La educación del pueblo JAMÁS será favorecida por los gobernantes pues estos dependen de la ignorancia popular.
Intentemos ser buenos, considerados, generosos, aunque más no sea por unos instantes.
Les pido esta excepción para comprender a nuestros gobernantes con más benevolencia, ponderación, AMOR.
Ellos son personas tan esclavas de su vocación de poder que acaban convirtiéndose en cautivas.
El fenómeno es semejante al carcelero, quien por ser excesivamente celoso de su función, termina tan encerrado como los mismos reclusos que están ahí cumpliendo una condena, pagando una deuda con la sociedad.
Los gobernantes de una república democrática que los elige por voto secreto y universal (sin excluidos), tienen que realizar la imposible tarea de tomar decisiones antipáticas sin enojar a los votantes... algo tan difícil como atarse los cordones de los zapatos sin dejar de correr.
Como la misión a realizar es imposible, forzosamente tienen que valerse de la mentira, el doble discurso, la hipocresía.
Si les pedí generosidad extrema en el primer párrafo fue porque ellos tienen que utilizar recursos extremos para realizar una tarea extremadamente compleja.
Pero como distorsionando algunos datos, utilizando eufemismos y ocultando información, no es suficiente, tienen que tomar medidas, que si fueran divulgadas, serían neciamente repudiadas por los electores y posteriormente castigadas votando al partido opositor.
Pongo un sólo ejemplo aunque enorme e importantísimo.
Un gobernante debe decir que hará hasta lo imposible para que los ciudadanos sean «tan ilustrados como valientes».
Esta expresión de deseo merece ser esculpida sobre la roca, ocupar la primera plana de los diarios, entronizar a quien la formule, pero en los hechos estará condenada al fracaso porque un gobernante JAMÁS agregará dificultades a su tarea imposible, permitiendo que los gobernados piensen por sí mismos, razonen, estén informados y mucho menos que sean tan valientes como para derrocarlo.
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