, 20 de diciembre de 2009

¡Oh Dios, cómo odio el opio!

Paciente: La consulto porque tengo una confusión con las palabras, que me impide entenderme con la gente.

Fíjese que estuve probando con analistas hombres hasta que me di cuenta que esta dificultad es con mi lengua materna, entonces elegí entre las analistas que fueran madres, como es su caso.

Si oigo la palabra «elegante» no puedo evitar imaginarme a un «elefante» que camina y se viste con distinción.

Me sentí impulsado a venderle mi parte del negocio a mi socio porque se me metió en la cabeza que él es un hombre sucio.

Pero además sentía que yo no puedo ser dueño de nada porque la propiedad privada es un sueño.

Con mi padre tuvimos una pésima relación hasta que accidentalmente me di cuenta que por ser él un hombre muy modesto para mí siempre resultó molesto.

Muchas veces tuve peleas con mi esposa porque cuando ella era mi novia se ve que mi cerebro a veces registraba ‘no había’ entonces dejaba de ir hasta que me llamaba para rectificarme.

Ella es muy asmática y ahora no me gusta el cuerpo que tiene, pero estuve años creyendo que estaba «en forma» cuando en realidad estaba «enferma».

Días pasados un familiar comenzó a contarme un chisme sobre mi prima y me vino un desproporcionado ataque de ira.

El familiar y yo mismo quedamos consternados. Menos mal que estaba mi esposa y aclaró la cosa diciendo: «Reaccionaste así porque el rumor te genera el temor a tener un tumor».

Recuerdo que antes de ingresar a mi congregación religiosa, tuve una vida muy licenciosa, desordenada, con todos los vicios habidos y por haber.

¿Y sabe lo que me pasaba? Me creía que por ser inmoral me convertía en inmortal. ¿Se da cuenta que cosa más rara?

¿No estaré un poco loco?

Se me ocurrió estudiar ingeniaría a pesar de ser casi nulo para las matemáticas. Pasé dos años sin aprobar un sólo examen pero recién pude cambiar de carrera cuando comprendí que yo quería ser genial para tener un gran genital.

Y ahora la consulto: ¿empezaré un curso intensivo de inglés que quiero hacer?

Doctora: No pierda el tiempo, lo que a usted le interesa son las ingles.

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sábado, 19 de diciembre de 2009

Ahora me toca a mí

Les hablaré de mí y de mi mamá tratando de describir los datos que sean más comunes a cualquier lector.

Como todo el mundo, primero no entendía nada de lo que estaba pasando conmigo, luego empecé a sentir dolores que se calmaban cuando ella me daba su leche, me limpiaba, me abrigaba, me hablaba o me acariciaba.

A medida que fui adquiriendo experiencia con lo que sucedía día tras día, comprendí que sin ella moriría.

Cuando dejaba de verla, oírla u olerla, comenzaba a preocuparme primero pero en minutos me angustiaba como quien se está ahogando, quemando o cayendo de un décimo piso.

Estas terribles sensaciones de muerte me hicieron pensar que tendría que haber una manera de evitar su lejanía.

Si no recuerdo mal, para ese entonces yo tendría unos seis meses.

Algo me hizo pensar que la clave del problema y de la solución estaba en que yo tenía que ser deseado por ella.

Quizá llegué a esta conclusión porque era lo que a mí me pasaba. Supongo que razoné así: Si yo deseo estar siempre junto a ella, tengo que lograr que ella desee estar siempre junto a mí.

Convencido de que esa era la solución, me propuse ser la persona encargada de cancelar todas las necesidades y deseos de ella.

Sus pedidos eran órdenes, me preocupaba enormemente cuando me amonestaba porque eso me convertía en in-deseable para ella, entonces me abandonaría y yo moriría.

Convertirme en quien diera satisfacción a todos sus necesidades y deseos pasó a ser mi obsesión y casi toda mi vida estuvo dedicada a satisfacerla a ella y a todos los que me la recordaran.

Ahora que me di cuenta, también trato de satisfacer mis necesidades y deseos.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

La devolución del cuerpo

La naturaleza no es humana, ni canina ni vegetal. Por el contrario, los seres humanos, los perros y las plantas, pertenecemos a la naturaleza.

Según el diccionario, la naturaleza es el «Conjunto, orden y disposición de todo lo que compone el universo».

No podemos evitar interpretar lo que nos rodea con un criterio propio de nuestra especie (1).

Si miramos una rosa, seguramente la veremos con un cierto color, percibiremos su perfume, la encontraremos hermosa, pero estos no son atributos de la rosa.

Por supuesto que el nombre «rosa» tampoco es parte real de esa flor. Todas son ocurrencias nuestras.

Es posible afirmar entonces que todo lo que pensamos puede tener coincidencias o no con la realidad. Es más acertado decir que todo lo que pensamos o percibimos no pasa de ser un punto de vista restringido a nuestra especie.

Si fuera cierto que la naturaleza se vale de causarnos dolor y placer (2) para estimular reacciones imprescindibles para que sigamos vivos el mayor tiempo posible, entonces el dolor y el placer son fenómenos que nos favorecen.

Si alguien se enferma, padece y eso obliga al enfermo a realizar ciertos cambios en su vida (quietud, dieta, preocuparse).

Cuando lo que hace es insuficiente, el dolor aumenta y el enfermo procura hacer otras cosas (comentar con otros, preguntar, examinarse).

El padecimiento seguirá aumentando hasta que el enfermo (cada vez más castigado por el dolor) encuentre la solución para curarse o muera.

Es probable que la naturaleza no actúe como un ser humano sino que continuamente está probando la viabilidad de cada uno de nosotros.

Cuando tenemos una falla, nos enteramos por el dolor, actuamos y si no encontramos la solución, la naturaleza nos sacrifica para devolver al planeta este cuerpo biodegradable que recibimos en préstamo.

(1) El sol es color blanco; El señor Mesías González

(2) La naturaleza es hermosa pero antipática; (Maldita)Felicidad publicitaria;Somos marionetas de la naturaleza;Loción infalible contra las molestias;La disconformidad universal.


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jueves, 17 de diciembre de 2009

Es así (o no)

La siguiente es una síntesis de varias ideas ya expuestas en estos blogs.

Los seres humanos no tenemos períodos de celo pero igualmente la mujer es la convocante. Los varones andamos por ahí olfateando qué feromona (olor de las hembras en celo) puede estar atrayéndonos y si la encontramos, allá vamos como un dibujo animado.

Cuando llegamos al entorno de la hembra convocante, ella nos detecta en forma visual y olfativa para instintivamente determinar si poseemos o no la dotación genética que en combinación con la suya le dé hijos de los cuales pueda enorgullecerse frente a las demás mujeres.

El auditorio de toda mujer son las demás mujeres y por eso todas son lesbianas o a lo sumo bisexuales.

Tienen que serlo porque aprendemos a amar y a gozar con una mujer (mamá). Es una mujer la que nos activa el cuerpo deseante con sus manipulaciones afectuosas e higiénicas. Por eso ambos géneros deseamos a una mujer.

De hecho es el género más importante porque anatómicamente hace la mayor contribución a la conservación de la especie (única misión de cada ejemplar de cada especie).

Un solo varón puede fecundar a mil mujeres por año a razón de tres eyaculaciones diarias y le quedan 33 días para tomarse vacaciones. A los 999 varones restantes pueden mandarnos a la guerra, explotarnos salvajemente, usarnos para experimentos de laboratorio.

Sin embargo estos 999 alguna vez se rebelaron e impusieron la monogamia y demás formas de predominio.

Como en cualquier régimen de facto (el de los varones, en este caso), todo funciona tal cual exigen los mandones, pero clandestinamente sucede lo que debe suceder (infidelidades, poligamia, mujeres insatisfechas) porque las leyes naturales no pueden transgredirse por mucho tiempo.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

El suicidio y el envase desechable

Me atrevería a decir que cada uno de nosotros ponemos el cuerpo como si fuera un envase para que la sociedad lo rellene de contenidos.

Cuando nacemos nos ponen un nombre y nos asignan ciertas responsabilidades.

El pequeñito será el soporte de un nombre más varios apellidos. Con este acto la sociedad toma el nuevo cuerpo-envase y le adhiere una etiqueta que dice Juan Pérez o María González.

Se le asignan las responsabilidad (contenidos) de representar dignamente a la familia, al grupo que pertenecerá como estudiante, como amigo, como ciudadano.

Estos variados actos de asignación de roles (tareas, responsabilidades) generarán amor entre quienes estén conformes con el desempeño del niño (luego adolescente, luego adulto, luego anciano).

Por el contrario, el incumplimiento de eso roles generará rechazo entre quienes estén disconformes con los mencionados desempeños.

Pero puede haber una tercera posibilidad y es que los demás no tengamos hacia el niño-adolescente-adulto-anciano, ni amor ni rechazo. Algún ciudadano puede ser objeto de la indiferencia.

