viernes, 14 de marzo de 2014

Erotismo lingüístico


Que el género masculino sea el género por defecto en nuestro idioma se explica porque la reclamación reivindicativa de las mujeres es erótica, mientras que si la reclamación fuera de los varones sería destructiva.

Este artículo retoma, desde otro punto de vista, un tema que ya fue comentado en un texto y video anteriores (1).

En este caso intento compartir una explicación de por qué en nuestro idioma castellano existe un cierto privilegio del género masculino, con una característica que, técnicamente, se denomina género no marcado masculino.

Así como en los programas de computación encontramos que algunas opciones están determinadas por defecto, en nuestro idioma ocurre algo similar con el género.

En Word, por ejemplo, la fuente por defecto la letra Normal, aunque también existen opciones de letra cursiva, negrita o ambas combinadas. Cuando no hacemos una configuración expresa, el programa utiliza la letra Normal.

En nuestro idioma, podemos decir los niños aun cuando nos estemos refiriendo a un grupo integrado por niños y niñas.

Es habitual que las mujeres se sientan incómodas por esta discriminación que parece no tenerlas en cuenta. Por esto, algunos políticos notoriamente demagogos, fuerzan el idioma y, para referirse a un grupo mixto de niños, dicen los niños y las niñas, siendo que el castellano nos indica que es correcto decir los niños para indicar la inclusión de ambos sexos.

La causa, el origen, de esta aparente injusticia que pone al sexo femenino en un segundo lugar, podría ser la siguiente:

Para estimular la fecundación entre los humanos, es positiva una disconformidad genérica, difusa, constante, de la mujer, que la estimule para molestar, irritar, quejarse ante el varón que ella haya seleccionado para padre de sus hijos. Si ella está molesta (por ejemplo, por sentirse desplazada lingüísticamente), lo molestará, lo excitará sexualmente, él tratará de calmarla para que deje de molestarlo, y, luego de copular, el vínculo volverá a sus mejores condiciones, pero con una mujer embarazada que colaborará en la conservación de la especie.

En suma: la arbitraria elección del sexo masculino como género no marcado, permite que ellas exciten sexualmente al varón y la especie asegure su conservación. Si, por el contrario, el género no marcado fuera el femenino, la reacción reivindicativa del varón no sería precisamente erótica, sino violenta, destructiva, aniquiladora de la especie.


(Este es el Artículo Nº 2.167)


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jueves, 13 de marzo de 2014

La mente está constituida por tejido óseo


Quizá le mente sea tan rígida como el cráneo que la contiene.

En dos artículos ya publicados (1), les comentaba mi hipótesis según la cual nuestra psiquis no acepta cualquier idea. Solo para facilitar mi explicación, apelé a comparar las ideas con los zapatos, en tanto unas y otros no son fácilmente intercambiables entre las diferentes personas.

Tendemos a imaginar que todo lo que pensamos, creemos, afirmamos como verdades, ha llegado a nuestra mente gracias a un riguroso proceso de selección razonable. Creemos que todo lo que afirmamos como válido ha superado diferentes controles de calidad, dirigidos por nuestro razonamiento.

No es así. Más aún: si intentáramos informar sobre cómo fue que llegamos a decidir que tal religión es la mejor, o que tal marca de vehículos es excelente, o que tal cuadro deportivo es el único aceptable porque todos los demás no tienen los méritos del que hemos elegido; si tuviéramos que fundamentar esas decisiones, repito, no podríamos.

Les contaré algo de nuestra familia uruguaya.

Desde hace varios años hemos elegido como presidente de la república a un ex-guerrillero (José Mujica), cuyo aspecto físico, su forma de vestir, de hablar, de calzar, de representarnos a todos ante los organismos internacionales deja mucho que desear.

Muchos de sus opositores (uruguayos y extranjeros), creen que «la verdad no puede desentonar con el buen gusto». Es decir: el desaliño de su persona descalifica fuertemente su gestión y sus discursos. A pesar de que la prensa internacional no para de hablar bien de él, en el interior de nuestro país negamos las buenas ideas y la buena gestión de gobierno, entre otros motivos, porque desentona con el buen gusto.

