jueves, 8 de agosto de 2013

Los celos injustificados




Casi todas sienten celos injustificados porque se equivocan. Por creerse idénticas a las demás suponen que otras elegirán al mismo varón.

Es probable que yo esté equivocado, pero igualmente probable es que esté en lo cierto. La verdad no se valida por la cantidad de creyentes, no es por consenso que convertimos una hipótesis, una teoría, una creencia, en verdad confirmada.

Sin embargo, como tenemos instinto gregario y como dependemos de ser amados, en muchas ocasiones dejamos de lado la rigurosidad intelectual y adherimos a una cierta idea como verdadera por el único motivo de sentirnos más próximos a los seres queridos que también piensan lo mismo.

A veces defendemos con pasión algunas ideas, creencias, ritos, partidos políticos, ideologías, porque otros seres queridos también las defienden. En vez de apoyar aquello que nuestra propia inteligencia ha validado nos afiliamos a una cierta postura como quien se casa y pasa a ser el hijo político de los padres del cónyuge.

En otras palabras, algunas personas adhieren emocionalmente a ciertas ideas y también emocionalmente, por amor, como un acto de fe, las defienden con el mismo fervor que merece ser defendida una verdad incuestionable.

En varios artículos (1) he propuesto la idea de que las mujeres, cuando necesitan ser madres, eligen con precisión a quien será padre de sus hijos, mientras que los varones aman a la mujer que los elija y si lo eligen más de una simultáneamente (algo que muy pocas veces ocurre) tendrá dificultades para copular solo con una de ellas.

Una mujer padecería celos justificados si constatara que otra mujer casualmente quiere al mismo varón que ella para padre de sus hijos.

Sin embargo casi todas sienten celos injustificados porque se equivocan: como se imaginan idénticas a las demás mujeres creen que todas elegirán al mismo varón que ellas.

 
 
 
(Este es el Artículo Nº 1.983)

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