lunes, 3 de junio de 2013

La traición del mejor amigo



 
Los celosos procuramos la traición del ser amado porque amamos más aquello cuya posesión es dudosa pues la seguridad nos aburre.

Los triángulos amorosos han dado abundante inspiración a los novelistas, no solo para expresar su arte sino también para darle trámite a sus propios complejos amatorios porque los escritores, vale repetirlo, son seres humanos.

En El Quijote se incluye una novela corta titulada El curioso impertinente (1).

Se cuenta en ella la gran amistad entre dos hombres llamados Lotario y Anselmo, y la esposa de este llamada Camila.

Con mentalidad «siglo 21», cualquiera desconfiaría de la heterosexualidad de aquellos muchachos, pero en aquella época la gente era más ingenua o menos neurótica.

El asunto es que los grandes amigos cursaron un período de ajuste de sus respectivos sentimientos recíprocos porque la moral obligaba al soltero que se apartara del recién casado, pero Anselmo era muy curioso, muy impertinente y también excesivamente celoso.

Estas particularidades lo indujeron a pedirle un gran favor a su amigo Lotario: que pusiera a prueba la fidelidad de Camila tratando de seducirla.

Al principio el seductor improvisado fue rechazado por la esposa fiel, pero como El curioso impertinente no quedó conforme con la intensidad de la prueba, le pidió a su amigo del alma que insistiera más y más.

A esta altura cualquier lector estaría deseando que Camila cediera al acoso del «mejor amigo de su esposo» y a Cervantes se lo valora porque nunca defraudó a sus clientes: Camila tuvo sexo con «el mejor amigo de su esposo» y todo terminó de la peor manera..., para no defraudar al lector.

Los celosos contemporáneos son, o somos, como antes: procuramos la traición de quien esperamos una fidelidad máxima. ¿Por qué? Porque amamos con más pasión aquello cuya posesión tenemos en duda pues la seguridad nos aburre.

 
(Este es el Artículo Nº 1.917)

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