Esta anécdota intenta demostrar hasta qué punto nuestra resistencia a ciertas ideas es irracional, aunque nos esforzamos por fundamentar el rechazo con pseudo razonamientos y sin poder reconocer que nuestra mente es incapaz de admitir ciertas propuestas, así como también es incapaz de abandonar otras.

Quizá le mente sea tan rígida como el cráneo que la contiene.



(Este es el Artículo Nº 2.166)


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miércoles, 12 de marzo de 2014

Intolerancia a los zapatos


Intento explicar por qué, a los largo de los años, cambian bastante poco nuestro aspecto físico y nuestro aspecto ideológico.

Este artículo y video proponen pensar que las ideas, formas de pensar, filosofías de vida, creencias, preferencias, se integran armónicamente al resto del cuerpo.

Como formamos un todo completo, coherente, funcional, no tenemos piezas libremente intercambiables. Quizá de esto también se encarga nuestro sistema inmune cuando lo observamos atacando a los microorganismos que intentan colonizarnos o cuando rechaza el injerto de un tejido ajeno.

Obsérvese que este fantástico dispositivo (el sistema inmune) tiene la habilidad de discriminar entre tejidos extraños e incompatibles y células también extrañas pero que llegan al cuerpo de la mujer para embarazarla. Este ejército combate a los microorganismos patógenos, pero autoriza el ingreso de espermatozoides de un tamaño similar.

Por algún motivo perdemos la paciencia con quienes tienen creencias diferentes a las nuestras, pero ignoramos las diferencias anatómicas que nos distinguen. Podemos llevarnos bien con gente de otra raza, otra estatura, otra cultura, pero nos cuesta entendernos con gente que tiene otras ideas políticas, otras creencias religiosas, otra filosofía de vida.

Lo que intento proponer es que, como adelanté en otro artículo (1), no podemos pensar lo que queremos porque nuestra psiquis acepta o no acepta ciertas ideas. Nunca podremos aceptar una idea que no sea compatible con el resto de nuestras ideas, de nuestra anatomía y de nuestra fisiología, aunque la cultura occidental esté convencida de que las ideas están desvinculadas de lo anatómico.

Desde hace más de cinco siglos creemos en el dualismo cartesiano, es decir, que somos una especie de suma de dos elementos diferentes y separados: una parte física y otra parte pensante.

Esto explica por qué, a los largo de los años, cambian bastante poco nuestro aspecto físico y nuestro aspecto ideológico.


(Este es el Artículo Nº 2.165)


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martes, 11 de marzo de 2014

La mente no admite cualquier idea


La intolerancia ideológica, religiosa, filosófica, es causada por un rechazo provocado por el sistema inmune ya conocido o por algún otro de funcionamiento similar.

Tendemos a pensar que podemos entender y aceptar cualquier idea, así como también creemos que nos gusta toda la música, sea cual fuere.

Esto no es así: solo podemos aceptar aquellas ideas que puedan entrar en armonía con las ideas que ya tenemos en nuestra mente.

Claro que, como condición previa, la comprensión de cualquier idea está determinada por la posesión de los conocimientos que esta idea da por sabidos. Jamás podríamos entender asuntos que están por fuera de nuestras competencias, saberes, información básica.

Tampoco podemos aceptar, incorporar, admitir, toda aquella idea que esté en contra de nuestra configuración de mundo, o de nuestra filosofía de vida, o de nuestras creencias más firmes y profundas.

Por lo tanto, esa ductilidad de nuestra mente no es tal. Solo nos creemos tan capaces cuando no hemos tenido la oportunidad de acceder a teorías que nos exigen aptitudes que están fuera de nuestro alcance.

Aun cuando seamos capaces de entender las novedades que se nos presentan, tampoco es seguro que podamos incorporarlas como verdaderas. La convivencia de las nuevas ideas depende de las demás ideas que ya tenemos incorporadas. Por decirlo metafóricamente, cada nueva idea debe hacer un trámite de inmigración a nuestra mente, que terminará siendo aprobado o desaprobado.

