miércoles, 22 de diciembre de 2010

Licencia neuro-dactilar

Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. Vuelvo el 20/01/2011. Un abrazo!

martes, 21 de diciembre de 2010

Los orgasmos inútiles

«Cuanto más conozco a las mujeres, más me gustan las mujeres».

En otros artículos he fundamentado la opinión personal sobre la asimetría radical que existe entre hombres y mujeres, porque

— Somos anatómicamente diferentes;
— Tenemos distinto protagonismos en nuestra única misión (cuidarnos como individuos y como especie); (y, por consecuencia)
— Diferimos en nuestros puntos de vista, prioridades, idiosincrasia, personalidad, estabilidad emocional, reactividad.

He llegado a decir —sin ningún ánimo de exagerar—, que bien podríamos considerarnos de especies diferentes (como si fuéramos jirafas y camellos) (1).

También he mencionado (2) que la anorgasmia se da más entre mujeres que entre varones.

Lo habitual en nuestra forma de pensar es dar por correcto un cierto modelo y luego comparar todo lo demás con ese modelo, para terminar diciendo: esto está bien y esto está mal.

Esta forma de valorar la realidad que nos rodea corre el riesgo de elegir mal el modelo de referencia.

En la vida cotidiana, aumenta este riesgo porque los expertos en marketing hace siglos que trabajan publicitariamente para imponer ciertos modelos acordes a sus intereses, con lo cual, los más incautos terminamos afirmando que «la medicina es buena», «los árabes son malos», «los que ganan siempre tienen la verdad», «los europeos son más inteligentes que los africanos», etc.

Por machismo puede entenderse «la actitud de discriminar a las mujeres en beneficio de los varones».

No me extrañaría que hombres y mujeres consideremos que la anorgasmia es una disfunción sexual.

Sin embargo, si nos apegamos a la lógica de la naturaleza, podríamos decir que los varones estamos obligados a tener orgasmos porque de esa forma eyaculamos nuestro semen, mientras que las mujeres no los necesitan.

Lo que sí necesitan es lo que no paran de buscar: amor y protección, para ellas y sus hijos.

(1) Una hipótesis de lo peor
Nadie es mejor que mi perro
Ya sé por qué no me entiendes
Ser varón es más barato

(2) Menos orgasmos y menos salario
El orgasmo salarial
Primero cobro y después hago
Las mujeres fecundan gratis

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lunes, 20 de diciembre de 2010

Las noticias de nuestra infancia – 5

Los caballos duermen parados, tienen los ojos sobre los laterales del cráneo y sus orejas cambian de orientación, según dicen algunos opinólogos (como yo), porque en la historia de estos animales, esas funcionalidades se fueron desarrollando para que se defiendan más eficazmente de los depredadores.

La lógica de esas características anatómicas estaría en que, si fueran atacados mientras duermen, podrían huir rápidamente; asimismo, los ojos laterales y las orejas giratorias, les permiten tener una percepción visual y auditiva de 360º.

Los humanos también traemos algunas funcionalidades defensivas, que se van perfeccionando a medida que crecemos.

Lo que estoy comentando con ustedes desde hace algunos artículos anteriores (1), refiere precisamente a un conjunto de temores, precauciones, acciones reflejas, que fuimos adquiriendo a través de los milenios, para defendernos de nuestros depredadores.

Este artículo lo destinaré a las fantasías persecutorias.

Si tuviéramos que arriesgar una hipótesis sobre cuándo comenzó nuestra desconfianza, pensaríamos en el parto.

Cualquiera fuera el mínimo recuerdo de aquel traumático evento ¿quién podría entender y justificar un desalojo tan violento e inoportuno (porque éramos muy débiles para ser desterrados)?

Entramos a la vida con el pie izquierdo: nada menos que nuestra madre tiene una actitud tan antipática.

Tengamos en cuenta además que no podemos averiguar con otros niños cómo les fue a ellos, como para tranquilizarnos pensando que «a todos nos ocurre lo mismo».

Por lo tanto, nuestros sentimientos paranoicos (persecutorios) están plenamente justificados.

En suma: la naturaleza nos hizo predispuestos a la desconfianza y además, tenemos motivos valederos para sentirnos personalmente perseguidos.

