Las personas serias huyen de los fantasiosos capaces de seducir con castillos en el aire. Yo les entrego lo que me pidan a cambio de esas ilusiones y cuando todo se desmorona, nadie puede imaginarse lo bien que pasé. ¡Defendería con mi vida a esos divinos mentirosos irresponsables!
¿Alguien recuerda con rencor a quienes nos hicieron creer en los Reyes Magos? Conozco sí muchas personas que se enemistaron definitivamente con los que generosamente se encargaron de comunicarle la verdad.
La legión de seres inteligentísimos que paga una entrada para ver una película, los que compran y leen una novela, quienes gastan en un Play-Station, ¿no están legitimando la mentira, la fantasía, el placer de la ilusión?
Algo muy diferente sucede cuando se juntan dos personas de gustos diferentes. Cuando un severo realista se cruza con un romántico, difícilmente hagan buenas migas. Convendría conservarlos en jaulas separadas.
Este BLOG contiene relatos breves y opiniones diarias desde el punto de vista del psicoanálisis.
jueves, 7 de febrero de 2008
Neurotransmisores – Gragea Nº 41
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7.2.08
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miércoles, 6 de febrero de 2008
Neurotransmisores – Gragea Nº 40
Cuando uno hace una pregunta tiene la secreta esperanza de que la respuesta sea la que uno más desea y no otra, sin importar la relación que pueda existir entre esa respuesta y la verdad.
Cuando una pregunta preocupante no obtiene respuesta, obtenemos la ventaja de que nos habilita suponer cualquier respuesta, por placentera y disparatada que sea.
En resumidas cuentas: no todas las preguntas demandan una respuesta y no todas las preguntas buscan la verdad. Por el contrario, la mayoría de la preguntas buscan crear una esperanza, una ilusión, una fantasía, un bienestar, una satisfacción, un placer.
Cuando una pregunta preocupante no obtiene respuesta, obtenemos la ventaja de que nos habilita suponer cualquier respuesta, por placentera y disparatada que sea.
En resumidas cuentas: no todas las preguntas demandan una respuesta y no todas las preguntas buscan la verdad. Por el contrario, la mayoría de la preguntas buscan crear una esperanza, una ilusión, una fantasía, un bienestar, una satisfacción, un placer.
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6.2.08
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martes, 5 de febrero de 2008
Neurotransmisores – Gragea Nº 39
El Dr. Victor Frankenstein es un personaje —creado por la escritora inglesa Mary Wollstonecraft Shelley— que da miedo porque logró darle vida a un ser que luego quedó fuera del control de su creador. Algo parecido sucede cuando nos inventamos una personalidad de la que quedamos esclavizados.
Es exagerado comparar este fenómeno tan frecuente con las desventuras de un monstruo, pero es un poco cierto que la angustia en la que caen algunas personas por atribuirse particularidades inventadas es muy mortificante.
En Uruguay tenemos una obra de teatro muy querida por todos que se llama M’hijo el dotor, en la cual Florencio Sánchez cuenta sobre cómo un padre (Olegario) presionó a su hijo (Julio) para que éste tuviera esa prestigiosa profesión.
Todo el tiempo nos están invitando a ser como otros quieren que seamos, así como el Dr. Frankenstein quizo tener (y tuvo) un ser animado creado por él mismo... como supuestamente habría hecho Dios en tiempos de la creación.
Conclusión: Andan por ahí muchos Dioses vocacionales que desean crearnos a su imagen y semejanza. ¿Conoce usted alguno/a? ¿Se prestaría usted a ser la creatura de algún/a Dr. Frankenstein?
Nota: Según estudiosos de esta saga, no figuraría en ningún lado que Frankenstein se hubiera recibido de doctor en medicina, sino que por el contrario habría sido expulsado de diversos centros de estudio por inconducta.
Es exagerado comparar este fenómeno tan frecuente con las desventuras de un monstruo, pero es un poco cierto que la angustia en la que caen algunas personas por atribuirse particularidades inventadas es muy mortificante.
En Uruguay tenemos una obra de teatro muy querida por todos que se llama M’hijo el dotor, en la cual Florencio Sánchez cuenta sobre cómo un padre (Olegario) presionó a su hijo (Julio) para que éste tuviera esa prestigiosa profesión.
Todo el tiempo nos están invitando a ser como otros quieren que seamos, así como el Dr. Frankenstein quizo tener (y tuvo) un ser animado creado por él mismo... como supuestamente habría hecho Dios en tiempos de la creación.
Conclusión: Andan por ahí muchos Dioses vocacionales que desean crearnos a su imagen y semejanza. ¿Conoce usted alguno/a? ¿Se prestaría usted a ser la creatura de algún/a Dr. Frankenstein?
Nota: Según estudiosos de esta saga, no figuraría en ningún lado que Frankenstein se hubiera recibido de doctor en medicina, sino que por el contrario habría sido expulsado de diversos centros de estudio por inconducta.
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5.2.08
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lunes, 4 de febrero de 2008
Neurotransmisores – Gragea Nº 38
"Vivió toda una vida sin haber nacido plenamente. Se diría que él nunca supo bien quién era el mismo. Siempre estuvo buscando parecerse a alguien. Leyó todas las biografías que pudo."
Muchas personas andan detrás de un modelo ideal al cual quieren llegar aunque por ser ideal todos sabemos que es inalcanzable, o sea que la frustración es inevitable.
Aunque reconozco que da más trabajo, lo bueno es que cada uno buscara cuáles son sus encantos personales y tratara de desarrollarlos, porque es posible llegar a ser uno mismo, pero llegar a ser otro, es una misión imposible.
