lunes 6 de julio de 2009

La felicidad incompleta

Después de un proceso que lleva bastante tiempo, alguien puede llegar a sentirse psicológicamente sano cuando se convence de que no existe un ser humano carente de angustia.

Que usted lo lea en este artículo no le va a servir más que para darse por enterado de que existe una forma de sentirse bien. Más que «de sentirse bien» debería decir «de sentirse no tan mal».

Los libros de autoayuda mienten cuando le dicen a los lectores que «querer es poder», que a fuerza de voluntad se puede conseguir la felicidad. Todos están escritos de tal forma que cuando lo estamos leyendo creemos saber cuál es la fórmula infalible para ser felices.

El devenir de los acontecimientos nos demuestra que «casualmente a mi» esa receta no me dio resultado. Imaginamos que es algo personal, que a todos los demás lectores les cambió la vida. «¡Qué casualidad que yo haya sido la única excepción! »

Varias veces volví sobre nuestra idea de que «las comparaciones son odiosas» (1) y en este caso lo que tengo para comentarles es que luego de mucho trabajo, el analizante descubre en su intimidad que había observado mal: No es verdad que esta angustia existencial se pueda eliminar como creía que otros la quitaron de sus vidas. No se puede eliminar. Siempre está ahí en TODOS los seres humanos.

Nos equivocamos en la observación porque necesitábamos hacerlo para poder sostener la ilusión de que es posible vivir siempre felices. Percibimos mal a propósito, para seguir teniendo la esperanza.

Podemos mejorar nuestra calidad de vida si aceptamos que la felicidad que imaginamos en los demás es pura ilusión. Vivir da trabajo, produce molestias y se vive mejor aceptando que la felicidad completa no existe.

(1) - Obama y yo somos diferentes; Comparadas conmigo, sois feas y
Las comparaciones son amorosas


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domingo 5 de julio de 2009

El rebote de la curiosidad

Cuando abandoné el análisis sentí que tenía que darle una explicación pero la realidad es que no supe qué decirle.

Como el tiempo todo lo arregla ahora sí puedo volver, con otra perspectiva de las cosas, con otra filosofía de vida aunque desesperado como podrá notar.

Usted debería admitir que no estuvo muy acertado al tratar de disuadirme en el intento de investigar por mi cuenta quién y por qué habían asesinado a mi madre sin dejar rastros, sin violencia física, sin haber robado nada de todo lo que tenían para llevarse.

Todavía siento en el estómago la furia que me provocó al decirme que «no me convenía investigar», que dejara el asunto en manos de la policía y la justicia, que, por supuesto, al mes se habían enfrascado en otros casos con mayor cobertura periodística.

El hecho es que me puse a buscar por mi cuenta hasta dar con el maldito culpable y eso me tomó estos seis años.

Mi vida cambió totalmente, he aprendido mucho del ser humano, me puse en contacto con personas que ningún novelista sabe aún que existen, pagué honorarios muy altos por consultas a investigadores que me vendieron hipótesis sobre qué pudo haber sucedido para que mi madre fuera asesinada tan limpiamente.

Tuve momentos en los que me acordé de su extraño e irritante consejo de no embarcarme en semejante emprendimiento, pero algo dentro mío me renovaba la fuerza. Cuando creía haber agotado todas las posibilidades, al despertarme por la mañana o en la ducha, se me ocurría alguna nueva idea que me faltaba investigar.

He gastado una fortuna y cada vez me quedan menos recursos económicos pero tengo que reiniciar mi análisis urgentemente y —aunque me da vergüenza decírselo— tengo que pedirle la mayor moderación posible en sus honoraros porque necesito sesiones diarias.

Días pasados falleció la hermana de mamá. A último momento me dijo que mi madre contrató un asesino profesional porque el remordimiento por nuestras relaciones íntimas la atormentaba cada vez más.

Hubiese preferido no saberlo.

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sábado 4 de julio de 2009

¡Desvístete y habla!

Es cierto que muchas personas temen (¿tememos?) concurrir al médico por pudor, porque mostrar en un lugar discreto el cuerpo a una persona desconocida dispara ciertas fantasías sexuales más preocupantes del lado del paciente que del lado del médico.

