domingo, 8 de febrero de 2009

Lo que va quedando

¿Durante cuántos cientos de horas habré estado mirando aquella caja toráxica enorme, fuerte, musculosa, apenas cubierta por una camisa semi transparente?

Las manos de dedos cortos y uñas grandes, un anillo con su monograma y otro con una piedra clara.

La foto habría sido tomada alrededor de 1960 en un lugar que desconozco. Me la regaló mi abuela y la tomé como la herencia de un modelo de hombre al que yo quería incorporar mirándolo ambiciosamente.

¿Por qué tanta necesidad de parecerme a mi padre? Muy fácil después de saberlo: Porque con ese tórax y esas manos habría conquistado nada menos que a una mujer como mi madre.

En una foto manualmente coloreada, ella lucía como una diosa del cine, con uniforme colegial, sonrisa amplia, serena, segura. Excepto la cara y las manos, todo lo demás estaba cubierto por la vestimenta. En mi fantasía yo tomaba los libros que ella abrazaba, los apoyaba sobre una silla, le quitaba el uniforme, la imaginaba rodeada por ese pecho y esas manos que podrían ser las mías.

Finalmente se produjo el encuentro con «el modelo de mi vida». En un lugar muy discreto, aquel monumento al hombre capaz de conquistar a la mujer de mis sueños, se notaba muy golpeado por la vida.

Aunque ya había pagado su deuda con la sociedad, alguien real o ficticio lo perseguía. Nos encontramos en un modesto bar próximo a los tugurios portuarios, y aquel tórax monumental se había ido, las manos eran delgadas y frágiles. Demoré unos minutos en convencerme de que ese era mi padre.

Lo que ahora recuerdo de este segundo modelo paterno es una intensa mezcla de aguardiente, loción de afeitar, pomada de zapatos y el olor de un varón derrochado.

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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué fuertes su insunuación-explicitación de los deseos incestuosos! No suelen estar de forma tan notoria.

Anónimo dijo...

Me gustan sus relatos por la brevedad, y estoy hablando seriamente. No aguanto carillas y carilla. Los abandono aunque vengan firmados por García Márquez.

Anónimo dijo...

Está lindo cómo ud pone climas apacibles en situaciones intensamente dramáticas.

Anónimo dijo...

Uauuu! Cómo te la juegas doc!! Qué directo al mentón va lo tuyo con el amor por tu madre! Bueno, del personaje quiero decir.

Anónimo dijo...

Lo que se ve en el relato, además de grandes amores y odios, es el ocaso de un héroe.
La rueda siempre está girando, sin parar.