Muchas personas andan detrás de un modelo ideal al cual quieren llegar aunque por ser ideal todos sabemos que es inalcanzable, o sea que la frustración es inevitable.
Aunque reconozco que da más trabajo, lo bueno es que cada uno buscara cuáles son sus encantos personales y tratara de desarrollarlos, porque es posible llegar a ser uno mismo, pero llegar a ser otro, es una misión imposible.
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4.2.08
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domingo, 3 de febrero de 2008
Nacido en Transilvania
Una constante en mi trabajo como psicoanalista es que muchos consultantes logran llegar a mí luego de realizar un esfuerzo tan grande como el que yo tuve que hacer para asumir que si el cirujano no me extirpaba la vesícula biliar, nunca más podría incluir en mi dieta el pescado frito y los helados.
Cuando estos pacientes llegan, están seguros de que desear la muerte de su profesora de física es un crimen imperdonable y que cuando me lo confiesen yo quedaré abrazado al perchero, con los ojos desorbitados y temblando de horror ante tanta maldad.
Al constatar que tolero bastante bien ese primer shock emocional, tantean con algún comentario referido a un lejano deseo homosexual, que sintieron hace muchos años, que ya está totalmente superado, que ni siquiera lo recuerdan bien.
A medida que pasa el tiempo y el monstruo empieza a convencerse de que nada me inmuta (o de que estoy sordo), va aumentando la apuesta, incluyendo que en verdad no se sentiría tan mal si falleciera su papá (sin sufrimiento, claro), que su tía siempre fue tan cariñosa que ha tenido sueños eróticos con ella y así continúa la escalada con un techo inevitable: ningún paciente, por degenerado que sea o se crea, jamás —¡mirá cómo te lo digo!— jamás puede hacer, pensar o decir algo que no sea humano.
En general no tengo coraje para confesarles que estamos irremediablemente encerrados en esta patética especie. Capaz que si me animara, ellos tampoco quedarían abrazados al perchero, con los ojos desorbitados y temblando de horror ante tanto infortunio.
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Cuando estos pacientes llegan, están seguros de que desear la muerte de su profesora de física es un crimen imperdonable y que cuando me lo confiesen yo quedaré abrazado al perchero, con los ojos desorbitados y temblando de horror ante tanta maldad.
Al constatar que tolero bastante bien ese primer shock emocional, tantean con algún comentario referido a un lejano deseo homosexual, que sintieron hace muchos años, que ya está totalmente superado, que ni siquiera lo recuerdan bien.
A medida que pasa el tiempo y el monstruo empieza a convencerse de que nada me inmuta (o de que estoy sordo), va aumentando la apuesta, incluyendo que en verdad no se sentiría tan mal si falleciera su papá (sin sufrimiento, claro), que su tía siempre fue tan cariñosa que ha tenido sueños eróticos con ella y así continúa la escalada con un techo inevitable: ningún paciente, por degenerado que sea o se crea, jamás —¡mirá cómo te lo digo!— jamás puede hacer, pensar o decir algo que no sea humano.
En general no tengo coraje para confesarles que estamos irremediablemente encerrados en esta patética especie. Capaz que si me animara, ellos tampoco quedarían abrazados al perchero, con los ojos desorbitados y temblando de horror ante tanto infortunio.
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sábado, 2 de febrero de 2008
Neurotransmisores – Gragea Nº 37
El perezozo sueña con que posee cualidades innatas.
O también: para no perder la autoestima y la aprobación social, siempre disimulamos nuestros defectos. El perezozo necesita creer que posee algún talento especial que no requiere de él algún esfuerzo.
O sea: cuando no tenemos más remedio que exhibir nuestras más penosas debilidades, solemos interpretar que lo que no podemos hacer en realidad hemos decidido no hacerlo o no vale la pena.
O también: para no perder la autoestima y la aprobación social, siempre disimulamos nuestros defectos. El perezozo necesita creer que posee algún talento especial que no requiere de él algún esfuerzo.
O sea: cuando no tenemos más remedio que exhibir nuestras más penosas debilidades, solemos interpretar que lo que no podemos hacer en realidad hemos decidido no hacerlo o no vale la pena.
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viernes, 1 de febrero de 2008
Neurotransmisores - Gragea Nº 36
El temor a la soledad es temor a sí mismo.
O también: Cuando uno es el mejor amigo de sí mismo, no le teme a la soledad.
O por el contrario: cuando uno es el peor enemigo de sí mismo, le teme a la soledad, es decir, a quedarse a solas con su peor enemigo.
Asimismo: las personas le hablamos a quienes pensamos que nos van a comprender y no le hablamos a quienes nos van a censurar.
Cuando tenemos que estar entreteníendonos permanentemente con algo (un trabajo, la tele, hablando-hablando-hablando) es porque el diálogo interior está complicado. No es lindo hablarnos porque seguro que nos vamos a regañar.
O también: Cuando uno es el mejor amigo de sí mismo, no le teme a la soledad.
O por el contrario: cuando uno es el peor enemigo de sí mismo, le teme a la soledad, es decir, a quedarse a solas con su peor enemigo.
Asimismo: las personas le hablamos a quienes pensamos que nos van a comprender y no le hablamos a quienes nos van a censurar.
Cuando tenemos que estar entreteníendonos permanentemente con algo (un trabajo, la tele, hablando-hablando-hablando) es porque el diálogo interior está complicado. No es lindo hablarnos porque seguro que nos vamos a regañar.
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