Los pacientes solemos padecer algunas ideas que al médico quizá ni se le ocurran y eso es lo grave. Parte de nuestras preocupaciones morales por la desnudez en la consulta surge de que desearíamos ser deseados por ese importante personaje. No querríamos que valore a nuestro amado cuerpo como si fuera uno más.

Sin embargo la causa consciente de nuestro temor también es verdadera: el médico puede descubrir alguna falla en nuestra salud que comience a preocuparnos a partir de que él nos la comunique.

Con todo sigue siendo más fácil desnudarse delante de un desconocido que hablarle a un desconocido que se nos presenta como psicólogo.

Lo grave de esta segunda situación consiste en que esta persona nos va a escuchar.

Aunque es lógico pensar que todos hablamos para que se nos escuche, sin embargo es menos preocupante cuando nuestro auditorio nos presta una atención superficial.

El psicólogo —por suerte y por desgracia— nos presta atención, nos escucha atentamente, probablemente perciba la desnudez de nuestro deseo, de nuestras aspiraciones, de nuestros tabúes, preferencias, sentimientos, intenciones, estrategias, secretos, verdades inconfesables (homosexualidad, venganza, odio, amores prohibidos, perversiones).

Si bien es absolutamente imposible que podamos decir algo que no sea propio de un ser humano, en nuestra fantasía tenemos el temor de ser demasiado monstruosos, degenerados, transgresores, pecadores imperdonables, delincuentes.

En todo el artículo está presente un sólo tema con sus derivaciones: las fantasías.

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viernes 3 de julio de 2009

¿Qué desean las mujeres?

Las mujeres me llaman poderosamente la atención y les dedico gran parte de mis reflexiones psicoanalíticas.

En términos generales considero que el mayor obstáculo para entender qué nos pasa a los seres humanos es el «sentido común».

Los avances tecnológicos y filosóficos se han logrado cuando alguien pudo ver más allá de lo que «es lógico pensar».

Para poder pensar en términos psicoanalíticos hace falta correr el riesgo de perder la cordura y ser castigado por la opinión pública que sólo adhiere al famoso «sentido común» como si fuera una ley de hierro cuya transgresión justifica el castigo con los peores tormentos.

Corriendo todos esos riesgos es que ahora les comento algo que pienso de las mujeres.

La naturaleza funciona sola generando fenómenos de toda índole por una especie de inercia programada. Existen causas y efectos encadenados desde siempre y que raramente fallan. Una de esas cadenas causales es la conservación del fenómeno «vida» instalado en tan diversas especies.

La mujer posee el más alto porcentaje de protagonismo en la conservación de nuestra especie y eso la condiciona para desear ser madre durante toda su vida, aunque la cultura y las circunstancias la obligue a moderar la satisfacción de su instinto.

Por eso pienso que permanentemente desean inspirar en los hombres la pasión descontrolada de fecundarlas.

Cuando por alguna razón (cultural, coyuntural, orgánica) no logran desatar esa pasión fecundadora en los hombres (de uno, de varios o de todos), se sienten profundamente frustradas, eso las desvitaliza, las pone tristes, irritables, con inestabilidad emocional, desdichadas. Tal como solemos encontrarlas salvo que se maquillen el rostro tanto como el ánimo.

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jueves 2 de julio de 2009

La astrología autoconfirmada

Usted ya habrá notado que la forma de tratarse entre las personas genera reacciones previsibles.

Por ejemplo, cuando un vendedor se nos acerca con actitud amigable, demostrándonos cuánto le satisface nuestra visita a su comercio, es casi seguro que sintonicemos (concordemos, copiemos, adecuemos) con su estado de ánimo y también lo tratemos con amabilidad.

En gran medida nos influimos mutuamente.

Imaginemos otra situación: Estela quiere que su amiga Nancy conozca a Rafael, su hermano soltero. Le adelanta que es un hombre muy agradable, seductor, divertido pero incapaz de involucrarse afectivamente.

La información recibida por Nancy la predispondrá a tratar a Rafael como ella trata a los hombres «agradables, seductores, divertidos pero incapaces de involucrarse afectivamente».

Al tratarlo de esa forma, probablemente él sintonice con el estado de ánimo de Nancy y se muestre como una persona «agradable, seductora, …».