En la adultez, nos resultan desproporcionadamente alarmantes noticias, tales como:

— robo de identidad;
— epidemia;
— estafa;
— llamadas telefónicas u otros mensajes anónimos;
— cambios en nuestro cuerpo, por mínimos que sean;
— futurología inquietante (apocalíptica);
— recalentamiento global, deshielo (imagen), debilitamiento de la capa de ozono, invasión de marcianos.

(1) Las noticias de nuestra infancia – 4

Las noticias de nuestra infancia – 3

Las noticias de nuestra infancia – 2


Las noticias de nuestra infancia – 1

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domingo, 19 de diciembre de 2010

Exitoso y enigmático

Les hablaré de un rey que gobernó en otros tiempos y otros lugares, donde la cultura es muy distinta a la occidental, aunque los seres humanos en esencia, nos parecemos.

Él manejaba con mano firme los destinos de su pueblo y eran muy admiradas las continuas conquistas territoriales que lograba, gracias al rebuscado arte de la guerra con que había sido dotado.

Los pueblos vecinos —sabedores de que en cualquier momento serían invadidos por única y exitosa vez— nunca lograban entender cuál sería su próxima estrategia.

La expansión territorial hacía que las fronteras de su territorio fueran cada vez más extensas y por ello, más y más países eran sus vecinos, posibles víctimas de su afán y seguros enemigos que no paraban de conspirar preventivamente contra él.

Cierta vez dio la orden de construir un pequeño palacio en las alturas de una colina, rodeada por interminables desiertos que lo volvían costosamente accesible.

Al ser terminado y lujosamente decorado, todos quedaron expectantes sobre cuál sería el destino de obra tan magnífica.

Aumentaron las conjeturas cuando los administradores de gobierno buscaron candidatos para formar un equipo de 100 varones, sordos de nacimiento y con notoria fortaleza física.

En una ceremonia patriótica, el enigmático gobernante comunicó que aquel lujoso palacio sería la cárcel vitalicia, para su enemigo personal más peligroso.

Los súbditos tampoco pudieron entender que el mejor orador, el persuasivo dirigente de la oposición al rey, pasara a vivir su cautiverio como un rey, custodiado por guardias que no pudieran ser convencidos por la brillante oratoria del preso político.

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sábado, 18 de diciembre de 2010

Las noticias de nuestra infancia – 4

Para este cuarto artículo de la serie (1), le toca el turno a un tema tan fascinante como es la sexualidad y el erotismo.

Compartiré con ustedes algunas hipótesis sobre porqué ciertas noticias actuales, nos llaman tanto la atención y eventualmente nos alarman desproporcionadamente.

La palabra clave es seducción.

No quedan dudas sobre la sexualidad infantil. Nacemos con deseos sexuales.

No quedan dudas sobre la represión de la sexualidad que imponen nuestras culturas.

Así es imposible tramitar esta necesidad (orgánica y de la especie) con tanta naturalidad como lo hacen nuestros compañeros de otras especies.

Este conflicto se expresa de múltiples formas, aunque en los hechos todas ellas podríamos agruparlas bajo un mismo título: neurosis.

Los niños se masturban y la vergüenza del adulto que lo observa, genera un estado de ánimo en el pequeño que yo no sabría cómo describir, pero que para definirlo en pocas palabras, tiene algo de culpa, de sentirse un monstruo, de que su vicio puede costarle la expulsión del hogar.

A partir de esta gran preocupación —teniendo en cuenta su mínima capacidad para enfrentar sus temores—, surgen en él fantasías que lo alivian.

El pequeño imagina que uno o más adultos lo seducen, lo excitan sexualmente y que esa es la causa de sus prácticas masturbatorias condenables.

Con su imaginación, trata de suponer que no es un degenerado monstruoso (como parece sugerirle la actitud escandalizada de los adultos), sino que es la víctima de un abuso sexual (seducción).

Este drama infantil, archivado en el inconsciente, luego sale a luz cuando oímos noticias que refieren, por ejemplo, a:

— abuso y acoso sexual, como es de suponer por la identidad de los fenómenos y las propias fantasías de seducción;

— toma y cautiverio de rehenes;

— secuestro;

— estafa (en tanto constituye una seducción depredadora).

