lunes, 22 de julio de 2013

La agresividad y la conservación de la especie

 
Quizá la Naturaleza nos necesita más agresivos porque el consumismo nos ha vuelto apáticos hasta para conservar la especie.

Todos los puntos de vista son interesantes, aunque algunos más que otros.

Son más interesantes aquellos que ratifican nuestras creencias y menos interesantes los que las cuestionan.  Si además de interpelarlas, se oponen, las descalifican o las ignoran, esos puntos de vista se convierten en antipáticos.

Paradójicamente, la oposición radical, enojada, combativa, es mucho más interesante que la indiferente.

La confrontación excita nuestra natural dualidad, ambivalencia, duplicidad, incoherencia. Los adversarios nos ponen de mal humor, pero ¡cuán útiles son! Si ellos supieran cuánto benefician a sus enemigos quizá moderarían los ataques.

El acoso, importunación, también llamado bullying, siempre existió, pero en la actualidad parece más grave, agudo, preocupante.

Siempre existió dentro de los grupos combatientes, entre gente preparada para la defensa armada del país, para el combate de la delincuencia, para neutralizar los ataques terroristas.

Para estos profesionales de la violencia es natural, divertido, pero también necesario.

El trato entre superiores y subordinados es grosero, rudo, áspero, despótico, irritante. Las bromas entre los de la misma jerarquía son de mal gusto, despiadadas. El concepto de diversión es bastante diferente al de los ciudadanos civiles.

Pero repito: este clima laboral, estudiantil y profesional es parte de la formación.

En la sociedad civil era más escaso, pero ahora aparece con mayor frecuencia y preocupa a los padres, maestros, autoridades encargadas del orden público.

Un motivo de esta sensación colectiva está determinado, o por lo menos favorecido, por la mayor información habitualmente circulante.

Otro motivo podría estar dado porque el exceso de comodidades, propio de la modernidad, nos está atrofiando peligrosamente.

Quizá la Naturaleza nos necesita más agresivos, atentos, crispados, porque el consumismo nos ha vuelto indolentes, gordos, sin ganas de conservar la especie.

(Este es el Artículo Nº 1.966)


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