miércoles, 23 de febrero de 2011

Mamá: vuelve conmigo que te perdono

Nos sentimos irremediablemente incompletos desde que nuestra madre volvió a su vida normal como esposa, madre de otros hijos, trabajadora.

Dos personas pueden asociarse para comprar un billete de lotería. Imaginan que si obtuvieran el premio mayor, pasarían a ser siempre felices. Para asegurarse mutuamente sobre el feliz término de la alianza, cortan por la mitad el boleto para concurrir juntos a cobrar la fortuna que terminará definitivamente con sus carencias, pobreza, malestares.

Algunos enamorados pueden llegar a la certeza de que no podrán vivir el uno sin el otro. Se juran amor de todas las maneras imaginables, una de las cuales puede ser cortar por la mitad una medalla con la imagen del santo milagroso en el que ambos confíen.

La legislación de cualquier país ofrece instrumentos jurídicos con los cuales se pueden pactar infinidad de garantías sobre la fidelidad recíproca entre quienes serán copropietarios de un único patrimonio.

Con cualquier procedimiento, desde el más romántico al más profesional y pragmático, buscamos lo mismo: sentirnos íntegros, imaginarnos sin esta sensación de incompletud que nos angustia.

Los que arriesgaron en la lotería, sueñan con no traicionarse pero además en cancelar con el dinero del premio mayor, todas las necesidades y deseos que padecen.

Los enamorados suponen que uniendo sus vidas, nunca más volverán a sentirse incompletos, tristes, solos, aburridos, endebles.

Los que suscriben un sofisticado contrato de asociación, suponen que nunca más tendrán que luchar solos contra la impiedad del mercado, no tendrán que preocuparse si algún día se enferman porque siempre estará el socio para sustituirlo. También podrán tomarse un merecido descanso, aconsejarse mutuamente, alentarse ante las adversidades.

A todos nos pasa lo mismo: Con nuestra madre nos sentíamos completos, pero luego ella volvió con papá y desde entonces, no paramos de intentar recuperar la integridad que teníamos.

Artículos vinculados:

La insoportable posibilidad de perder

●●●

11 comentarios:

María dijo...

¿Dónde estuvo mi mamá? Las aguas se abrieron y desde allí me expulsó, y me caí en otro abismo húmedo, con paredes lisas, y sin escaleras...

Martín dijo...

El perdón es una muestra de debilidad.

Marcia dijo...

Lo que pierde la integridad es el cinismo.

las melli dijo...

Con nuestra madre nos sentíamos completamente estúpidas.

Fátima dijo...

Los jugadores, los enamorados y los socios, todos, tenían algo en común: eran unos ilusos.

Yoel dijo...

Esos dos que cortaron el boleto de lotería por la mitad, eran demasiado desconfiados. Nadie piensa en quedarse con la otra mitad hasta no saber si ha ganado.

Tania dijo...

La incompletud nos produce displacer y el displacer nos empuja a mantener nuestra vida. Vio como aprendí?

Enrique dijo...

Imagínese como se sienten los hijos de las madres que ya nunca vuelven a una vida normal!

Juan dijo...

He llegado a la certeza de que no podremos vivir el uno sin el otro... lejos.

Valentina dijo...

Qué lindo lo de la medallita de los enamorados! Y cuál de los dos se queda con el pedacito que se puede colgar de la cadena?

Isabel dijo...

Yo con mi madre me sentía llena.