(1) Las noticias de nuestra infancia – 3

Las noticias de nuestra infancia – 2


Las noticias de nuestra infancia – 1

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viernes, 17 de diciembre de 2010

Las noticias de nuestra infancia – 3

Este artículo es continuación de una serie (1) en la que me dedico a comentar con ustedes una posible explicación de por qué ciertas noticias actuales, nos resultan tan perturbadoras.

La angustia de fragmentación es —sin exagerar— insoportable.

El cachorro humano es quizá el más vulnerable por más tiempo y el correlato psíquico de esta debilidad radica en que el yo (la parte consciente con la que actuamos en estado de vigilia) (2) demora mucho en desarrollarse.

La angustia de fragmentación la padecemos todos (por ejemplo, temor a que nuestro cuerpo sea destrozado en un accidente) pero —felizmente—, cuando nuestro yo se fortalece, la memoria olvidadiza nos alivia archivando esos recuerdos en el inconsciente.

Como ocurre con las otras angustias infantiles mencionadas en los artículos referidos (1), algunas noticias actuales reavivan aquellos sentimientos agregándole dramatismo a lo que hoy podría pasar más desapercibido.

El caso más notorio e intuible refiere a las prácticas terroristas de moda, consistentes en que un semejante a nosotros, llena su vestimenta de explosivos y se inmola causando graves daños.

Algo muy conmovedor para casi todos, fue lo que ocurrió en Estados Unidos cuando 11/09/2001, en un cinematográfico operativo, fueron fragmentadas hasta su total destrucción las Torres Gemelas ... cuyo nombre alude a hermanos nacidos en un mismo parto.

En este momento (diciembre de 2010) estamos próximos a las fiestas de fin de año y cunde un estado de ánimo particular, causado por muchos motivos.

Algo que nunca oí mencionar —o sea que quizá usted lo lea por primera vez—, es lo siguiente:

— el ano (o la cabeza, o el corazón) representa a cada persona (metonimia);

— «fin de ano», sugiere el temido y angustiante fin de nuestra existencia;

— procuramos desangustiarnos, detonando cohetes que imitan flatulencias de un ano que está vivo (formación reactiva).

(1) Las noticias de nuestra infancia – 1

Las noticias de nuestra infancia – 2


(2) Maqueta de una psiquis

La violencia amorosa

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jueves, 16 de diciembre de 2010

Las noticias de nuestra infancia – 2

Como digo en el artículo anterior de esta serie (1):

«Las noticias que nos llegan diariamente a través de los diferentes medios de comunicación (incluido el boca-a-boca), son interesantes solamente cuando evocan aquellos temores infantiles que —por lo penosos—, cayeron en el olvido.»

He mencionado el temor a ser devorados y a ser abandonados.

Hoy le toca el turno al temor a ser envenenados.

Los pequeños se asustan con las personas que no conocen y dan la voz de alarma con un llanto audible a gran distancia. De modo similar, se rehúsan a comer nuevos alimentos, más aún si les son ofrecidos por gente extraña.

Este cuidado con lo que comen está activado y dinamizado por el instinto de conservación.

Como digo en el primer artículo de esta serie, ese mortificante temor a ser envenenados, luego cae en el olvido y queda en el inconsciente. Aparece la emoción asociada cuando escuchamos alguna noticia que oficia de metáfora del recuerdo olvidado.

Me explico mejor con algunos ejemplos:

Las noticias referidas a nuestra salud, evocan fácilmente el primitivo temor al envenenamiento.

Si oímos que han aparecido algunos casos de cierta enfermedad contagiosa, nuestro miedo se excita desproporcionadamente (con alarma) porque la psiquis retoma aquel estado de vulnerabilidad extrema, que intentábamos compensar con una desconfianza que nos hacía ver fantasmas por todos lados.

Algo similar ocurre con las noticias sobre errores de los laboratorios farmacéuticos o con los informes científicos según los cuales se sabe que los vegetales transgénicos son dañinos para la salud.

Pero las metáforas pueden ser muy variadas.

Por ejemplo, no sólo se corresponden con la ingestión de alimentos tóxicos. También nos reaviva fantasías infantiles de envenenamiento saber de virus que pueden invadir nuestra computadora o de alguien que se tragó (creyó) la historia de un estafador.

(1) Las noticias de nuestra infancia – 1


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