Justicia paralela
Ciudadano — Hola Perdomo, vengo a preguntarte qué pasa con la licitación del Casino de Puente Viejo.
Jerarca — ¡Yo que sé! Es un tema administrativo. Esas cosas caminan solas. ¿Qué duda tenés?
Ciudadano — La licitación la gané yo pero cuando fui a hablar con el Intendente de Puente Viejo me dijo que había venido una orden de arriba de parar todo.
Jerarca — ¡Cómo! ¿Orden de arriba de quién?
Ciudadano — Supongo que del Gobernador.
Jerarca — Esperá un momento. Silvana: comunicame con el Gobernador.
Jerarca — Hola Pancho, Perdomo, ¿qué pasa con la licitación del Casino de Puente Viejo? ¿Vos ordenaste parar todo? …… ¿Quién te presionó? ……… ¿Estás seguro de lo que me decís? Mirá que corto contigo y lo llamo para preguntar ……… Bueno, bueno, está bien Pancho, quedate tranquilo. Gracias. ¡Chau!
Jerarca — Silvana: comunicame con el Baluarte Partidario.… ¡Hola papá, sabés algo de la licitación del Casino de Puente Viejo! …… ¡Ajá! ¿Y ella qué tiene que ver? …… ¡Ajá! (bajando mucho la voz) Pero papá esa pendeja no puede estar influyéndote de esa manera. Tengo acá al que ganó la licitación y está recaliente porque le dijeron que había ido todo para atrás. Bueno, bueno, está bien, no te enojes que te hace mal, está bien, quedate tranquilo que ya se me ocurrirá algo. Chau papá, chau, chau, sí, quedate tranquilo.
Jerarca — (dirigiéndose al Ciudadano) ¡Malas noticias! Parece que hace unos años hubo algún problemita entre usted y Patricia Sureda.
Ciudadano — ¿Qué tiene que ver en todo esto esa puta barata que tuve que sacar a patadas de mi casa?
Jerarca — No sé cómo decírselo, pero resulta que esa «puta barata» es la esposa de mi padre. De hecho es mi madrastra. Comprendo su desconcierto pero convengamos en que a usted la suerte no lo está ayudando mucho.
Ciudadano (sonriendo) — ¡Ja! Algo de esto me habían advertido. Vine preparado para que usted me lo confirmara. En la vida se gana y se pierde. Lo peor es perder la vida. Jaja.
Había anochecido. El Ciudadano salió del edificio, atravesó una avenida muy ancha, se sentó en un banco público mirando hacia la ventana de la oficina donde estuvo, digitó un número en el celular y vio cómo volaron los vidrios de los ventanales. Sonrió y volvió a decirse: «Lo peor es perder la vida. Jaja».
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