viernes, 13 de junio de 2008

Ideas que se exportan

— ¿Por qué tienes una sabiduría tan grande, abuelita? —preguntó Caperucita Roja sin perder su cara de inocencia.

— Porque no la aplico conmigo —replicó el Lobo Feroz desde su disfraz de anciana y riéndose sarcásticamente para sus adentros.

Bueno, en realidad estos parlamentos no se incluían en la fábula medieval, pero podría haber estado incluidos si hubieran pensado en lo que quiero comentarles.

No hay más que pedirle a alguien que nos dé un consejo para recibir rápidamente una respuesta con tanta inteligencia, sabiduría y claridad, que terminemos pensando «¡Qué inteligente y madura es esta persona! Sin duda sabe vivir mejor que yo».

Sin embargo, cuando intentamos llevar a la práctica tan sabias recomendaciones aparece la segunda sorpresa: algo nos inhibe ponerla en práctica. Sentimos miedo, inseguridad.

En esta pequeña experiencia han sucedido por lo menos dos cosas: 1) Alguien nos ha hecho creer que somos poco inteligentes y 2) además nos hizo creer que somos temerosos. Estas dos descalificaciones nos hicieron descender de categoría humana logrando así que el consejero se sintiera elevado en categoría humana. Esta ganancia que él obtuvo fue el estímulo mágico para que se interesara vivamente en aconsejarnos.

Cuando tenemos ideas que serán puestas en práctica con los recursos de otro (el cuerpo, el dinero, el prestigio, o lo que sea), podemos ser todo lo irresponsables que queramos porque si la idea conduce al fracaso de alguien, ese alguien no vamos a ser nosotros. Además, si nuestra idea fuera exitosa, habremos usado al otro como «banco de prueba» (o como ratoncito de laboratorio), sin arriesgar nuestros intereses.

En suma: se pueden crear ideas fantásticas, ingeniosas, audaces, innovadoras, cuando quien las va a aplicar es otro. El riesgo es un fuerte inhibidor de esas características creativas. Es bueno tenerlo en cuenta para ser más tolerantes con nuestras humanas cobardías y menos idealizadores de los creativos irresponsables.

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21 comentarios:

Anónimo dijo...

Me hiciste acordar a una remix de la fábula en la que alguien la llama: "Ven aquí Caperucita Roja" y ella rectifica con orgullo: "Señora de Feroz querrá decir". jejeje

Anónimo dijo...

Soy el último sabio. Tengo 102 años y una lucidez envidiable. Ante el tema que estais tratando tengo para entregarles uno de mis mayores tesoros y dice lo siguiente (prestad mucha atención): "Tomad nota de los consejos tanto de los ancianos como de los jóvenes, tanto de los que tienen mucha experiencia como de los que todo lo ignoran, luego hace un rollito con esas sabias escrituras, y tiradlas a la mierda".

Rabino Chulo

Anónimo dijo...

Emulo al Rabino y yo también tengo algo para deciros: "Vale más un consejo que diez consejos y vale más media ayuda que 4.328 consejos".(¿Anotasteis boludos míos?)

Reverendo Pedicto

Anónimo dijo...

Se pudrió el blog, se llenó de sabios. Tiro el mío que es bien de barrio: "No me den consejos que me se equivocar solo".

Anónimo dijo...

DE LA VIDA REAL: El consejo de mi amigo Ulises es como vino generoso en copa de oro: me deja más en pedo de lo que estaba (además tengo que terminar lavando la copa).

Anónimo dijo...

Esta gente está para la chacota y me parece que el tema está tratado en serio aunque con espíritu crítico. De todos modos está divertido. Estuve pensando pero no tengo tanta chispa. Los amo.

Anónimo dijo...

Estuve enamorada muy muy de 5 profesores porque los veía como reyes capaces de quitarme toda la angustia que padecía por mis problemas con mis padres, con mis hermanos, con los compañeros. Ellos estaban dotados de un enorme poder, de serenidad, estaban más allá de mis tontos problemas. Esto fue así hasta que hicimos una fiestita para despedir el año y la única que quedó sobria fui yo. Esos 5 ídolos y otros más se me desmoronaron, los vi haciendo estupidedes, diciendo cosas que yo nunca imaginé que pudieran salir de sus bocas, uno lloraba porque la mujer lo traicionaba. Fue horrible. Quizá que Dante cuando escribió la Divina Comedia, le pasó algo parecido a mí.

Anónimo dijo...

Razono: Si los seres humanos somos realmente mezquinos y si los seres humanos somos capaces de dar generosamente consejos, está claro que cuando uno da un consejo está tratando de sacarle alguna ventaja al que lo recibe. Ohhh! ¿y cuando yo pido consejos QUE ESTOY HACIENDO?

Anónimo dijo...

Por todo esto que se dice acá es que yo no quiero consultar a un psicólogo.

Anónimo dijo...

¡Qué ganas de partirle una silla en la cabeza a mi hermana me dio cuando le fui a hacer una consulta personal después que salvo su primer examen de psicología y adoptó una actitud de profesional consagrada! ¡Qué guacha imbécil que es! (bueno y yo no me quedo atrás, consultarla justo a ella con lo presumida que siempre fue).

Anónimo dijo...

Mi hermana también estudia psicología y me pasó este pique: si querés que un psicólogo te aconseje tenés que pedirle "una consulta de orientación".

Anónimo dijo...

Montones de veces me arrepiento de pedir consejos y andar ventilando mis intimidades pero pensándolo bien es porque después me olvido de todo lo que me ayudó el consejo para bajar la angustia.

Anónimo dijo...

Cuando quien te da un consejo en realidad lo que hace es escucharte y ayudarte a pensar sirve pila.

Anónimo dijo...

No soporto a la gente que te da consejos sin que se los pidas ¿cómo hacen para sentirse tan seguros de todo?

Anónimo dijo...

Para mí que cuando caperucita se hacía la asombrada con la sabiduría del lobo, era terrible seductora.

Anónimo dijo...

El texto de hoy me hizo recordar que de adolescente encontraba seguridad haciendo las cosas al revés de como las planteaban mis padres. Si todo salía bien mi triunfo valía por dos, porque lo reaseguraba el supuesto fracaso ajeno.

Anónimo dijo...

No hay cosa que me inhiba más cuando voy a comprar ropa que los consejos de las vendedoras, según ellas todo te queda bien ¿cómo es que persisten en la misma actitud? ¿será posible que les de resultado?

Anónimo dijo...

Caperucita sabía todas las preguntas y el zorro todas las respuestas...era obvio que esa relación iba a terminar mal.

Anónimo dijo...

Mi esposo es dentista y tener los dientes impecables le da credibilidad frente a sus pacientes, a pesar de que nunca usa hilo dental, pero ellos no lo saben, claro.

Anónimo dijo...

Mientras pienso que otro sabe vivir mejor que yo, mantengo viva la ilusión de que alguien sabe como vivir.

Anónimo dijo...

Me imagino que los curas cuando confiesan a la gente se sienten superpoderosos.