Cuando esto sucede, el instinto de conservación reacciona procurando llamar la atención para atraer aceptación o rechazo (amor u odio) para evitar el mortífero sentimiento de indiferencia.

La mayoría de las veces este esfuerzo es exitoso y el ciudadano puede zafar de la indiferencia, yendo a la cárcel, convirtiéndose en un personaje famoso, o simplemente vinculándose afectivamente con alguien que represente al resto de la sociedad (amigo, cónyuge, cómplice).

Cuando el esfuerzo por zafar de la indiferencia mortífera fracasa, el ciudadano se convierte en algo (no dije «alguien») parecido a un envase vacío desechable y muy probablemente contraiga una enfermedad mortal o se suicide.

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martes, 15 de diciembre de 2009

Arquitectura mental

Un arquitecto observa el terreno donde hará una construcción y se asegura sobre la resistencia del suelo.

Si no todo el piso es firme, apoyará el peso de la construcción sobre los puntos resistentes que encuentre aunque para hallarlos tenga que cavar muy hondo.

Para persuadir a una o más personas es necesario hacer algo parecido.

Todos tenemos ciertas convicciones, creencias firmes, ideas inamovibles.

Otras ideas serán más inestables, sujetas a ser cambiadas fácilmente, con un alto contenido de incertidumbre.

Ideas fuertes son por ejemplo «soy una buena persona», «mi familia es sagrada», «existe Dios» e ideas débiles son por ejemplo «mi cuñado es un buen tipo», «Gabriel García Márquez es el mejor escritor», «en los políticos no se puede confiar».

En toda población existen mayorías y minorías. Esto significa que la mayor parte tiene características comunes y una minoría tiene características especiales.

Las mayorías suelen compartir las ideas fuertes y las débiles. Son personas que están a la moda, que tienen «sentido común», que por cumplir con una norma estadística, son «normales».

Las minorías suelen ser más imprevisibles. No son cautivos ni de la moda, ni de las ideologías, ni de sus propios antecedentes.

Si pudiéramos suspender transitoriamente nuestra capacidad crítica, diríamos que las mayorías están conformadas por personas esclavas y que las minorías por personas libres.

Es necesario suspender la capacidad crítica para no caer en la simpleza de pensar que ser libre es bueno y ser esclavo es malo o al revés.

Si nos abstenemos de juzgar como bueno y como malo la forma de ser de los demás, podremos actuar como un arquitecto cada vez que hablemos con alguien para construir nuestros argumentos sobre sus ideas firmes y no sobre sus ideas débiles.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

La disconformidad universal

En varios artículos (1) he mencionado la idea según la cual el fenómeno vida depende de que hagamos ciertas cosas como por ejemplo comer cuando tenemos el dolor del hambre y así conseguir el placer de la saciedad.

Estas continuas presiones que padecemos simplemente porque estamos vivos (en forma de dolor que nos empuja y de placer que nos atrae), queremos evitarlas (porque si nos fueran indiferentes, no nos moveríamos y perderíamos la vida).

La palabra «sentimiento» derivar del verbo sentir y nos hace pensar en lo que sentimos, percibimos, registramos,

La reacción mental a estas vicisitudes inherentes a la condición de estar vivos se manifiesta con la producción de los sentimientos de angustia, insatisfacción, esperanza, envidia, fastidio, bronca y otros por el estilo.

Como lo único realmente importante en la vida de cualquier ejemplar de cualquier especie es conservarse él y la especie a la que pertenece, en la nuestra, todas las sensaciones molestas se remiten a una sola que representa a las demás.

Según el psicoanálisis (y confieso que por ahora creo en él), las mujeres se quejan de que no tienen pene y los varones nos quejamos de que podemos perderlo.

Como decía, el órgano más importante tiene que ser genital porque nuestra única misión es conservar la especie (tener sexo reproductivo) y por eso, el principal problema de ellas es no tenerlo y el gran problema de ellos es temer perderlo.

Además de que nuestra única misión es cuidarnos y reproducirnos, hay otra razón para que el órgano más importante sea el pene.

Como hace millones de años nos organizamos mediante el uso de la fuerza bruta y la violencia (mejor desarrolladas en el varón), los humanos somos machistas (elegimos el pene como símbolo y no la vulva, los senos o el útero, como también podrían corresponder).

(1) La naturaleza es hermosa pero antipática; (Maldita)Felicidad publicitaria; Somos marionetas de la naturaleza; Loción infalible contra las molestias.


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domingo, 13 de diciembre de 2009

No da la medida

— ¿Para cuándo me consigues una vírgen?

— ¿Qué carajo te ha picado? De esas ya no quedan.

— Casandra me dio una mala noticia y tengo urgencia.

— Casandra no sabe nada. ¿Con qué maldito vaticinio te ha dejado tan necesitado de cosas raras?

— Me quedan 77 días de vida.

— ¡No seas tonto Fulgencio! Cualquier vaticinio es falso pero si incluye un número 7 se convierte en un disparate. ¡Olvídalo!

— Eso me lo dices porque después de tantos años como cliente seguro y sin escándalos te hago un pedido y no puedes satisfacerme.

— Tú tienes rollo para rato. Dame una semana y te consigo una virguito bien inquieta, como Leonor que casi me la quitas para casarte con ella.

— Una semana es mucho tiempo. La necesito para mañana ... o pasado, a más tardar.

— Te vas a morir antes pero de loco que te encuentras. Te llamaré y cortaré como señal para que sepas cuando tenga novedades.

— Podría darte una ayudita para que veas que soy un santo varón.

— No me sugieras otra vez a la sobrina del comisario. Ya me reí bastante cuando me la propusiste aunque después tuve que reconocer que a veces tienes más olfato que yo.

— Esta vez es más fácil. La maestra que trajeron de la capital los Monterroso comentó en la farmacia que haría cualquier cosa con tal de comprarse unas sandalias que vio en la tienda del turco.

— Pero esa no es doncella como tú pretendes.

— ¿Cómo lo sabes?

— Sólo puedo decirte que gracias a mí, no sólo se compró las sandalias sino también la cartera que le combina.

— Ah, no sabía. ¿Trabaja siempre o sólo cuando necesita dinero?

— Cuando necesita dinero, pero ella elije a sus clientes y el largo de tu pajarito te deja afuera.

— Mejor no busques nada. Me arreglaré sólo.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Cuando los títeres se enamoran

En varios artículos (1) he abordado desde distintos puntos de vista la teoría de que en nuestra especie también es la hembra la que estimula la aproximación de ciertos machos que genéticamente mejorarían la especie (eugenesia).

Hoy abordaré el mismo tema desde otro punto de vista.

Hombres y mujeres deambulamos por los espacios comunes hasta que ella se siente atraída por él (acá funciona la Ley de la Naturaleza (2)).

Culturalmente esa mujer no podrá acercarse a él para decirle «quiero copular contigo». Aunque sería lo correcto la Ley de los Hombres (2) lo prohíbe.

Para cumplir con la Ley de la Naturaleza, ella deberá estimularlo sutilmente para que la seduzca.

Cuando el organismo de él funciona razonablemente bien, sentirá ese flechazo, y por más tímido que sea, algo hará para que termine cumpliéndose la Ley de la Naturaleza (copularán).

En otras palabras: la erección del pene del caballero está provocada por la dama.

Lo diré describiendo la situación paso a paso:

1º) Ella encuentra un hombre cuya dotación genética es apta para procrear hijos que mejorarán la especie.

2º) De alguna manera intentará —y quizá logre— que él la desee, la penetre y eyacule en su vagina.

3º) Si se produce la fecundación, la Ley de la Naturaleza habrá sido exitosa una vez más. Si no se produce, esa Ley habrá fracasado una vez más. En la gran cantidad de eventos la Naturaleza logra el objetivo de preservar las especies.

Pero atención:

1) Ellas y ellos no hacen nada voluntariamente sino gobernados por el instinto.

2) Si él no se aproxima o no fornica con ella, no existen fracasos personales sino una falla de la Ley de la Naturaleza que está prevista.

3) Otra falla prevista se produce cuando los ejemplares humanos practicamos el sexo recreativo (usando técnicas anticonceptivas o entre personas del mismo género).



(1) «Soy celosa con quien estoy en celo»; Amor por conveniencia; La postitución decente;Este perfume aumenta la demanda.

(2) Menos culpa y menos estrés.

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viernes, 11 de diciembre de 2009

Vivir o ser vivido

Todos le tememos a la muerte.

Quizá el temor se nos presenta como el miedo a las pérdidas (del amor, de la salud, del bienestar).

Con esta aclaración podría decir que todos le tenemos miedo al dolor porque éste es el que realmente conocemos, el que no querríamos (volver a) padecer y el que nos hace acordar que somos mortales.

¿Qué hacemos para defendernos de este temor?