De esta aceptación o no aceptación surgen la intolerancia, la negación, la incomprensión, la discriminación, la descalificación, el rechazo activo o la indiferencia mortífera.

Nuestra mente, así como el resto del cuerpo, no acepta cualquier injerto: algún sistema inmune, (o el ya conocido que nos protege de los microorganismos), nos protege de todo aquello que pudiera entrar en conflicto con nuestra armonía y coherencia saludables.

Esta podría ser una explicación de por qué no podemos aceptar algunas creencias. Es el propio cuerpo el que las rechaza como si se tratara de un tejido extraño.

(Este es el Artículo Nº 2.164)


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lunes, 10 de marzo de 2014

Las leyes y los animales


Las leyes intentan deshumanizar y, al mismo tiempo, animalizar a los seres humanos. Además, tenemos previstos castigos para aquellos de nosotros que no sean suficientemente animales.

Los millones de códigos que pueblan nuestras bibliotecas, hogares, facultades, estudios de abogados, juzgados, no son otra cosa que un relleno que intenta formar una especie de rampa de ascenso que va, desde la conducta humana, pequeña, transgresora, impredecible, perversa, alocada, hasta la conducta animal, superior, perfecta, cumplidora, previsible, sana.

Efectivamente: aunque los humanos hacemos esfuerzos denodados por no admitir nuestras dificultades para convivir, ellos, los demás animales, sí que son ordenados, disciplinados, armoniosos, sociables, respetuosos.

Es hasta cierto punto ridículo ver la convivencia, en muchos de nosotros, de actitudes soberbias con una flagrante imitación de quienes intentamos subestimar (los animales).

En suma: todas nuestras leyes solo intentan que nuestra conducta se parezca a la de los animales y los castigos asociados a esas leyes, son los castigos que les aplicamos a los humanos que no logran ser tan animales como pretendemos.

(Este es el Artículo Nº 2.163)


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domingo, 9 de marzo de 2014

Cita en estado de sitio


Tocan a la puerta. Ella se despierta y le pregunta a él:

— ¿Quién podrá ser a esta hora?—. Él no había sentido los golpes. Se despertó porque ella le movió suavemente el hombro.

Otra vez los golpes, suaves como para que el llamado fuera solo para los dueños de casa.

En calzoncillos y descalzo, él fue hasta la puerta y apoyando la oreja derecha preguntó, tratando de no superar el volumen de los golpecitos:

— ¿Sos vos, Aníbal?—. Del otro lado, una voz estrangulada por el miedo reptó por la madera:

— ¡Sí, dale, abrime!

El dueño de casa no reconoció la voz, pero igual abrió la puerta lo suficiente como para mirar el exterior con un solo ojo.

Apretado contra la puerta estaba su amigo. El mal aspecto lo impulsó a abrirla tan rápido que el otro casi cae. La cerraron, Aníbal se abrazó al hombre y este le respondió con otro abrazo que incluyó besarle la maloliente cabellera.

— ¿Te vieron entrar acá?—, le preguntó, casi rogando una respuesta negativa.

Desde el interior se encendió una luz y en segundos apareció Mariana, vestida con una camisa masculina y quizá también bombacha. Corrió hacia Aníbal y se abrazaron. A pesar del miedo que lo impregnaba, el muchacho no pudo evitar oler aquel perfume de mujer que le traía recuerdos desesperadamente eróticos y felices.

— ¿Tenés hambre, amor?— le preguntó ella a quien se demoraba en concluir el abrazo.

— Tengo de todo. Ando con un hilo de vida y sé que mi vida pende de un hilo. Ya saben que estoy en la ciudad; están rabiosos; tienen órdenes de entregarme, vivo o muerto, a la embajada. Lo insólito es que andan con varias fotografías mías y no saben qué cara tengo ahora—, explicó el muchacho, agitado, transpirando, los ojos hundidos, las manos flacas incontrolables, tiritando sin frío.

