domingo, 27 de marzo de 2011

La última duda

Cuando empecé a tener noción de cómo eran los adultos, también empecé a tener cada vez más admiración por mi hermana un año mayor que yo.

Nuestros padres se divorciaron pero continuaron una amistad muy civilizada, aparentemente sincera, pero algo me perdí porque Sofía no paraba de discutir con ellos, con acusaciones y recriminaciones.

Llegué a pensar que estaba un poco loca pero continuaba admirándola porque yo hacía una especie de valoración romántica de los psicóticos. Como si estos fueran personas libres, prejuiciosamente incomprendidos, creativos, originales, contraculturales.

Cuando fuimos adolescentes mi hermana quedó embarazada de uno de sus compañeros de teatro. Estaba radiante, pasó las primeras semanas cantando, el hombre la adoraba y la colmaba de atenciones, pero un día desapareció de los lugares que solía frecuentar.

Sofía cayó en un pozo depresivo que provocó un cambio de actitud en mis padres. Ellos no paraban de criticarla cuando lucía feliz pero se volvieron sobreprotectores cuando la vieron tan decaída.

No pasó mucho tiempo sin que apareciera otro varón que la amara y que representara muy bien el papel de «padre incondicional de hijo ajeno».

Así pasó el tiempo, nació Macarena, fea y llena de pelos, pero a quien los años le sentaron de maravilla.

Casualmente (porque no tiene por qué ser así), fueron muy amigas con su madre y desde pequeña iban juntas a los ensayos, siempre nocturnos y madrugadores.

Macarena creció en ese ambiente, lo ama con pasión aunque sólo tiene talento como espectadora.

Sofía tenía amigos, amantes, novios, la relación con nuestros padres nunca mejoró, yo seguía admirándola por su audacia, siguió fumando aún cuando al gran rebaño le fue inducida una feroz hipocondría.

Parecía feliz, pero le tocó en suerte un cáncer de pésimo pronóstico, para deleite confirmatorio del rebaño y desdicha de otros.

Durante los últimos días nos dedicamos a conocernos mejor, le conté de mi admiración y también de mi envidia por su maravillosa personalidad.

No se arrepentía de nada aunque le quedaba una duda.

Cuando supo que Macarena era la amante de su padre biológico, se abstuvo de actuar como en las telenovelas.

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11 comentarios:

ana dijo...

Ud escribe muy bien.
Quizás pudiera escribir novelas .
Ganar dinero con ellas y educar a la gente, si encuentra un guionista y un canal de televisión...

Gabriela dijo...

Así que a Macarena se le negó el derecho a saber cuál era su padre biológico. Eso no parece muy educativo.

Elena dijo...

Muy bueno el cuento! Ud es un escritor desconocido, ojalá algún día llegue Colón a descubrirlo. O prefiere que no lo colonicen?

Iris dijo...

Si era psicótica, no era cuestión de que le faltaran algunos caramelos...

Rosana dijo...

Me quedé con ganas de saber si Sofía tenía algún amor.

Melissa dijo...

A mí mamá me llevaba a las reuniones de Tupper Ware. Con razón nunca encontró un varón que sustituyera a papá.

Fulgencio dijo...

Y Macarena le dio alegría a su cuerpo nomás.

Stephanie dijo...

Tuve la desgracia de caer en un pozo demasiado profundo, por eso ahora les hablo sentada en un rabo de nube.
Gente, el mal de amores es peligroso. No tengan miedo, pero vayan con precaución.

Matilda dijo...

Por qué adoramos con tanta persistencia a nuestros dioses, y dejamos de adorar al compañero, a la primera de cambio?

Morgana dijo...

La respuesta es sencilla Matilda: como reza la canción "los dioses no comen ni beben con lo robado".
Sé que mi respuesta te va a dejar pensando (qué quice decir), pero no me importa, hoy no estoy fácil y ni yo me entiendo.

Oriente dijo...

La gente de teatro que tiene el defecto de ser madrugadora, inmediatamente queda afuera de circuito.