Implementamos estrategias para evitar el dolor de las pérdidas (del bienestar y en última instancia de la vida).

Algunas estrategias son:

— cuidamos mucho la salud física (dietas, medicinas, controles);

— quitamos de nuestra mente todos los temas que podría atraer la mala suerte (evitamos hablar de enfermedades, de fracasos, de tragedias);

— (por el contrario), tratamos de hablar de temas angustiantes en un intento de conjurar (anular) eso de lo que tanto hablamos (enfermedades, fracasos, tragedias).

En una palabra: el temor nos recuerda que somos débiles. Para compensar esta horrible sensación, nuestra mente construye el sentimiento de omnipotencia.

Gracias a este sentimiento podemos suponer dos cosas:

— que realmente somos omnipotentes y que tenemos controlada nuestra vida. De esta forma nos mostramos orgullosos, arrogantes, nos llevamos el mundo por delante. Casi podemos sentirnos inmortales.

— que realmente es posible ser omnipotente pero que por algún defecto propio no podemos serlo. Esto nos deprime y hasta podemos sentirnos al borde de la muerte siempre.

En suma: tanto la euforia como la depresión son consecuencias de un error básico según el cual creemos posible controlar la vida, que vivimos porque queremos, que vivir es un acto de voluntad, una tarea, un ejercicio.

Conclusión: los seres vivos no vivimos sino que somos vividos. La vida es un fenómeno natural del que somos espectadores pero no actores.

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Los humanos como agentes de la naturaleza

La sinestesia no es considerada una enfermedad pero la epilepsia sí.

Ambos son fenómenos de origen neurológico.

La sinestesia se caracteriza por una extraña mezcla de los sentidos. Por ejemplo, alguien puede tener sensaciones gustativas al acariciar una superficie suave o percibir sonidos a partir de oler cierta fragancia.

La epilepsia suele provocar fenómenos corporales (convulsiones y pérdida de la conciencia). Un ataque de estos es molesto y hasta pone en riesgo la integridad del epiléptico.

Como son muy pocas las personas que tienen estas características, es una rareza. Por estar fuera de la norma estadística se consideran a-normalidades.

La tercera definición que nos da el Diccionario de la Real Academia Española de la palabra «enfermedad» dice: «Anormalidad dañosa en el funcionamiento de una institución, colectividad, etc.».

A su vez, la definición de «dañoso» tiene algo de subjetivo y por lo tanto, lo que para algunos es dañoso para otros puede no serlo.

Si la definición de «dañoso» es opinable, entonces se presta para que alguien levante la voz, ponga énfasis, insista, luche o haga publicidad para volcar la opinión a favor de sus intereses.

Es una buena inversión publicitar la vitamina C, leer libros o comprar un automóvil marca Volvo, alegando que de lo contrario podremos resfriarnos, desconocer algo importante o salir heridos en una colisión, respectivamente.

Hay muchos motivos para pensar que la naturaleza determina nuestros actos y que por lo tanto el libre albedrío sería sólo una ilusión colectiva.

Por si fuera poco, también la cultura nos agrega factores condicionantes que sobredeterminan nuestros actos.

Como integrantes de la naturaleza, recibimos órdenes de ella pero a su vez somos usados por ella como agentes provocadores de más condicionamientos. En este caso me estoy refiriendo a la publicidad.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

¿Usted es una persona o un número?

En un artículo publicado con el título «La mujer no existe» proponía la interrogante: «Si el ser humano no existiera, ¿existirían «la justicia», «la valentía» o el concepto abstracto «perro»?»

La respuesta es negativa: No existirían porque sólo existen casos concretos, como por ejemplo mi perrita negra con manchas blancas. El concepto «perro» es una abstracción segregada por un cerebro humano puesto a generalizar.

Nuestra obsesiva búsqueda de tranquilizantes para la incertidumbre nos lleva a cometer errores que pueden o no causarnos perjuicios.

En general, cualquier error suele ser perjudicial aunque los beneficios del error nos hagan pensar que es todo ganancia (por ejemplo, creer que conociendo a mi perrita lo sé todo sobre los perros).

Precisamente es la necia búsqueda de las certezas lo que también nos hace pensar que la ciencia es la única forma de acceder a un conocimiento verdadero.

Esta creencia es sostenida por los «cientificistas». Quizá usted lo es y no lo sabía.

Uno de los principios esenciales del cientificismo es que si algo no puede ser comprobado por medio de la experimentación, entonces es falso o no existe.

De esta manera, las únicas ramas del saber que sobreviven son la física, la química, la biología (y pocas más).

Por el contrario, se convierten en falsas todas las humanísticas (sociología, economía, filosofía, etc.).

Y acá aparece el problema: el cientificismo depende del nominalismo, es decir, con ese rigor (sólo lo experimentable es verdadero), se quiere llegar a universales que desconocen la particularidad de cada cosa que observemos.

Así desembocamos en que para la ciencia (biológica, por ejemplo) no hay personas (como usted y como yo) sino que existen especies (la humana), géneros (mujer o varón), enfermedades (gripe, diabetes).

En otras palabras, el cientificismo (glorificación de la ciencia) desconoce la individualidad, la singularidad, los casos concretos y eso nos hace desaparecer como personas concretas (María, Pedro) lo cual es tan angustiante que cuando acudimos a la ciencia para que nos cure, puede terminar enfermándonos de otra cosa.

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martes, 8 de diciembre de 2009

El psicoanálisis según Isaac Newton

Tengo la actitud transgresora de no creer lo que dicen los encumbrados pensadores que llegan a mí a través de los libros, Internet u otros medios.

Sin embargo los necesito porque son personas capaces de inspirar mis propias reflexiones que en muchos casos me llevan a coincidir con sus conclusiones.

Más fácil habría sido creerles desde el comienzo, pero no puedo. Necesito hacer mi propio proceso digestivo. Algo en mi naturaleza rechaza furiosamente los trasplantes, especialmente si son intelectuales (hipótesis, teorías, interpretaciones).

Las neurociencias son para mí una buena noticia porque siempre pensé que los seres humanos somos solo materia y que las producciones más abstractas son el resultado de funcionamientos orgánicos que recién ahora los biólogos están empezando a descubrir (sobre todo en el cerebro).

La gravedad (peso) que conceptualizara Isaac Newton (1643 – 1727 [imagen]) nos influye permanentemente.

Es muy probable que el funcionamiento mental esté influido por la atracción que ejerce la masa del planeta de tal forma que el pensamiento sea diferente según estemos de pie o reclinados.

Me animaría a decir que de pie somos más conscientes que acostados. Nuestra imaginación vuela mejor si estamos recostados y de modo similar, los contenidos del inconsciente se muestran más fácilmente.

Esta constatación empírica pudo haberla intuido Sigmund Freud cuando incorporó el uso del diván para que sus analizantes lo usaran cuando él les pedía que asociaran libremente y comunicaran todas las ocurrencias (sin censura).

Y por supuesto que esta suposición trae de la mano otra más genérica y es que todo nuestro cuerpo funciona diferente según cómo sean atraídas sus moléculas desde el centro de la Tierra.

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lunes, 7 de diciembre de 2009

Lo perfecto se logra sin intervenir

Nuestro aparato digestivo cumple la función de transformar los alimentos que ingiere en moléculas propias.

Si Juan come un bocado de atún, el proceso digestivo convertirá las moléculas de atún en moléculas de Juan.

Sin embargo, observe lo que sucede con los trasplantes de órganos: en mayor o menor grado, el sistema inmunológico del receptor ataca el tejido trasplantado.

Para resolver este rechazo natural, la medicina tiene que atacar al ejército especialista en defendernos (sistema inmunológico).

Es decir, para que el trasplante de un órgano pueda ser efectivo (mejorando la salud del trasplantado), es preciso inhibir las funciones especializadas en defendernos de las invasiones de microorganismos, células o moléculas potencialmente malignas.

Estos fenómenos no son tan conocidos como sería de desear. Este desconocimiento lleva a considerar como si fuera una verdad revelada que «somos lo que comemos».

Cuando dejamos que la naturaleza (de evolución milenaria) actúe sin nuestra intervención, todo anda bien, pero cuando confiamos más en nuestra ciencia (de evolución centenaria) que en la naturaleza, estamos en problemas.

Pero no es casual que ignoremos estos datos. Por el contrario: los ignoramos estratégicamente.

Como he comentado en otras ocasiones, nuestra cultura incluye la creencia en que es posible controlar nuestras vidas: dieta, cirugía plástica, hormonas, vitaminas, reemplazo de nuestras preferencias espontáneas por los criterios artificiales emitidos por la ciencia.

Estoy haciendo un alegato a favor de la naturaleza pero no solamente para terminar con la deforestación, la caza indiscriminada de ballenas o la emisión de residuos tóxicos, sino más bien para reivindicar las soluciones resultantes de la evolución en desmedro de nuestras veleidades perfeccionistas.

