lunes, 22 de abril de 2013

Los profesionales son los estómagos de la sociedad



 
Si una sociedad fuera un cuerpo humano, cada profesión sería un estómago dedicado a ingerir y digerir los conocimientos de su especialidad.

Cierta vez pasé por la puerta del Aula Magna de la Facultad de Psicología, a la que concurrí y concurro desde hace décadas, y vi una escena infrecuente: el disertante tenía a su alrededor al auditorio que habitualmente yace adormilado en las butacas-cama que alhajan la sala.

El disertante era un joven vestido con traje y corbata, que habría pasado desapercibido en una facultad privada especializada en temas económicos, pero que en una facultad del estado, marcadamente izquierdista y desaliñada, era una mosca blanca.

El joven arengaba al cardumen de oyentes diciéndoles: «Acuérdense que ustedes son el estómago de la psicología. La sociedad los ha designado para que se coman cuanta idea psicológica ande por ahí. Son los responsables de digerirla para luego ponerla a disposición de las demás células ciudadanas, según cómo las demanden. Tienen que alimentar de psicología a los trabajadores, a los gobernantes, a los demás profesionales, a los jóvenes, a los adultos, a los viejos. Acuérdense y no lo olviden: ¡ustedes son los estómagos de los alimentos psicológicos!».

¡Genial, señor!

Podría ser interesante capitalizar este concepto tan original, especialmente por su estilo metafórico.

No solamente los psicólogos somos los estómagos de la psicología sino que cada profesional lo es de su propia especialización.

Felizmente esto no es difícil de lograr porque cada uno termina dedicándose a la tarea que le aporta mayor satisfacción. Por eso no es problemático que nos dediquemos a comer lo que más nos gusta... ¡y que nos paguen por hacerlo!

Claro que la principal remuneración no tiene por qué ser económica, sino que el solo hecho de ser consultados es, por sí misma, una forma de gratificarnos.

(Este es el Artículo Nº 1.875)

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