
Cuando velábamos el cuerpo de mi padre, mi hermano, entre sollozos oí que le contaba a un primo que ni él ni yo éramos hijos de nuestros padres. Que los dos habíamos sido adoptados cuando todavía éramos muy chicos.
Estuve sufriendo en silencio durante meses hasta que para curar la herida que me había provocado aquella revelación, me puse con una amiga a investigar cuál era mi verdadera historia.
Los pocos tíos que quedaban vivos estaban todos casualmente olvidados de cómo fue el trámite de adopción, dónde había nacido en realidad. Lo más importante para mí era conocer por lo menos a mi madre para preguntarle porqué me había abandonado.
Mi madre era 19 años más joven que mi padre y ambos habían nacido en el interior del país pero se conocieron y se casaron acá en la capital.
Yo los adoré hasta que me enteré de la adopción. Ella murió mucho antes que él a pesar de que era muy joven, pero le vino una de esas enfermedades que te llevan en poco tiempo.
¿Por qué tenían que mentir justo en ese tema tan importante para cualquiera?
— ¿Hubiera preferido no escuchar el comentario que hizo su hermano en el velorio de su padre?
— Nooo! Gracias a haber escuchado eso fue que comencé a investigar, investigar, investigar, hasta que pude saber qué fue lo que pasó en realidad.
Mi madre quedó embarazada siendo soltera pero los padres (mis abuelos) que tenían mucho prestigio y no querían quedar mal, en cuanto se enteraron de su embarazo se la llevaron lejos diciendo que haría un viaje de estudios pero lo que en realidad hicieron fue llevarla a una ciudad del país vecino, permitieron que diera a luz y donaron la bebita a una gente que deseaban adoptar.
Al poco tiempo ella se enamoró de otro hombre y con éste sí se casó. Una vez que le contó lo que le había pasado con su novio anterior y la bebita, él se dispuso a ayudarla para que intentara recuperar a su hija.
Así fue como volvieron a la ciudad donde había dado a luz y luego de un juicio muy agresivo de ambos contra la familia adoptante, lograron recuperar a la hija y volvieron triunfantes a comenzar una nueva vida, con una mujer que cada vez quería más a aquel hombre que le había devuelto algo tan preciado para ella.
Pues bien, esa bebita era yo. El que realmente es adoptado es mi hermano.
●●●