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domingo, 6 de diciembre de 2009

No fue tal como lo cuentan

La relación entre Caperucita Roja y su madre no era buena. Discutían a menudo porque la señora entendía que la niña tenía que ayudarla más y divertirse menos.

Esta señora era tan poco amigable que su marido había hecho abandono del hogar cuando la niña era más pequeña aún.

Sin embargo la abuela (madre del papá) era una señora muy liberal.

Comprendía que la chica tenía mucha energía para aplicar a lo que más le gustaba y que era injusto dificultar el desarrollo de su vocación.

De hecho la mamá de Caperucita no tenía trato personal con la suegra. Por eso, en lugar de invitar a la señora a que cruzara el bosque para visitar a la nieta, permitía que la niña hiciera el peligroso recorrido con la secreta esperanza de que algún susto la convenciera de que los miedos de la madre eran saludables también para ella.

Lo que esta mamá no sabía es que la niña no corría ningún riesgo porque el padre, a poco de abandonar el hogar había conseguido el trabajo de guardabosque para poder seguir viendo a su hija y ganar dinero para proveerle lo que necesitara.

El padre también estaba de acuerdo con que Caperucita desarrollara su talento, aunque a menudo necesitaba fortalecer su convicción con los consejos de la anciana.

El encargado regional de los bosques era un señor joven que conocía palmo a palmo el amplio territorio que le tocaba recorrer.

No solamente sabía sobre los vegetales que crecían en abundancia, sino que eran muy divertidas sus anécdotas sobre las más increíbles costumbres de los animales, aves e insectos que convivía en armonía a pesar de la cruel cadena alimentaria.

Cuando Caperucita Roja tuvo dieciocho años —y cumpliendo con lo planificado—, se despidió de su mamá como siempre, pero se dirigió a la estación de ferrocarril donde la esperaban el papá y la abuela.

Hubo abrazos, hubo lágrimas, pero sobre todo hubo alegría.


Nota 1: ¡Tranquilos! El «señor joven» ya venía en el tren ...

Nota 2
: No pude saber cuál era el talento de Caperucita pero —conociéndola— tengo algunas hipótesis.

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sábado, 5 de diciembre de 2009

Decidimos lo inevitable

En el artículo titulado Los instintos ¿están para ser reprimidos? les comentaba que el deseo de poder surge en realidad de un instinto tan importante como el sexual.

Por lo tanto, el deseo de poder está asociado al instinto de conservación (¡nada menos!).

Los políticos son los obreros del poder que más se nos acercan porque cada cierto tiempo necesitan conquistar nuestro voto.

Todos sabemos que la receta mágica para conquistar el voto de la mayoría consiste en decir lo que esa mayoría quiere escuchar.

Esto funciona así porque una mayoría cree que mandamos sobre nuestras vidas, que nos autogobernamos, que tenemos libre albedrío (1).

Creemos en el libre albedrío porque nuestro cerebro genera un pensamiento con forma de «decisión», segundos después que la naturaleza nos dio la orden sobre lo que tenemos que hacer obligatoriamente.

Los obreros del poder (políticos, gobernantes, gerentes) son personas como todo el mundo que se caracterizan por tomar decisiones un segundo después que la naturaleza (las circunstancias, la casualidad, los fenómenos naturales) impuso la obligación de hacer algo colectivamente.

Es propio de nuestra especie organizarnos en grupos (como otros animales lo hacen en majadas, rebaños, piaras, manadas) y de forma piramidal, es decir que alguien será el portavoz, (el locutor, la voz cantante, el líder) de esa obligación natural que habremos de cumplir.

Todos formamos parte del gran fenómeno natural que, si la imaginación nos lo permitiera, alcanza a todo el universo en su inabarcable vastedad.

Cada fracción de tiempo es diferente a la anterior y —hasta donde puedo pensar—, sólo somos testigos de esos acontecimientos de los que formamos parte de forma muy pasiva aunque como espectadores tenemos sentimientos como si fuéramos protagonistas. (2)

(1) ¿Qué libertad?, Soy libre de hacer lo que deba, Lexotán con papas fritas, Cállate que estoy hablando; Lo que la naturaleza no da, nadie lo presta .

(2) Esta idea comencé a exponerla en el artículo titulado Mis moléculas aman a las tuyas.

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viernes, 4 de diciembre de 2009

La señora Caperucita Roja de Feroz

Pasan los milenios como si fueran días y los seres humanos seguimos dudando de casi todo.

Algunos neutralizan esta particularidad de nuestro cerebro instalando en sus cabezas un dogma que lo explique todo.

Es probable (he aquí la duda otra vez) que los dogmáticos sean fugitivos de la realidad, pero ¡allá ellos!

A falta de certezas, los inseguros más inquietos (como yo) imaginamos posibles explicaciones que a veces sirven para calmar la duda y la mayoría de las veces sólo para pasar el rato.

Comparto con usted una que refiere al cuento de Caperucita Roja.

Ésta fue primero una leyenda que pasó de «de boca en boca» desde no sabemos cuando y luego fue escrita por varios autores que le dieron su estilo personal (Charles Perrault, Hermanos Grimm, Ludwig Tieck).

La historia refiere a una niña inocente que es devorada (¿violada?) por un lobo feroz.

Como el psicoanálisis es sensible a todo tipo de metáforas y expresiones populares, lleva gastados ríos de tinta decodificando lo que este simple relato pone en evidencia de nuestra psiquis.

Es muy probable que las mujeres deseen inconscientemente ser violadas (1) para cumplir con la misión natural de conservar la especie salteándose los trámites que imponen las Leyes de los Hombres (noviazgo, matrimonio, monogamia).

Teniendo en cuenta que el perro es una subespecie doméstica del lobo según la comparación de los mapas genéticos de ambas especies, sería razonable suponer que las mujeres que viven con un perro como mascota gozan imaginando que son Caperucita Roja (quien como dice el chiste, es «la señora de Feroz»).


(1) Ver el artículo titulado La prostitución decente

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jueves, 3 de diciembre de 2009

El embarazo de Ricardo

Lo conozco porque a mí me pasó.

Cuando mi esposa estuvo embarazada yo estaba muy contento y viví su embarazo muy de cerca.

Sin embargo otros varones lo viven de una manera más intensa al punto que tienen sensaciones similares a la futura mamá.

Efectivamente, el «síndrome de couvade» es el conjunto de síntomas que permiten hablar de un embarazo masculino.

Cansancio, náuseas, pesadez y otras sensaciones propias de la gravidez, aparecen en el papá.

En la mitología griega, Zeus tuvo una hija que salió de su frente (Atenea) y otro que salió de su muslo (Dionisio).

El psicoanálisis asegura que las mujeres padecen envidia del pene, lo cual es cierto porque muchas veces ellas imaginan que ser varón es un privilegio.

Podría asegurar que los varones tenemos envidia del útero, pero no lo decimos. Es un sentimiento más inconfesable que la envidia del pene.

Los hombres necesitamos realizarnos, trascender y ser creativos (igual que ellas). Para lograrlo tenemos que construir un puente, escribir una novela, dirigir un equipo de fútbol, tener mucho dinero y muchas otras grandezas que las mujeres resuelven con su capacidad de gestar.

Con un estilo sofisticado, el cantante puertorriqueño Ricky Martin (1971 - ), manifiesta su «síndrome de couvade» e imita a Zeus comprando un óvulo, contratando un «vientre de alquiler» para que con su semen se hayan gestado los hijos gemelos (imagen) que nacieron el 6 de agosto de 2009.

Conclusión: En un escenario con informática, telefonía móvil y padres solteros, no podemos guiarnos por lo que aprendimos de nuestros padres.

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

El cuerpo no es una máquina

Tenemos la creencia que nuestro cuerpo es una máquina.

Tenemos la creencia que las máquinas son más duraderas y más perfectas que nuestro cuerpo.

Seguramente éste nos preocupa más porque es el único que tenemos.

Si nuestro cuerpo tuviera un desperfecto irreparable tendremos incomodidad, dolor o un gran sufrimiento, mientras que si se descompone una máquina, alguien la arreglará o compraremos otra.

Comparar nuestro cuerpo con una máquina es una simplificación muy popular, que todos compartimos y en la que estamos de acuerdo.

Sin embargo es un error tomar en sentido literal lo que en realidad es una metáfora.

En suma: Nuestro cuerpo NO ES UNA MÁQUINA.

Si al leer este artículo usted reconoce que en el fondo de su corazón piensa que su cuerpo es una máquina, tome esa idea haciendo una pinza con su dedo índice y su pulgar y ¡tírela lejos!

Hacer esta tarea no es fácil.

