sábado, 1 de noviembre de 2008

Un traspié no es caída

Es popular el rechazo a la consulta psiquiátrica. Muchas personas la evitan alegando que no están locos para tener que hacerlo.

La angustia puede llegar a ser muy dolorosa. Por ejemplo, el ataque de pánico es un miedo difuso y continuado que disminuye drásticamente la calidad de vida.

Los psiquíatras apoyan casi toda su eficacia en la administración de medicamentos que alteran el funcionamiento mental propiciando alteraciones que mejoren la situación del paciente.

Le pongo un ejemplo extremadamente sencillo. Una persona está haciendo la limpieza de su casa y sin querer tira al suelo un portarretrato. Lo levanta y reubica en el lugar donde siempre estuvo. Todo vuelve a la situación anterior.

Los padecimientos psíquicos suelen ser algo parecido aunque se viven con una sensación subjetiva de tragedia. Por ejemplo, la imagen social de alguien se ve cuestionada por un error cometido en el trabajo (el portarretrato cae al suelo). La vergüenza, el miedo a perder el trabajo, la culpa y muchos sentimientos asociados, convierten el hecho en algo verdaderamente trágico (aparecen episodios de pánico).

Una consulta al psiquíatra restablece en unas cuantas semanas la tranquilidad perdida. El nuevo estado mental logrado permite al paciente relativizar la importancia de aquel error en el trabajo y así recupera su calidad de vida perdida (el portarretrato vuelve a ubicarse donde estaba).

Obtenida la reubicación mental, será posible ir disminuyendo las dosis hasta prescindir totalmente de ellas. Sólo quedará un mal recuerdo pero una buena experiencia: el paciente pudo relativizar la importancia de ciertas contingencias de la vida y pudo conocer una ciencia que le devuelve calidad de vida.

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19 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace años que no pueo dormir si no es por los remedios. Cuando se me terminan me pongo como loco.

Anónimo dijo...

Es una especialidad como cualquier otra, es decir, son todas horribles. Al médico y al dentista no se puede ir.

Anónimo dijo...

Muy linda la comparación de la caída de la autoimagen con la caida del retrato. Claro que no se repara tan fácil en un caso como en el otro.

Anónimo dijo...

Muy linda la comparación de la caída de la autoimagen con la caida del retrato. Claro que no se repara tan fácil en un caso como en el otro.

Anónimo dijo...

Para poder ir al psiquíatra primero necesitaría un pre-psiquíatra que me quite el trauma que tengo contra ellos.

Anónimo dijo...

¡Y ud le está haciendo propaganda a un competidor? Los psicoanalistas compiten con los psiquíatras.

Anónimo dijo...

Una vez tuve un ataque de pánico. Es una experiencia espantosa. Te sentís al borde del abismo, con un terror generalizado. Perdés completamente el control.

Anónimo dijo...

Soy un padecedor psíquico crónico porque tengo un sentido trágico de la vida. Mi madre es griega. Lo llevo en la sangre y viene de tiempos ancestrales.

Anónimo dijo...

Mi marido acostumbra pasar largas temporadas fuera de casa por motivos laborales. Cuando quedo sola me invade la ansiedad y aprendí a controlarla limpiando hasta el aire. A lo primero que le paso franela es a nuestra foto de casamiento. La última vez que Héctor salió de viaje se me desapareció la fotografía 3 veces. La primera vez traté de no darle importancia y a los pocos minutos la encontré arriba de la heladera. La limpié. Regué las plantas, fui a tomarla para ponerla en su lugar y se me desapareció por vez segunda. Traté de no darle importancia, pero esta vez no volví a encontrarla. Cuando mi marido volvió de su largo viaje, traía la foto con su portarretrato, en el bolsillo de su gabardina. "¿Pensabas que la habías perdido?". Yo le dije que sí, pero que estaba segura de que la encontraría y cuando la fui a tomar para ponerla en su lugar, ya no estaba. Y lo peor es que tampoco estaba mi marido, ni mi casa. Hasta yo misma ya no estaba.

Anónimo dijo...

Estoy con dolores musculares en la espalda. Debería tomar un relajante muscular, pero también debería ir al psiquiatra. Quizás el relajante me ayude...pero el problema es que cuando no se me inutiliza la espalda, se me pone rígido el cuello o se me dar por hablar en lenguas árabes.

Anónimo dijo...

La última vez que el psiquiatra me reubicó mentalmente me dejó en pampa y la vía, estuve caminando siete días sin ver un alma, el celular se quedó sin batería, los tábanos me comieron hasta la retina y cuando alcancé un pequeño centro poblado, nadie me dio bolilla por lo mal que olía.

Anónimo dijo...

Los portarretratos de mi casa se ubican solos cada uno en su lugar sin necesidad de que uno tenga que andar diciéndoles cuál es su sitio. El mío ya sabe que va arriba del water.

Anónimo dijo...

En mi trabajo los errores son imperdonables. No puedo más.

Anónimo dijo...

Cuando estoy triste trato de ver las cosas en perspectiva, no darme demasiada bolilla y alquilar una buena película. Sé que tiro la pelota para adelante, pero por ahora no puedo hacer otra cosa.

Anónimo dijo...

Mi dosis de medicación es sagrada. Nunca prescindiré de ella, a no ser que me la cambien por otra mejor. Una vez el psiquiatra me dijo que apelara a mis recursos internos porque la idea no era aferrarse a la medicación de por vida. Por hacerle caso, tuve que descubrir y asumir la delgadez extrama de mis recursos internos...

Anónimo dijo...

No voy a poner mi vida en manos de un culo roto que me diagnostique al vuelo, me empastille a su antojo y me interne cuando se le cante.

Anónimo dijo...

El día que el Profesor Girafales cambió de lugar el portarretrato de Doña Florinda, la muy perra se casó con el Chavo del Ocho.

Anónimo dijo...

Si en lugar de un simple traspié, tenemos cien pelotudas cagadas ¿podemos considerarlo como ud. dice? ¿valdrá la pena ir al psiquiatra? ¿habrá que matarse de una y listo? ¿será mejor no hablar del tema con nadie y asumir que uno es un simple y terrenal pato?

Anónimo dijo...

En unas cuantas semanas, también suele recuperarse el dinero invertido en medicamentos, órdenes, tiempo y transporte.