
1) En muchos lugares de trabajo, donde la jefatura era ejercida por quien tuviera más experiencia en las tareas, cayó como un rayo la tecnología informática que convirtió en viejos decrépitos a los más antiguos y en genios de la nueva era a los más jóvenes.
2) Para poder vivir en una comunidad hace falta tener cierta confianza en quienes nos rodean. Aunque no sea para practicar un cooperativismo paradisíaco, es necesario poder asociarse, creer en la honestidad y sinceridad de quienes nos rodean. Es probable que esa fe en el prójimo esté muy debilitada porque está aumentando la cantidad de gente que confía más en algún dios y/o en una mascota. Ninguno de los dos son seres humanos.
3) En algunos países más que en otros, los movimientos populares participan con mayor energía facilitados por la democratización de la información. El correo electrónico y la telefonía móvil expanden más datos, ideas, intenciones, propuestas, resoluciones a nivel de sindicatos, grupos de interés y agentes opositores al gobierno de turno.
La química del poder está cambiando rápidamente en los lugares de trabajo, en las familias, en los movimientos sociales y eso influye sobre cada uno de nosotros.
El escenario en el que vivimos ahora es diferente al de hace apenas cinco años. Quienes entiendan las actuales reglas de juego y los nuevos códigos tendrán menos tropiezos y mejorarán su calidad de vida.
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