jueves, 29 de julio de 2010

Pesimismo en defensa propia

En general, creemos conocer a alguien cuando nos enteramos de sus aspectos más negativos.

El poderoso instinto de conservación, hace una selección pesimista de la información que nos llega.

Como dicho instinto sólo se interesa por nuestra sobrevivencia y la sobrevivencia de la especie, no se preocupa para nada de la calidad de vida.

Ciegamente, ese instinto trabaja para que el fenómeno vida nunca se detenga.

Como estamos determinados por él y queremos ser inmortales, no nos animamos a condenar ese afán cuantitativo, tan prescindente de los valores cualitativos.

Muchas veces se nos oye criticar tímidamente a la medicina, cuando puede llegar al ensañamiento terapéutico con tal de mantener vivos a sus pacientes, pero tenemos que reconocer que los médicos también responden ciegamente a un instinto tan poderoso e intransigente.

Privilegiamos la información negativa en defensa propia, para sobrevivir, por razones instintivas.

A su vez, podemos constatar que el grado de pesimismo operante en cada individuo, suele estar relacionado con lo que le ha tocado vivir.

Algún escéptico dijo que «un pesimista no es más que un optimista con experiencia».

Cuando dos personas se divorcian, viven situaciones que —por muy dolorosas—, se tornan inolvidables.

Como dije, nuestra forma de funcionar bajo las órdenes inapelables del instinto de conservación, nos induce a sobrevalorar los aspectos peligrosos, desagradables y negativos.

Por otro lado, para una mayoría, es casi imposible soportar la soledad.

Dentro de esa mayoría, surgirán intentos de formar nuevos vínculos amorosos que terminen con la dolorosa falta de compañía.

Resumen y conclusión:

En todos estos fenómenos, hay una trampa digna de mención.

Dado que el instinto de conservación nos obliga a pensar que recién conocemos a nuestro cónyuge cuando nos divorciamos, todo nuevo candidato será un desconocido … y nadie desea unirse a quien no conoce.

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11 comentarios:

Yenny dijo...

No entiendo. JAMÁS VOLVERÍA A UNIRME CON NINGUNO DE MIS EX.!!!!

Maristela dijo...

Después de que le di el divorcio a Juancho, desapareció sin dejar rastros.

Filisbino dijo...

Muchos creyentes se apoyan en la idea de que sólo Dios puede dar y quitar la vida. En otras palabras, están en contra del cócktel.
Estuve revisando en mi parentesco más cercano y observo peligros en ese sentido. No quiero prolongación sin sentido del sufrimiento!
No sé para qué lo digo, esos parientes cercanos a los que menciono tiene los oidos sordos a todo lo que no encaje con sus creencias.

Norton dijo...

Una cosa es no soportar la soledad y otra es no soportar vivir solo.
Entiendo que es imposible soportar la soledad. La soledad de vínculos, afectos, compañeros de diversión. Vivir solo no significa eso. Todos esos vínculos siguen estando, sólo que no se desgastan (quizás tampoco se profundizan, porque en general se ama al otro en sus aspectos positivos, que son los que más se conocen, pero bueno, esto es algo muy discutible)y que la distancia los vuelve más deseables, porque aumenta cierto temor a perder algo tan valorado.

López dijo...

Mejor es ser un optimista cautelozo (a causa de la experiencia) que un pesimista engendrado por la experiencia.

Victoria dijo...

El instinto de conservación trabaja al cuete. Como ud dijo en el artículo ppdo.: ya no importa demasiado aumentar la población, salvo quizás en la siberia.

Cacho dijo...

Es duro que a uno lo conozcan.

Roque dijo...

He conocido a un par de médicos con una vocación para la medicina conmovedora. Son personas que ponen su deber profesional ante todo, nunca contabilizan las horas extras y son felices cumpliendo con ese rol que los dignifica. (Es bueno sentir que estamos haciendo cosas que aplaude nuestro Ideal del Yo).
El problema es que en ese afán de perfección, puedan volverse intransigentes, aferrarse a una sólo manera de ver las cosas.

Blanca dijo...

Me parece que los únicos que nos ocupamos por la sobrevivencia somos los humanos. El instinto de conservación se contenta de propiciarnos la huída, de impulsarnos a la búsqueda de alimentos y abrigos. Pero si un animal queda herido, allí queda, será una carga para los demás, así que (al menos que yo sepa) no se hace nada por él. Los que sí insistimos en cuidar a nuestros heridos y enfermos con el afán de recuperarlos somos la especie humana. No creo que eso se deba a que nuestro instinto de conservación esté más desarrollado que el de otras especies. Mas bien pienso que nuestro enorme temor a la muerte - dado que la muerte se ha desnaturalizado - y nuestra soberbia, nos impide aceptar lo inevitable y luchamos por prolongar vidas. No es esto algo que me parezca negativo. Seguro que lo voy a exigir si se trata de alguno de mis seres queridos. Nadie desea perder lo que ha vivido con otro, ni tampoco la promesa de lo que quedaría por vivir. Además querríamos que en nuestro caso se hiciera lo mismo (dentro de los límites de lo razonable).

Marcia dijo...

No estoy de acuerdo con el refrán que dice: más vale malo conocido que bueno por conocer. Animarme a conocer personas nuevas ha hecho que me lleve grandes sorpresas, en la mayoría de los casos positivas.
Perpetuar vínculos que nos hacen mal, es algo que no debería recomendar un psicólogo, me parece.

gustav dijo...

Aaaaah! era x esoooooo!