domingo, 5 de diciembre de 2010

La intriga sobre quién soy

Con los colegas que tengo un trato más amistoso —cuatro mujeres y dos varones—, estuvimos cerca de dos meses pensando en reunirnos en mi apartamento, con hora de comienzo pero sin hora de finalización, para trabajar, confraternizar y divertirnos.

Una hora después de lo convenido, estábamos los siete reunidos.

Les recordé a las colegas que se olvidaran de que eran mujeres y que abandonaran esa patética costumbre de ser amas de casa y maternales. Por lo tanto, nada de colaborar en picar los alimentos sólidos, ni alcanzar vasos y botellas a los demás.

Uno de ellos había conseguido abundante marihuana y eso nos provocó ansiedad. Especialmente entre los tres que nunca la habíamos probado.

La única Coca-cola, quedó sin abrir. Bebimos casi exclusivamente whisky y medio litro de cerveza.

Rápidamente la conversación ingresó en temas personales, luego en muy personales y finalmente en peligrosamente íntimos.

Alguien se dio cuenta de la tendencia y quiso traer a colación el caso de un paciente anónimo, pero la más agresiva y vehemente lo hizo callar, interpretando esta actitud como evasiva, irresponsable y cobarde.

Todos estuvimos de acuerdo, pero sin hacer leña del árbol caído.

Otra se puso de pie, pidió silencio y cuando lo obtuvo, dijo: «Ustedes son la humanidad para mí y les confieso que quiero a mi marido, que estoy furiosa porque me abandonó y que todo el destrozo económico y público que le estoy haciendo, me duele más a mí que a él».

El silencio siguió un rato más, intercambiamos miradas hasta que alguien arrancó con un tema trivial que se extinguió enseguida.

Como el formato teatral tuvo éxito, el colega más tímido también se puso de pie. Sólo levantó los brazos y callamos:

— «Tengo 58 años, hace años que me divorcié, me va muy bien como analista, quizá sea quien más pacientes atiende y el que más honorarios cobra mensualmente, pero me siento un fracasado».

Así siguió la ronda, pero del tercero o tercera en adelante, ya no recuerdo qué se dijo.

Recién me llamó una de ellas, muy risueña y me dijo: «¡Así que con que esas teníamos, eh! ¿Quién lo hubiera dicho de ti?», pero no me dio más pistas y sé que no me las dará.

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12 comentarios:

Mabel dijo...

Usted sí que sabe vivir licenciado! La última reunión que yo planifiqué fue la de mis cincuenta años; invité amigos, colegas y familia en general. Nos pasamos hablando del trabajo de los hijos, de lo que nos falta para jubilarnos, alguna habló de sus nietos, los hombres hicieron reunión aparte y hablaron de fútbol y de autos... Fue todo tan predecible, aburrido y estereotipado, que no hice más que pensar en todo el dinero que había tirado a la calle.

Roberto dijo...

Las reuniones con mis amigos no tienen nada de especial pero las disfruto mucho.

Carolina dijo...

Por qué no hablamos de cosas realmente significativas? Nunca se puede hablar con naturalidad de lo que es "muy personal". Vivimos llenos de miedo. Es el miedo a ser juzgados con dureza, incomprendidos, rechazados. Lo que nos falta es evolucionar hacia el amor, el respeto y la tolerancia. Por eso me pareció muy pertinente que ud. resaltara en el relato que no se había hecho leña del árbol caído.

En el artículo "El dinero es como un huevo", creo que uno de sus planteos tiene que ver con esto.

Roque dijo...

Lo único que no me gustó fue ese margen de tolerancia de una hora para reunirse.

Minerva dijo...

Lo natural sería poder hablar a calzón quitado, sin necesidad de drogarse.

Elina Campos dijo...

Si una amiga no me dijera lo que no recuerdo en una situación como esa, soy capaz de recurrir a los apremios físicos para que cante.

Rulo dijo...

Tendrían que haber filmado la reunión y después colgarla en internet.

Zulma dijo...

Las heridas personales presagian más heridas; en otros cuerpos.

Mauro dijo...

Marihuana y whisky... ventilaron al inconsciente o el inconsciente simplemente quedó afuera?
Qué desperdicio todo lo que no pudieron recordar!
Con todo, si me invitan ACEPTO!!!

Evangelina dijo...

Gente así es la que pudre la sociedad, promoviendo el descontrol en aquellos que no tienen la madurez suficiente como para tener claro el objetivo de hacer estas cosas.

Alejandro dijo...

Cómo se puede promover una reunión privada, Evangelina?
Antes de meter el freno, fijate si viene un auto.

Jorge dijo...

Por fin compartimos algo, Licenciado... la intriga de ¿quien es Ud.? Lo suyo, ¿no son notas de humor? ¿Es de verdad? ¿No es una cámara oculta de Tinelli?.