jueves, 18 de abril de 2013

El desconocido beneficio de las tragedias






Si vemos muchas veces el mismo accidente, el mismo incendio, el mismo atentado terrorista, pensaremos que esas tragedias nos benefician, aunque no sepamos cómo.

Los mamíferos modificamos nuestra conducta a partir de las experiencias vividas.


Los hispanoparlantes decimos: «Quien se quema con leche ve una vaca y llora».

Este proverbio agrega otro concepto: el dolor es un reforzador de esas modificaciones pedagógicas.

«La ley con sangre entra», dijo alguna vez algún piadoso evangelizador que mejoró la velocidad e irreversibilidad de sus enseñanzas provocándole dolor a quienes demoraran más en tatuarse esa maravillosa doctrina.

Los apremios físicos, útiles tanto para extraer información como para implantarla, dependen del fenómeno dolor y «repetición».

«Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», nos enseñaron los tristemente célebres ideólogos del nazismo y nunca dejamos de obedecer a esa rubia sabiduría.

Pero, y este es el núcleo del presente artículo, cuando el método de enseñanza se repite hasta la mortificación, se genera en nuestros cuerpos una enseñanza por añadidura, que no estaba prevista y que no formaba parte de ningún plan evangelizador, adoctrinador, propagandístico.

Dicho de otro modo, si nosotros observamos que estamos siendo educados y que nuestras conductas cambian cuando recibimos reiteradas veces cualquier información, «aprendemos» que eso que se nos dice, inculca, enseña, es por nuestro bien y que «nos conviene» incorporar, quizá con la secreta esperanza de que el emisor, (televisión, radios, cartelería), deje de abrumarnos con sus mensajes aburridores.

Si sentimos que nos repiten: «Tome Coca-Cola», «Deje de fumar», «Use preservativo», «Vote a Fulano», seguramente imaginemos que lo hacen porque quieren lo mejor para nosotros. Por eso la publicidad funciona y genera cambios.

De modo similar, si vemos muchas veces el mismo accidente, el mismo incendio, el mismo atentado terrorista, pensaremos que esas tragedias también nos benefician, aunque no sepamos cómo.

(Este es el Artículo Nº 1.871)

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