A veces uno cree que tiene las ideas muy claras, que posee conclusiones firmes, probadas, incuestionables pero, en los hechos

— no toma Coca-Cola porque ésta afloja las tuercas oxidadas,

— o restringe su alimentación porque si fuera excesiva ésta se acumula en algún basurero (abdómen, glúteos, brazos),

— o piensa que si no es por el médico-mecánico su cuerpo no funciona ni se autorrepara cuando se desajusta.

Las máquinas más perfectas son una pésima imitación de lo que la naturaleza ha logrado en millones de años de evolución.

Claro que la confusión es agradable porque las máquinas no mueren y además fueron construidas por alguien tan maravilloso y perfecto como es un ser humano.

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martes, 1 de diciembre de 2009

El espejo descompuesto

He podido apreciar que nos sucede lo siguiente:

— Si nos miramos en un espejo y nos gustamos, quizá no gustemos mucho de los demás y eso nos hace sentir lindos pero solos.

— Si nos miramos en un espejo y No nos gustamos, quizá sea porque nos sentimos menos hermosos que los demás. En este caso podemos tener muchos amigos pero estamos un poco apenados por nuestro escaso atractivo.

— Si No nos miramos porque preferimos mirar a los demás pues sus figuras atraen nuestra mirada, quizá no sepamos mucho de nosotros mismos pero habrá muchas personas que gusten de nosotros (agradecidas por nuestra mirada).

Estas tres opciones tienen que ver con nuestro narcisismo.

Le llamamos así a nuestra tendencia natural a amarnos y gustarnos.

Existe una cierta relación entre el amor que nos prodigamos a nosotros mismos y el que prodigamos a los demás.

De manera muy resumida, podría decir que cuando nos amamos mucho, amamos poco a los demás y por lo tanto los demás no nos quieren mucho, provocando esto algún tipo de soledad.

Cuando alguien se queja de que está delgada, que tiene los senos feos, que su nariz es poco atractiva, es muy probable que se esté mirando más a sí misma que a los demás.

Si se mira más que a los otros, estos se mostrarán indiferentes y nuestra «desconforme» pensará que no la quieren porque está delgada o por la forma de sus senos o nariz.

Si algún día se le ocurriera mirar más a los demás que a sí misma, no tendría ocasión de verse fea, los demás la amarían y eso la haría suponer y sentir que es bella.


(1) Artículos vinculados: Mírame por favor y Los coleccionistas de miradas

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lunes, 30 de noviembre de 2009

Verdades con fecha de vencimiento

Todos los pueblos tenemos nuestros curanderos.

El instinto de conservación eleva nuestro estrés a niveles insoportables cuando imaginamos que nuestra vida está en peligro o el dolor nos atormenta.

Si el cuerpo y las afecciones que padece son similares en toda la especie, es llamativo que las técnicas diagnósticas y curativas difieran de manera sustancial.

Muchos coinciden en que la propia naturaleza es una gran farmacia en la que se encuentra lo que nos aliviará y curará.

Me parece aún más parecida la creencia en el poder mágico o casi mágico de los sanadores de nuestras diferentes culturas.

Sin embargo, a veces padecemos raptos de escepticismo y salimos a la búsqueda de otras culturas pensando que ahí está la verdad que nos falta.

Entre nosotros (los occidentales) está naturalizada la expresión «verdad científica» con la cual todos entendemos que «sobre eso no hay ni habrá más dudas».

No es suficiente observar que cada cinco o diez años hayan cambios muy profundos en la manera de conocer (imaginar) nuestro cuerpo. Insistimos en pensar que nuestras verdades a la moda son definitivas.

Como lo mencionaba hace poco en el artículo titulado La cenicienta y los psicofármacos, las neurociencias están provocando una revolución silenciosa.

Hace siglos pensamos que todas las enfermedades son psicosomáticas; hace cientos de años que aceptamos la importancia de la sugestión (tanto para enfermarnos como para curarnos). Es un hecho que existe el «efecto placebo».

Nuestros «sanadores» están pudiendo demostrar científicamente que esas respetables ideas ahora pueden ser reproducidas y demostradas en la higiénica objetividad de un laboratorio de experimentos.

Y vuelvo al principio: todos los pueblos creemos (y necesitamos creer) que nuestros «curanderos», «sanadores», «brujos» o «médicos» poseen la verdad y también necesitamos NO hacer hincapié en que estas verdades son transitorias y no definitivas.

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domingo, 29 de noviembre de 2009

Deudores incobrables

¡Tanto esfuerzo para llegar a ser una persona importante y ahora no sé cómo librarme de los abusadores!

Antes de aplicar mi energía a ascender dentro de la sociedad debería haberme fumigado contra los parásitos trepadores.

El más avivado fue el contador de la empresa pesquera que se me coló dentro de la familia enamorando a mi hija.

Soy el único que puede ver con total claridad cuál es la estrategia de este caza-fortunas.

Es tan ladino y desvergonzado que hasta mi mujer que no cree ni en ella misma está fascinada con su «yernito querido».

Algo que tampoco me salió bien fue pensar que a mis hijos les terminaría interesando administrar este pequeño imperio que he creado.

Con el ánimo de alentarlos pensé que si le tomaban el gusto a las comodidades materiales, cuando yo estuviera viejo se interesarían por saber cómo administrar todo este patrimonio.

Ellos sólo viven viajando y los e-mailes ya parecen un formulario impreso:

«Necesito refuerzos. Estoy en……… . Podés enviarlos a la cuenta Nº .... Espero que estén todos bien. Saludos.»

Y la nena, tan buena alumna en el colegio, ¿cómo pudo enamorarse de este crápula vividor?

¿Dónde me habré equivocado? Mi hermano me dice que no sería extraño que tanto tiempo dedicado al trabajo quizá me convirtiera en alguien a quien ellos quieren sabotear.

¿Vivirán mejor los que hicieron todo lo contrario a lo que hice yo?

No sería raro que la vida no sea más que esto, independientemente del camino que uno elija.

Pero no salgo de mi asombro que después de haber ayudado a tanta gente, sean casi las ocho de la noche y nadie se haya acordado de que hoy cumplo años.

¡Ja! Debe ser como dice mi prostituta de cabecera: «No prestes favores y mucho menos sin garantía hipotecaria».

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Los castigos pedagógicos

En el artículo titulado «¡Cállate o te golpeo!» comentaba con usted que la violencia del hombre hacia la mujer puede estar causada porque ellas suelen tener más desarrollada la función simbolizante.

Dicho de otra manera, las mujeres son más diestras en el uso del lenguaje, tienen un talento natural para expresarse en forma oral o escrita.

Esto les permite disponer de una herramienta que contribuye a la convivencia pacífica porque ésta depende de saber negociar, dialogar, debatir.

¿Por qué las mujeres son más idóneas que los hombres en el uso del lenguaje? La explicación podría ser que ellas no disponen de fuerza física para defender sus derechos (como sí la tienen los varones) y además no pueden ser buenas combatientes porque suelen estar acompañadas de sus hijos.

Y esta observación me lleva a lo que es el tema central de este artículo.

A partir de la suposición de que los hombres golpeadores se defienden de un ataque verbal porque son torpes usuarios de la herramienta lingüística, podríamos pensar que la agresividad física contra los niños tiene una causa similar.

Cuando los adultos le hablan al pequeño para que modifique su conducta, éste no responde adecuadamente porque no tiene aún desarrollada la función simbolizante.

Los niños no obedecen porque no entienden. Los adultos nos irritamos porque erróneamente pensamos que entienden y caprichosamente cometen transgresiones que merecen ser castigadas.

En un intento de resumir las ideas de ambos artículos referidos a la violencia familiar, podríamos pensar que:

1) Las personas golpeadoras (generalmente varones) disponen de una destreza verbal inferior a la de su víctima y la respuesta agresiva aparece cuando se sienten atacados;

2) Las personas que castigan a los niños tienen una reacción similar porque, aunque tengan habilidad verbal, se irritan porque ésta no les da resultado.

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viernes, 27 de noviembre de 2009

«¡Cállate o te golpeo!»

Un golpe de puño equivale a un insulto, pero suele ser menos grave un insulto que un golpe.

En términos más académicos, es posible simbolizar muchas acciones mediante el uso del lenguaje.

El aspecto negativo de esta destreza que tienen ciertas personas (normalmente muy educadas) es que a veces sólo hablan y no ejecutan nada.

Por ejemplo, la parte positiva de poseer un buen desarrollo de la función simbolizante es que se pueden resolver muchos conflictos mediante la negociación, el diálogo, el debate, la discusión.

Ese mismo conflicto planteado entre personas con escaso desarrollo de la función simbolizante, se resuelve suponiendo que la razón la tiene quien logró desmayar al otro a golpes.

La parte negativa de poseer un buen desarrollo de la función simbolizante, es que puede quedar inhibida o atrofiada la capacidad de acción, porque la eficacia del discurso es tal que da lo mismo prometer que cumplir.

