jueves, 23 de septiembre de 2010

Descripción completa de la verdadera justicia

La ley que imparte justicia también imparte mesura, moderación, sensatez.

Los humanos tenemos ciertos límites impuestos por la naturaleza.

Por ejemplo, la longevidad, la resistencia a la fatiga y la velocidad de nuestro andar, tienen un límite. El coraje va hasta cierto punto, pasado el cual, el miedo nos inmoviliza.

Sin embargo, algunos límites están más allá de los requerimientos de la convivencia:

— alguien puede encargarse de nuestros gastos, hasta cierto punto;

— podemos recibir algo prestado durante un tiempo, pero no indefinidamente;

— alguna vez podremos ser descubiertos en una mentira, pero no siempre.

Los límites impuestos por la naturaleza son inflexibles, pero los impuestos por la cultura, son de bajísima eficacia.

Para compensar esta precariedad de las normas de convivencia, contamos con el poderoso sentimiento de venganza personal, que con el tiempo fuimos tratando de moderar hasta convertirlo en venganza colectiva.

Cuando somos víctima de los excesos de un conciudadano, desearíamos administrar la sanción, esto es, que una institución del estado nos consultara para preguntarnos cuál es el mejor modo de resarcirnos del daño recibido.

Según creo, nuestro deseo más profundo tendría este orden de prioridades:

1º) Necesito que existan los controles más efectivos para que eso no vuelva a ocurrirme;

2º) Quiero que el daño sea indemnizado con la mayor justeza posible, incluyendo lo que llamamos daño moral (desprestigio, disgusto, etc.) y costo afectivo (valor emocional de los objetos);

3º) Preciso que el disgusto que padecí, logre reproducirse artificialmente en quien me lo causó: Si lloré, quiero verlo llorar; si me sentí impotente, quiero verlo impotente; si me empobrecí, quiero verlo empobrecido, etc.

4º) Solicito que estas acciones sean públicas para que se cumpla el punto 1º), esto es, que sirva de escarmiento para mi agresor y para cualquier otro conciudadano que sintiera la tentación de imitarlo.

●●●

9 comentarios:

Sandra39 dijo...

Hacemos un gran esfuerzo por manejarnos dentro de límites que no son exactos y que varían de acuerdo a la situación; por eso a menudo nos desubicamos.

Marcos dijo...

Matar a una mujer adúltera por medio de la lapidación es un acto tan brutal, que a uno lo deja pensando acerca del significado que tiene para los hombres islamitas, la fidelidad sexual.

Elbio dijo...

Disculpar es casi tan difícil como perdonar. Normalmente lo que nos sucede es que se enfría la bronca, porque el paso del tiempo nos exige abocarnos a otros asuntos.

Niuton dijo...

La ley cae con todo su peso, y la venganza con el peso acelerado por la fuerza, de la gravedad de la injuria.

Andrea dijo...

La venganza que se come fría no es catártica.

Luis dijo...

Cuando quien puede producir el daño no es conciudadano, sino inmigrante (real o supuesto), se lo castiga con el regreso antes de que proceda a desplegar posibles daños. Es un castigo preventivo.

Magalí dijo...

Creo que los límites impuestos por la cultura son bastante eficaces. No olvidemos todo lo que seríamos capaces de hacer si no le tuviéramos miedo a la sanción y si no sintiéramos culpa.

Iris dijo...

Así como dejamos de encerrar indiscriminadamente a los locos, llegará un día en que contemos con algo más efectivo que encerrar a quienes delinquen.

Gerónimo dijo...

Yo no quisiera que una institución me consultara acerca de cómo castigar al que me hizo daño. Lo que querría sería hacerle daño con mis propias manos.