jueves, 10 de abril de 2008

No me hagas re-negar

El deseo es un fuerza incontenible que abandonada a su furor silvestre, es como una marea descontrolada que arrasa lo que encuentre a su paso. Es como un alud, un huracán, un tsunami, un terremoto.

Cuando somos niños el deseo se manifiesta con ese descontrol y estas personitas precisan desesperadamente que les pongan límites porque las primeras víctimas de ese descontrol son ellos mismos. Me lo imagino como un río caudaloso que se viera beneficiado con los diques y encauzamientos de los que fuera objeto.

Cuando (sobre todo) las madres dicen «Pepito me hace renegar mucho», lo que puede estar diciendo en realidad es que el niño está exigiéndole una actitud severa para encauzar el torrente de vida que trae por naturaleza y que, al no contar con los diques adecuados, terminará en un lamentable desborde.

Lo que la madre dice que está haciendo es «negando más de una vez» o con renovado énfasis, porque recuerde que dice «re-negar». Supongo que una de las posibilidades es que (re)niega la existencia de este fenómeno tan normal como es el desborde de energía de un niño.

Como le da trabajo ponerle límites, como desearía que fuera un adulto responsable sólo que más chiquito, como tiene miedo de que el descontrol de su hijo pueda terminar mal y la sociedad la sancione por incompetente o irresponsable, como ella misma no sabe bien cómo se hace para contener este caudal de movimientos y acciones de características sísmicas, entonces no tiene más remedio de re-negar al estilo del que dice: «No puede ser: esto no me está pasando a mí».

Por renegar se entiende amonestar al niño con arengas, frases largas, gritos destemplados, que ayudan poco y nada a resolver la acción del pequeño. La forma de contenerlo es proveerlo de un lugar adecuado para su estado (que es pasajero), de suficientes entretenimientos donde pueda consumir la energía (física e intelectual), aceptar la normalidad de su conducta para no sobreexcitarlo con desautorizaciones, rezongos y palmadas incomprensibles para él (aunque sí agradecerá aquellas que pueda comprender).

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12 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Por fin encontré a alguien que piensa como yo! Parece que la gente encuentra que está mal poner límites cuando en realidad es algo beneficioso para todos. Yo lo comparo con un líquido sin envase, como una persona sin piel.

Anónimo dijo...

Es algo rebuscado eso de enlazar el sonido del verbo re-negar con la reafirmación del verbo negar. No lo puedo discutir con argumentos pero me parece que en realidad no se quiere decir tanto cuando se lo usa. Pero asumo que los psicólogos le dedican más tiempo que yo a estudiar y quizá si les tuviera un poco más de confianza en su técnica, podría llegar a dar por buena esta hipótesis.

Anónimo dijo...

La intolerancia de los adultos para con los niños no deja de ser una parte de la realidad que no debe ser disimulada. El niño tiene que saber que su conducta provoca ciertos cambios en los demás y no me parece buena la toleración férrea. Demostrar que uno está cansado, fastidiado, de mal humor por lo que hace o deja de hacer es tan recomendable como demostrarle qué suerte que contamos con su compañía, que agradable es verlo crecer, qué divertido es jugar con él.

Disimular los malos momentos es tan negativo como no comunicar lo positivo.

Anónimo dijo...

Me gustó el primer párrafo porque describe muy bien cómo yo siento ganas de muchas cosas.

Anónimo dijo...

Para poder criar a un niño, lo primero que hay que tener es paciencia. Lo otro que hay que tener es no hacerse demasiado problema si se lastima o se enferma porque estos remilgos son los que lo vuelven a uno más militar, severo, disciplinador, castrador, carcelero y ahí sí que la felicidad del niño se hace pedazos.

Anónimo dijo...

Dinorah, pensá cuando se dice re-lindo o re-copado, el re está acentuando al adjetivo, igual que en el caso de renegar.

Anónimo dijo...

Lo clave es no perder el control. Criar a un hijo hay que tomarlo como lo que es: algo cansador pero completamente natural. Me parece excelente lo expresado por Amilcar. Y si, hay que huir de las arengas que lo único que logran es que los dos (niño y adulto) terminen enganchadísimos en algo que después dicen que no les gusta, que los hace sufrir y mil tragedias.

Anónimo dijo...

Lo que dice Andrea está bien para uno, pero cuando son dos o tres es un arte difícil. Ya más de cuatro es otra cosa. Es como si hablásemos de 3 tipos distintos de familia: la del hijo único, la flia. tipo y la del equipo de fútbol.

Anónimo dijo...

Dinorah se refiere a otra cosa Mary, a ella lo que no le cierra bien es que la madre reniegue porque no puede aceptar que justo a ella le está pasando eso de que un enano de 60 cm la saque de quicio.

Anónimo dijo...

Los padres lo peor que podemos hacer es ponernos en el lugar del niño y pensar "claro pobrecito si quiere ese trencito que sale 400 dólares, no puede razonar que yo el super-papá no se lo puedo comprar; quiere el tren, eso es lo único que entiende" Porque si te ponés en el lugar del niño, el va a vivir en un mundo que no existe que es el mundo regido por las leyes de los niños.
(¡y que algún día llegará!)

Anónimo dijo...

Al llegar a adultos tenemos el torrente de vida más encauzado, sucio y triste que el arroyo Miguelete.

Aunque reconozco que se hacen esfuerzos por reanimarlo.

Anónimo dijo...

Muy inteligente la observación de que no sirven las palmadas que el niño no puede entender y que agradecerá aquellas que comprenda.
¿Le gustaría tener un hijo conmigo?