martes, 25 de febrero de 2014

Lo que debemos aceptar de la educación


Los estudiantes deben desarrollar, mediante ejercicios prácticos, la tolerancia a la frustración y otras dos cosas más, según comento más abajo.

Hay tres cosas que tenemos que aceptar, nos guste o no nos guste.

Mejor dicho: hay más de tres cosas que tenemos que aceptar, pero en este artículo no puedo hablar de todo lo que tendríamos que aceptar porque sería demasiado extenso. Además, yo no sé todo lo que tendríamos que aceptar.

Más exactamente: hay tres cosas que tenemos que aceptar en lo que a educación de las nuevas generaciones se refiere. O sea, solo escribiré algo sobre educación, hoy, siglo 21, febrero de 2014. Desde Uruguay. Sudamérica.

Esas tres cosas, son:

1) Los niños deben aceptar, sin envalentonarse, que el maestro o profesor pueden aprender de ellos. Ni los estudiantes son totalmente ignorantes ni los profesores lo saben todo. Quizá sean más las veces en las que los maestros enseñan a los alumnos, pero eso no significa que todo el tiempo deba ser así.

Por lo tanto, (y esto va para estudiantes y educadores): ninguno de los dos detenta el conocimiento en forma absoluta. En todo caso, los profesores suelen saber un poco más que los alumnos, pero a veces, los alumnos conocen algo que los educadores desconocen. Si los alumnos se engrandecen porque saben algo que el maestro ignora, deben aprender a no ser tan arrogantes, y si los maestros ignoran algo que los alumnos saben, deben aprender a no deprimirse, porque si lo hacen están demostrando que se creían seres superiores, en vez de trabajadores adiestrados para «enseñar a aprender» a las nuevas generaciones.

2) Para aprender a veces es imprescindible aburrirse, enojarse, rebelarse. Así como todos los niños tienen que soportar las inevitables enfermedades eruptivas, propias de su edad, también tendrán que soportar estudiar cuando tienen ganas de jugar y tendrán que soportar memorizar contenidos que no entienden para qué sirven.

La lluvia es un fenómeno natural inevitable y beneficioso, así que, los adultos debemos escuchar las quejas de los educandos como escuchamos el sonido de la lluvia. Después de todo, aprender a soportar las frustraciones les va a servir durante toda la vida. Los centros de enseñanza son gimnasios para tonificar la tolerancia a la frustración. Lamentablemente, muchos docentes de matemáticas gozan provocando más frustración de la que ocurrirá en forma natural.

3) Está muy bien que se respete la diversidad, los gustos, los talentos, los tiempos de evolución, pero hay algo que no se puede respetar y es que el proceso educativo es la formación de ciudadanos que terminarán integrando un gran equipo de trabajo, esto es, la fuerza productiva de la nación. Esos futuros jugadores del gran equipo tienen que, mínimamente, saber leer y escribir, comprender lo que leen y manejar las herramientas informáticas como manejan los cubiertos o el papel higiénico.

(Este es el Artículo Nº 2.150)


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