Muchas personas tienen incorporada la costumbre de prometer sin ton ni son y no se dan cuenta de que el receptor de esas promesas puede creer ingenuamente que serán cumplidas («después seguimos hablando de esto»; «termina tu tarea que te haré un lindo regalo»; «nunca más haré lo que hice»).

En suma: La violencia tiene como una de sus causas el escaso desarrollo de la función simbolizante (conocimiento del lenguaje, aptitud para usarlo con eficacia).

Parece obvio que los hombres somos más golpeadores que las mujeres porque somos más agresivos, sin embargo las mujeres suelen tener mayor destreza en el uso del lenguaje y algunos varones, cuando se ven «acorralados» por la inteligencia verbal femenina, se «defienden» a golpes.

Conclusión: La solución para la violencia doméstica está en la enseñanza del idioma; sobre todo a los varones ... «aunque usted no lo crea».

Artículos relacionados:

La violencia invisible ; La discusión deportiva ; «Hay que COMBATIR la violencia»

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Soy su mejor enemigo

Los escritores más audaces pueden decir que los poderosos son de lo peor, arriesgando la vida en muchos casos. Pero hay algo que nunca son capaces de hacer: opinar negativamente del lector.

Usted también es alguien importante, como esos déspotas, mafiosos, hipócritas, corruptos, políticos estafadores, pero ni el escritor más dispuestos a correr el riesgo de padecer una venganza, logra decirle al lector que también tiene sus errores, sus cobardías, sus hipocresías, sus actitudes malignas, traicioneras, delictivas, irresponsables.

Y esto tiene una explicación: Todos —absolutamente todos— necesitamos ser amados. ¡CUESTE LO QUE CUESTE! y los lectores, con su generoso gesto de leer lo que escribimos, son los candidatos ideales para que nos amen, nos respeten, nos recomienden, nos prefieran.

Ésta es la razón más importante por la que usted nunca recibe la verdad sobre usted mismo, por eso hasta los más agresivos periodistas, nunca le dicen al lector lo que piensan sincermente de él. O se callan esas verdades o directamente se convierten en adulones.

Es menos importante perder la vida a manos de un asesino a sueldo que perderse la miel sagrada de la preferencia de los lectores.

Por eso usted, rodeado de adulones, no sabe lo más importante de todo: Las noticias que le informan quién es usted realmente.

Enterado de este mecanismo, no es que a mi no me importe contar con su amor, con su predilección y con la recomendación a sus amigos, ¡ME GUSTARÍA TENERLO COMO TODO EL MUNDO!, sólo que sé cómo este deseo desfigura mi objetividad y por eso, supongo que algún día, algunos me aceptarán. Aunque sean unos pocos.

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

El repudio a Hitler y la inmortalidad del alma

El régimen nazi liderado por Hitler ¿fue bueno, regular o malo?

Me inclinaría a pensar que incluyó acciones buenas, regulares y malas.

Lo cierto es que los datos que me dejaron conocer me obligan a concluir que fue “perfectamente malo”.

Por el solo hecho de ser “perfectamente malo” ya comienzo a sospechar que algo no anda bien porque los seres humanos no podemos hacer nada perfecto (ni siquiera lo malo).

Esa información tan estridente, encandilante, rotunda y concluyente podría estar ocultando una verdad molesta.

Para los humanos es conveniente suponer que la ideología nazi es la maldad en estado puro. Necesitamos concentrar en ella toda nuestra capacidad crítica.

De hecho, si somos categóricos y terminantes al evaluar negativamente al nazismo, convertiremos a todas las demás ideologías y regímenes en buenos o al menos “no tan malos”.

Las atrocidades de los regímenes comunistas, el totalitarismo vigente en varios países (Cuba, China, Corea), el genocidio del pueblo armenio a manos de los turcos, las salvajes evangelizaciones de otras épocas, quedan todos minimizados en su gravedad gracias al énfasis puesto en el régimen nazi.

Pero además podemos ignorar otras particularidades molestas.

La soberbia de los nazis al considerar que la raza aria era la raza superior, nos distrae de algo que hacemos continuamente y que es creernos la especie superior (a los animales).

O sea, si repudiamos enérgicamente a quienes se creyeron la “raza superior” podemos creer que no somos arrogantes cuando nos creemos la “especie superior”.

Una de las tantas satisfacciones de creernos superiores es que disponemos del libre albedrío, que podemos controlar a la naturaleza y hasta poseemos un alma inmortal.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Pablo critica a Pablo

En el artículo titulado El sol es color blanco les comentaba que Protágoras dijo “El ser humano es la medida de todas las cosas”.

Si esto fuera cierto, entonces todo lo que percibimos y «sabemos» son ocurrencias desde nuestro particular punto de vista.

Ahora podría afirmar que «yo soy la medida de todas las cosas».

En lugar de ser nuestra especie como decía Protágoras, somos cada uno de nosotros individualmente.

¿Ha visto que en infinidad de temas no nos ponemos de acuerdo?

Que existan tantas opiniones como personas debería tener alguna causa.

La que yo le propongo es la siguiente: el instinto de conservación diseña nuestro gusto. Nuestras preferencias están vinculadas a lo más esencial: conservarnos como individuos y como especie.

Por esto es que somos tan fervientes defensores de nuestros gustos. No son antojadizas ni caprichosas: nuestras preferencias están dictadas por nuestro instinto de conservación. Si él nos indica que comer verduras es lo mejor, podríamos llegar a convertirnos en vegetarianos fundamentalistas.

Nuestra percepción de la realidad está condicionada por nuestros gustos personales que a su vez están determinados por nuestro instinto de conservación.

Simplificando: Si nos gusta comer verduras y frutas, percibiremos la realidad bajo la convicción de que los alimentos cárnicos son tóxicos.

La psicología, una vez aceptada esta falta de objetividad en nuestras percepciones, instrumentó los test proyectivos para saber «quién es quién».

En términos más coloquiales se dice: «Cuando Pablo habla a Juan, dice más de Pablo que de Juan».

En suma: cuando escuchamos a alguien describiendo, criticando o evaluando algún dato de la realidad, lo que está haciendo es exhibiendo (inocentemente) cuáles son sus contenidos mentales, cómo está procesando lo que le pasa, cómo su instinto de conservación está evaluando la realidad.


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lunes, 23 de noviembre de 2009

La burocracia interna

En las organizaciones burocráticas —una dependencia del estado, una gran empresa financiera—,

1º) alguien se encarga de recibir las solicitudes de los usuarios;

2º) otro se encarga de darle un formato que traduzca a términos institucionales aquella solicitud;

3º) otro la estudia y la opina con sus aspectos favorables y desfavorables;

4º) otro toma la determinación; y

5º) otro se la comunica al interesado.

En nuestra vida privada hacemos algo similar. Las diferentes tareas mencionadas no son realizadas por varios funcionarios pero es probable que utilicemos mucho tiempo para tomar una resolución (hacer una compra, aceptar o rechazar un vínculo, cambiar de trabajo).

Las organizaciones lo hacen así porque administran recursos de terceros y es necesario aumentar las seguridades de que no haya errores o delitos que perjudiquen a terceros (fondos públicos, dinero de los accionistas).

¿Cómo se explica que las personas nos utilicemos tanto tiempo para tomar ciertas decisiones que sólo comprometerían bienes propios?

En el inconsciente (que es de donde surgen las decisiones en última instancia) no está tan claro qué es nuestro y qué es ajeno.

Efectivamente, una equivocación en nuestras decisiones no solamente nos causaría una pérdida (de tiempo, de patrimonio) sino también de prestigio.

Así como las grandes empresas deben tener mucho cuidado para no perder dineros ajenos, las personas necesitamos tener mucho cuidado para no perder la opinión que los demás tienen de nosotros.

Por lo tanto es legítimo preguntarnos, ¿tenemos tanta libertad de tomar decisiones o lo “nuestro” en realidad funciona como ajeno?

En suma: a pesar de las críticas que todos hacemos a la lentitud de las organizaciones burocráticas, los individuos también aplicamos similares procedimientos porque en ambos casos (la administración de bienes ajenos o propios), consideramos que están en riesgo valores ajenos.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Justicia paralela

Ciudadano — Hola Perdomo, vengo a preguntarte qué pasa con la licitación del Casino de Puente Viejo.

Jerarca — ¡Yo que sé! Es un tema administrativo. Esas cosas caminan solas. ¿Qué duda tenés?

Ciudadano — La licitación la gané yo pero cuando fui a hablar con el Intendente de Puente Viejo me dijo que había venido una orden de arriba de parar todo.

Jerarca — ¡Cómo! ¿Orden de arriba de quién?

Ciudadano — Supongo que del Gobernador.

Jerarca — Esperá un momento. Silvana: comunicame con el Gobernador.

