domingo, 22 de enero de 2012

Engañosa cita a ciegas - (Artículo Nº 1.459)

— ¿Me permite compartir su mesa? —dijo la hermosa mujer casi al oído del joven.

Él la miró y no titubeó en ofrecerle la silla disponible.

La mujer retuvo su cartera sobre la falda y lo miró directo a los ojos. El joven tuvo que evocar las enseñanzas de su abuela para no bajar la mirada fascinado por una deliciosa turbación.

La dama pidió un té y mientras lo esperaba, sacó de la cartera una foto con la imagen de una joven de pelo largo y la apoyó sobre el mantel orientándola hacia el muchacho.

Luego de una larga inspiración, dijo:

— Quizá le llame la atención que yo tenga esta foto y por eso estoy aquí, para explicárselo.

El hombre continuó sintiendo la intriga que le provocó ver aquella querida imagen sobre la mesa.

— Mi nombre es Rosa Martínez —dijo la mujer, provocando en él un gesto de inocultable sorpresa, y terminó diciendo: — Hace tres días que estoy en la isla.

El joven estaba adiestrado para no hacer preguntas. Aquella abuela lo entrenaba contándole historias infinitamente seductoras, cuyo desenlace quedaba en suspenso hasta algún día no determinado.

— Lamento haberle causado tantas molestias con el incumplimiento de mi promesa, pero lo que tengo que confesarle es aún peor, de tal forma que mis disculpas terminarán siendo insuficientes —dijo ella conservando la firmeza de su voz y mirada.

El muchacho esperó lo peor porque la fotografía pertenecía a quien lo enamorara perdidamente por carta y con quien pensaba casarse en este encuentro que debió producirse tres días antes, cuando él la fue a esperar infructuosamente al puerto.

La hermosa mujer continuó:

— Estoy muy enamorada de usted y si bien fue más sincero que yo enviándome una fotografía actualizada, no lo fue cuando me informó sobre su modesta condición económica. Estos tres días los he dedicado a averiguar quién es realmente y al saberlo cambié mi decisión pues no podría compartir mi vida con un empresario de quien dependen los destinos de cientos de obreros como mi padre.

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12 comentarios:

Inés dijo...

Entiendo que la mujer haya querido sacarse la edad, pero disimular una buena situación económica es algo bastante raro. Aunque al parecer ese hombre sabía lo que hacía; la mujer no quería elegir como pareja a un hombre que superara a su padre.

Gustavo dijo...

En el amor, los asuntos de poder siempre se terminan enredando, quizás porque amor y poder son en realidad inseparables.

Leonor dijo...

Ese mundo caballeroso y educado que con frecuencia aparece en sus relatos, me resulta muy agradable.

Mirna dijo...

Sucede, Leonor, que el escritor forma sustancia con lo escrito.

Leonardo dijo...

Parece que ¨ellas¨ lo tienen en alta estima, Doc.

Oscar dijo...

En el hombre pesa más la billetera y en la mujer la belleza; al menos los protagonistas del relato lo juzgaban así. Fue lamentable que esa billetera pesara tanto.

Margarita dijo...

La extracción social y el nivel socio-educativo, es lo que más pesa a la hora de formar pareja.

Raquel dijo...

Me gustan las historias románticas de parejas que se encuentran en puertos remotos, en islas lejanas, tras años de espera, y llegan a la apresurada conclusión de que la unión de ambos es imposible.
Mucho drama; nada mejor para darle vida a la vida.

Nazareth Inglese dijo...

Es bastante triste
recurrir a fotos viejas
para no mostrarse vieja
y ser así querida.

Andrés dijo...

¿Por qué plantearse compartir la vida? Empiecen por compartir los ratos libres!

Solange dijo...

Ella busca a alguien como papá. No a alguien que podría sentirse como un súper-papá, o un papá del papá, es decir un abuelo.

Estela dijo...

A mí también me llama la atención tener fotos de una persona que soy yo pero que ya no existe más.