En suma, tanto Rafael como Nancy, se formaron opiniones recíprocas influidas por la descripción de Estela (quien los presentó).

Este fenómeno es el que se produce cuando alguien trata a otro guiándose por la descripción de personalidad que la astrología sugiere para cada signo zodiacal.

Resumiendo: 1) Trato a los demás según lo que pienso que son (buenos, irritables, divertidos, desconfiados, etc.); 2) Los demás reaccionan en concordancia con mi forma de tratarlos; 3) Con este resultado, confirmo que «lo que pienso que son» es verdadero; 4) Quienes «se informan» en la astrología para «saber» cómo es el otro, terminan creyendo que ésta es una ciencia confiable.

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miércoles 1 de julio de 2009

«Si no lo veo, no lo creo». «¡Ja-Ja!»

Detrás de la magia (1) es el nombre de una serie de programas televisivos donde un mago enmascarado se atreve a develar cómo hicieron para hacernos creer tantas cosas increíbles desde hace siglos.

Algo que me llama la atención de esta serie es que al recomendarla a varios amigos, muchos me informaron que prefieren no enterarse de esos secretos.

En última instancia éste es un hecho menor porque «sobre gustos no hay nada escrito», sin dejar de subrayar que personas normales e inteligentes prefieren no saber algo.

Para mí es un espectáculo fascinante y siempre he tratado de descubrir cómo hacían para cortar el cuerpo de una mujer sin que ésta deje de sonreír, o cómo alguien desaparece en menos de cinco segundos sin dejar rastros.

Ahora que sé cómo puede salir un conejo de una galera me asombro de no haber descubierto el procedimiento.

Bueno, en realidad no es que me asombre, más bien me alarmo, me escandalizo y quedo altamente perturbado al imaginar cuántas cosas me están haciendo creer sin decirme que es un espectáculo de ilusionismo.

Porque el dispositivo con doble fondo, la actuación de hermanos gemelos, los espejos convenientemente ubicados, la velocidad de las manos superior a la de mi vista y no muchos recursos más, pueden hacerme «ver» y «creer» fenómenos insólitos, pero sólo por divertirme.

Después de ver esta serie de documentales me pregunto cuántas cosas me están haciendo «ver» y «creer» pero sin el ánimo de divertirme.

(1) – Hice la consulta con Ares y se mostraron dos archivos .avi que podrían contener este material de video.

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martes 30 de junio de 2009

La culpa ¿nos ayuda?

Si usted está de acuerdo conmigo en que la alegría y la risa son beneficioso para la salud, podríamos avanzar un poco más y pensar que otros estados de ánimo (alegría) con su correspondiente repercusión orgánica (risa) también podrían serlo.

Es casi seguro que nadie hace las cosas porque sí y que toda actitud está encaminada a conservar la vida ... aunque nuestro sentido común pueda decirnos lo contrario.

En este caso estoy pensando en los sentimientos y repercusiones orgánicas negativos. Más específicamente «la culpa».

Me llama la atención que aparezca sin motivo suficiente y causando una fuerte mortificación.

Muchas molestias están al servicio de nuestra salud, conservación, supervivencia.

La picazón, escozor o prurito molestan pero el rascado que nos impone puede ser un masaje necesario para activar la circulación periférica y, por ejemplo, acelerar un proceso de cicatrización.

Algunas personas sufren precisamente porque no pueden llorar. La angustia, la tristeza, suelen disminuir si podemos llorar. El llanto nos descomprime.

Un preocupante desmayo hace que la persona adopte una posición horizontal (al caerse) permitiendo que la irrigación de sangre al cerebro sea posible aún con muy baja presión sanguínea.

Si no fuera por el dolor, podríamos perder parte de nuestro cuerpo quemado por el fuego u otro agente destructor de tejido.

Seguramente hay más ejemplos en los que un sentimiento negativo y un dolor físico son proveedores de soluciones.

Esto me lleva a suponer que las personas que padecen intensos sentimientos de culpa de alguna manera se están beneficiando porque el instinto de conservación siempre nos impone actitudes alineadas con la vida y porque ya conocemos otros malestares beneficiosos.

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