Jerarca — Hola Pancho, Perdomo, ¿qué pasa con la licitación del Casino de Puente Viejo? ¿Vos ordenaste parar todo? …… ¿Quién te presionó? ……… ¿Estás seguro de lo que me decís? Mirá que corto contigo y lo llamo para preguntar ……… Bueno, bueno, está bien Pancho, quedate tranquilo. Gracias. ¡Chau!

Jerarca — Silvana: comunicame con el Baluarte Partidario.… ¡Hola papá, sabés algo de la licitación del Casino de Puente Viejo! …… ¡Ajá! ¿Y ella qué tiene que ver? …… ¡Ajá! (bajando mucho la voz) Pero papá esa pendeja no puede estar influyéndote de esa manera. Tengo acá al que ganó la licitación y está recaliente porque le dijeron que había ido todo para atrás. Bueno, bueno, está bien, no te enojes que te hace mal, está bien, quedate tranquilo que ya se me ocurrirá algo. Chau papá, chau, chau, sí, quedate tranquilo.

Jerarca — (dirigiéndose al Ciudadano) ¡Malas noticias! Parece que hace unos años hubo algún problemita entre usted y Patricia Sureda.

Ciudadano — ¿Qué tiene que ver en todo esto esa puta barata que tuve que sacar a patadas de mi casa?

Jerarca — No sé cómo decírselo, pero resulta que esa «puta barata» es la esposa de mi padre. De hecho es mi madrastra. Comprendo su desconcierto pero convengamos en que a usted la suerte no lo está ayudando mucho.

Ciudadano (sonriendo) — ¡Ja! Algo de esto me habían advertido. Vine preparado para que usted me lo confirmara. En la vida se gana y se pierde. Lo peor es perder la vida. Jaja.

Había anochecido. El Ciudadano salió del edificio, atravesó una avenida muy ancha, se sentó en un banco público mirando hacia la ventana de la oficina donde estuvo, digitó un número en el celular y vio cómo volaron los vidrios de los ventanales. Sonrió y volvió a decirse: «Lo peor es perder la vida. Jaja».

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sábado, 21 de noviembre de 2009

La histeria y el incesto

Vulgarmente llamamos histérico/a a quien tiene una conducta que incluye actitudes exageradas o explosivas.

Cualquiera diría que la ciencia sabe qué es la histeria porque es un padecimiento, característica o enfermedad muy conocida.

Mucho me temo que no sea así. Como las ciencias de la salud (psiquiatría, psicología, psicoanálisis) no se ponen de acuerdo, es justo suponer que no saben exactamente qué es o por qué se produce.

Dos mil años antes de Cristo se opinaba que esas reacciones extrañas tenían su origen en un problema del útero (hystera en griego). Cuando se detectaron también en varones, debieron revisar la denominación pero por algún motivo no lo hicieron.

Más aún, el término «histeria» también es utilizado para describir ciertas manifestaciones colectivas.

Dentro de esa denominación genérica se incluyen reacciones que pueden parecer teatrales, amnesias, parálisis transitorias, pérdidas de la visión también transitorias, convulsiones.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, estos fenómenos tan espectaculares podrían ser causados por un conflicto entre lo que el paciente desea y lo que puede obtener.

Hay consenso en que el eje principal corresponde a la sexualidad y más específicamente al complejo de Edipo.

Por lo tanto acá están en juego dos de las grandes dificultades que tenemos los seres humanos: la sexualidad y la prohibición del incesto.

El artículo titulado Atracción fatal incluye la hipótesis de que la infidelidad conyugal se produce como un intento de satisfacer deseos incestuosos.

En suma: la prohibición del incesto, por más que está totalmente aceptada por todos, es una transgresión a las Leyes de la Naturaleza castigada con fenómenos tales como la histeria o la infidelidad.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

La generación omitida

Es probable que haya un corrimiento de los acontecimientos de nuestras vidas.

Siento muy a menudo que los novios y novias son elegidos sutilmente por los padres de los/as muchachos/as.

Esto ocurre especialmente en la población latinoamericana menos europizada, la que tiene mayor apego por las tradiciones post-coloniales y católicas.

Los jóvenes están sometidos a una opinión muy influyente porque cuando se enamoran y se ven compelidos hormonalmente a ejercer su vida sexual, son aún muy dependientes emocional y económicamente de los padres.

Por eso digo que existe un corrimiento en la elección de pareja, novio, cónyuge o concubino.

La mamá, recién cuando su hija o hijo han crecido, están en condiciones de elegir novio. No para ella, sino para otro. Para sí misma no fue posible porque su mamá también la indujo a tomar o dejar determinada persona.

Solucionada la elección colectiva del novio, cónyuge, o lo que fuera, surge el segundo corrimiento de roles: Los mayores quieren nietos. Necesitan ser abuelos.

Otra vez comienza a funcionar el arte de persuadir para que los hijos se reproduzcan con el partenaire que ayudaron a elegir.

Recién ahí los abuelos pueden ser padres como siempre lo desearon: sin estar apremiados por la responsabilidad, con todo el tiempo del mundo porque seguramente estarán jubilados, con el derecho a consentir a los niños para que quede bien claro que los «buenos» y liberales son los abuelos y que los «malos» y policíacos son los padres.

Cuando los hijos de esta pareja sean grandes, probablemente repitan la historia. Harán lo que siempre quisieron hacer y no pudieron, esto es, elegir una pareja (sin hacerse cargo de las consecuencias) y educar niños (sin hacerse cargo de las consecuencias).

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jueves, 19 de noviembre de 2009

¿Muñeca o pelota?

Imaginemos una familia que vive en una zona rural.

La constituyen el padre, la madre, un niño y una niña.

El padre se dedica a atender las tareas del hogar (cocinar, limpiar, cuidar a los niños) y la madre se dedica a la producción agrícola-ganadera del campo en el que viven (conduce un tractor, dirige a los empleados, faena animales para el consumo familiar).

¿Cuál podrá ser la orientación sexual de estos niños?

Muchos podrían pensar que en sus mentes inmaduras podría estar generándose una gran confusión.

Hasta donde he podido averiguar, nuestra conducta depende mucho de nuestro funcionamiento orgánico en su interacción con el medio social.

Las características corporales pueden ser de varón o mujer pero nos percibimos íntimamente como tales o al revés.

De la combinación de nuestras características orgánicas con el entorno surge nuestra conducta sexual predominante.

Si el entorno nos ama (protege, mima, aprueba) heterosexuales, seguramente lo seremos. Si nos ama siendo homosexuales, procuraremos serlo porque la necesidad de amor (protección, cariño, aprobación) es imprescindible para sobrevivir.

Y retomando aquella familia del principio, podemos decir que estos niños tendrán su opción sexual determinada por cómo sean preferidos por la sociedad (que en este caso está representada sólo por los padres y un hermano).

Los niños podrían pensar para sus adentros: «Si soy heterosexual me quieren. Entonces lo seré». O, por el contrario: «Si soy gay (o lesbiana) me quieren. Entonces lo seré». De modo similar: «Si observo que lo mejor para que me quieran es ser bisexual, no dudaré en serlo».

Mi opción sexual es uno de los precios que pago para ser aceptado, querido, mimado.

Sería muy conveniente que tanto los pensamientos interiores como las actitudes de quienes nos rodean fueran conocidos para poder influir sobre ellos, pero lamentablemente no lo son.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Pablo Picasso pregunta:

El artista español Pablo Picasso (1881 - 1973) dijo: "A los doce años sabía dibujar como Rafael, pero necesité toda una vida para aprender a pintar como un niño."

Esta frase nos llama la atención por dos motivos: porque la dijo alguien famoso y porque nos demuestra por qué no somos famosos.

Nos golpea justamente en el sentido común del que tanto nos enorgullecemos.

Leer esta idea de alguien que accedió al sitial de los indiscutibles, nos interpela:

— ¿Los niños pintan mejor que los adultos?

— Los años de estudio de pintura, ¿no mejoran sino que empeoran al estudiante?

— Si continuamos aplicando el sentido común, ¿estaremos cada vez peor?

No sé que habría que responder.

Pero lo bueno de estos acertijos es que nos hacen pensar y de esta forma interrumpimos la inevitable atrofia producida por la costumbre de delegar esta función.

Los niños no son tan conscientes de la muerte como los adultos.

Ellos corren riesgos que los adultos no corremos. Tenemos que cuidarlos porque su vida está constantemente en peligro.

El miedo a la muerte (o a cualquier pérdida que nos la recuerde) nos quita flexibilidad, nos endurece, nos mantiene siempre en estado de alerta angustiada.

Los adultos necesitamos hacer grandes esfuerzos para superar este miedo a las pérdidas (complejo de castración).

Los niños son vulnerables por su inmadura complexión física y por su desconocimiento de los riesgos.

Los adultos somos quebradizos (frágiles) por un exceso de miedo a las pérdidas y la consiguiente falta de flexibilidad.

Quizá él quiso señalar cuánto trabajo nos da volver a ser tan flexibles como un niño.