— Estás a salvo, Aníbal — dijo, el dueño de casa, tratando de tranquilizar al amigo. — Te vamos a esconder acá mismo. Aunque nos allanaron varias veces no creo que vuelvan porque nunca encontraron nada.

Cerrándose la camisa para que el visitante no se excitara, ella dejó una bandeja con una taza con café humeante y un trozo de pan relleno con abundante fiambre. Tocándole el hombro, le dijo:

— Bañate, mi amor. Después veremos con él cómo nos arreglamos para que te quedes con nosotros el tiempo que haga falta—, y se internó en el apartamento para dejar una toalla en el duchero.

Los hombres quedaron mirándose, intercambiando novelas seguramente muy distintas, pero que en algún punto del relato los unía.

Cuando Aníbal volvió de ducharse, calzando ropas y zapatos recién prestados, oyeron como casi echaban la puerta a abajo con golpes de puño, culatazos y puntapiés de botas. El visitante quedó pálido, el dueño de casa hizo un gesto de contrariedad, Mariana apretó la espalda y la cabeza contra el marco de una puerta.

Apenas el dueño de casa giró la llave, una tromba de uniformados invadió el pequeño living, el más alto se dirigió al dueño de casa, otro miró a la mujer sin prestarle atención, otros dos le hicieron una llave de judo para reafirmar la inmovilidad del recién apresado, este la miró mientras forcejeaba pero alcanzó a hacerle un guiño insólitamente tranquilizador.

En menos de un minuto desaparecieron los militares, la mujer cerró la puerta, miró a su alrededor para saber del visitante. Este apareció desde atrás de un sillón. Ella corrió hacia él. Se abrazaron. Los pensamientos de Aníbal eran menos confusos que sus sentimientos.

Así se quedaron, aumentando la ebriedad afectiva del varón y quizá también la de ella. Sin soltarla, le dijo al oído:

— Se lo llevaron por equivocación. Lo van a matar pensando que soy yo.

— No te preocupes. Algún día tenía que ocurrir. Para eso estamos. Acostémonos a descasar. En tres días resucitará.

(Este es el Artículo Nº 2.162)

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sábado, 8 de marzo de 2014

No juzgamos con coherencia


La conducta humana orientada a la aprobación o desaprobación de lo que otros hacen, está severamente reñida con la lógica.

Si bien la lógica indicaría que podemos reclamar vehementemente por los errores así como también deberíamos ovacionar con entusiasmo por los aciertos, en los hechos criticamos con energía pero felicitamos con recato, contención, flema inglesa.

En el ámbito político, cuando votamos a un candidato quien, poco menos nos pidió de rodillas nuestro apoyo en las urnas y nos estimuló aun más prometiéndonos una gestión maravillosa, con la solución inmediata de todo lo que ningún otro político pudo hacer en los últimos 5 siglos, es un poco razonable que seamos desequilibrados en la aprobación y en la reprobación.

No corresponde felicitar a quien solo se limita a cumplir una promesa. Cuando el deudor concurre al banco a pagar un préstamo, jamás se va a encontrar con una mesa repleta de sándwiches, torta y bebidas refrescantes: le cobran y se puede sentir dichoso si lo saludan con algún sonido gutural.

Es particularmente extraño cómo se comporta la hinchada y el director técnico cada vez que un cuadro hace un gol. La algarabía con que se festeja el hecho demuestra, sin dejar ninguna duda, que nadie confiaba lo más mínimo en la buena gestión de los jugadores. Todas las palabras y cánticos de aliento previo, no fuera otra cosa que burdas mentiras.

En suma: una manifestación más de la incoherencia propia de nuestra conducta es que no aplaudimos ni criticamos de forma lógica.

Por lo expuesto, y dado que para casi todos es interesante saber cómo funciona la psiquis, repito lo que ya dije varias veces: nunca se puede conocer la mente humana valiéndose de la lógica, la racionalidad, la coherencia.

(Este es el Artículo Nº 2.161)


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