Otra de sus frases célebres dice: "Lleva tiempo llegar a ser joven."

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martes, 17 de noviembre de 2009

Los coleccionistas de miradas

En un artículo recientemente publicado con el título Mírame por favor les comentaba cómo necesitamos ser mirados.

Ahí mencionaba que pertenecer a comunidades virtuales como FACEBOOK nos permite tener la ilusión de que somos mirados aunque quizá eso no suceda.

Otra intento de ser mirados consiste en figurar como «contacto» de Messenger de muchas personas.

A su vez —dentro de esta modalidad—, podemos conectarnos y desconectarnos muchas veces para que nuestra imagen aparezca repetidas veces en el monitor de los que nos aceptaron como «contacto».

Estas son formas benignas de ser mirados. Existen otras más complejas y hasta peligrosas.

La mirada de asombro o de susto es una mirada más valiosa para los fanáticos coleccionistas de miradas.

Si logramos asustar a quien podría mirarnos, es probable que podamos despertar esa mirada de miedo que tantos nos gratifica.

Para ello están todas las variantes del chantaje emocional que muchos coleccionistas practican con sus seres queridos (esto de queridos podría ser una ironía).

La salud frágil, la enfermedad crónica o la accidentalidad de ciertas personas podrían estar al servicio de este afán por conseguir la mirada de los demás.

Una y otra vez se repite la historia en la cual el coleccionista de miradas hace saber a sus proveedores de miradas que están corriendo algún peligro.

La víctima-proveedora de miradas angustiadas no sabe cómo zafar de esta situación porque el compromiso incluye grandes cantidades de aspectos éticos como pueden ser la solidaridad, el amor filial o el compañerismo.

El sentimiento de culpa juega un papel principal en este juego perverso. La víctima-proveedora suele ser alguien que goza sintiéndose protagonista, protectora o responsable de la vida del coleccionista de miradas.

La situación es perdurable porque ambos, de una u otra manera, gozan sufriendo.

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lunes, 16 de noviembre de 2009

Mis moléculas aman a las tuyas

¿Existe algo que podamos hacer para cambiar el curso de los acontecimientos?

Desde mi punto de vista, no.

¿Entonces para qué escribo tantos artículos con opiniones e información si de todos modos nada podría cambiar?

La respuesta es que no puedo dejar de hacerlo, así como usted no puede dejar de leerlo y si lo que acá lee modifica algo de su vida, tampoco podrá evitarlo.

Nuestra capacidad de entender es muy escasa. Vemos los acontecimientos como a través de un tubo: la percepción visual e intelectual está recortada a un mínimo segmento de esa realidad.

Cuando terminamos de ver algo para ver el segmento siguiente, ya cambió el anterior o nos olvidamos de la mitad de lo que allí habíamos percibido.

Con esta capacidad comprensiva tan rudimentaria, no podemos entender (abarcar) la enorme cantidad de factores por los cuales en este momento no puedo evitar escribir esto.

La idea es que esta cantidad de moléculas móviles, cambian de lugar, de función y quizá hasta de forma para conformar cada situación instantánea.

Un ejemplo gráfico sería la proyección de un film «cuadro por cuadro», a gran velocidad, representándose en cada cuadro una determinada ubicación de cada molécula y por tanto una determinada situación del universo entero.

Dentro de este universo estamos usted y yo, sujetos a cómo se dispongan las moléculas que nos componen y que provocan que en este instante yo escriba esto y que usted ahora lea esto.

El resto de esta concepción de la realidad surge por simple deducción.


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domingo, 15 de noviembre de 2009

El hombre dividido

Él — Así como me ves, soy ventrílocuo.

Ella — ¿Qué es eso?

Él — Que puedo hablar por mí y por otro.

Ella — Ah, sí, como esos que tienen un muñequito que parece estar vivo. ¿Dónde está tu muñequito?

Él — Mi muñequito debe mantenerse oculto porque nuestra cultura prohibe exhibirlo en público.

Ella (riéndose) — Creo entender por dónde viene tu explicación. ¿Qué dice tu muñequito?

Él (sin mover los labios, con vos grave y tono atrevido) — Me gusta tu cuerpo.

Ella (riéndose) — ¡Oh, no se anda con vueltas!

Él — Es uno de los problemas que tengo. Dice exactamente lo que piensa.

Ella — Realmente es un problema porque eso está tan prohibido como la desnudez.

Él (sin mover los labios ...) — Quiero besarte los muslos.

Ella (alarmada) — ¡Cuidado con lo que haces!

Él (muy ruborizado por la vergüenza) — Tranquila, no podrá escapar.

Él (sin mover los labios ...) — ¿De qué hablas estúpido reprimido? Si te mueres de ganas de estar con ella y hacerle el amor.

Él - No le hagas caso, es medio psicópata.

Ella — ¿Eres gay?

Él — ¡No,no! ¡Nada de eso!

Ella — Creo que tienes un problema psicológico. Estás disociado. Deseas una cosa y dices otra.

Él (sin mover los labios ...) — ¡Bien dicho! ¡Así se habla! Quiero besar todo tu cuerpo.

Ella (molesta) — ¿Pero qué es todo esto? Tu estás un poco loco. Me asustas.

Él — Tranquilízate, es una situación difícil para mí también. Compréndeme.

Ella (más tranquila) — Aunque reconozco que me sorprendes. Nunca me habían abordado de esta manera tan original.

Él — No sé cómo disculparme contigo pero te confieso que a mí también me gustas mucho.

Ella (con una sonrisa pícara) — ¿Que tal si nos reunimos los tres en algún lugar más discreto?

Él — ¡Aceptamos!

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sábado, 14 de noviembre de 2009

El cuerpo espiritual

Desde principio del siglo pasado existe una progresiva preocupación por el cuidado corporal.

— La conversión del deporte en hábito social,
— el creciente aprecio de la salud individual y colectiva, tan abrumadoramente manifiesto en lo que gastan los pueblos para conservarla y mejorarla,
— la consideración a un tiempo estética y ética de la alimentación,
— el estilo casi religioso de los movimientos ecológicos,
— la amplia difusión del yoga y otras técnicas de meditación,
— los variados rituales de acicalamiento, protección, decoración (tatuajes, pearcings), estimulación con masajes

¿no procura convertir a nuestro cuerpo en algo casi místico (y por lo tanto espiritual, sagrado, venerable)?

A un artículo publicado en febrero pasado con el título La cenicienta y los psicofármacos lo concluía con el siguiente párrafo:

« Nosotros necesitamos creer en la inmortalidad porque no aceptamos la muerte definitiva, las religiones toman este imperativo que le imponemos y prohíben suponer que la psiquis es orgánica, las neurociencias avanzan con ese palo puesto en la rueda y por eso la psiquiatría es la cenicienta de la medicina.»

Ahora es oportuno mencionar que desde principio del siglo pasado también espiritualizamos el cuerpo con lo cual estaríamos ganando la posibilidad de imaginar que, no solo el espíritu es inmortal sino que también podría serlo este cuerpo divinizado, híper cuidado, endiosado junto a la ecología, embellecido para que su aspecto sea lo más IDEAL posible (recordemos que «las IDEAS no mueren»).

En suma: es probable que eso que hacemos desde que nacimos (porque ningún lector nació a principio del siglo pasado) y que para todos es tan natural, no deja de ser algo estimulado por una fantasía: la de volvernos inmortales a toda costa.

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viernes, 13 de noviembre de 2009

¡Cuidado que llegué yo!

Les decía en el artículo titulado El valor de lo que se puede robar que los fabricantes de celulares (y muchos otros objetos) se aseguran de que haya ladrones interesados en robarlo para aumentar su cotización (comercial y afectiva).

Otro día les decía en el artículo titulado «Me robaron el segundo iPhone» que un cónyuge fiel se desvaloriza y hasta puede resultar aburrido.

Una de las tantas humoradas famosas de Groucho Marx (1890 - 1977) dice: "No deseo pertenecer a ningún club que acepte como socio a alguien como yo".

Agrego otro ejemplo que es tan paradójico como los anteriores: Cuando consultamos a un experto, necesitamos no entenderle lo que nos dice.

Efectivamente, si lo que él nos dice es de fácil comprensión, nos ataca un tsunami de escepticismo, desconfianza y hasta paranoia.

Parafraseando a Groucho Marx, nuestra inteligencia quizá diga: «No confió en alguien que yo pueda entender».

Estos ejemplos señalan nuestra vocación por realizar selecciones adversas, nuestra predilección por lo menos conveniente.

En otro artículo anterior titulado Mala puntería les decía que el efecto óptico llamado refracción (por el que un objeto sumergido en el agua lo vemos en un lugar distinto al que ocupa realmente) es un buen ejemplo de cómo necesitamos corregir aquello que vemos y de modo similar, aquello que pensamos (o elegimos) cuando somos influidos por estas equivocaciones que cometemos con total naturalidad.

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