martes, 7 de abril de 2009

¿Ella habla sola?

Hoy aparece publicado un artículo titulado Pobreza: ¡mérito o padecimiento!, donde propongo que para algunas personas es gratificante demostrar y demostrarse que su mente puede gobernar las apetencias corporales (imponiéndose la pobreza) para de esa manera confirmar que son humanas y no animales.

En ese artículo comento que cuando alguien no puede satisfacer las necesidades de calorías mínimas para seguir viviendo, está en un estado de indigencia y que cuando logra satisfacerla pero apenas logra atender sus necesidades de vivienda, educación, salud, e integración social, entonces es pobre.

Ahora llevo estos conceptos de indigencia y pobreza al plano de la afectividad femenina y comparto con ustedes una conclusión primaria que con el tiempo podrá ir perfeccionándose si tiene algo de verdadero o desaparecerá como un intento fallido.

Según mi observación, las mujeres necesitan mínimamente dos cosas: ser escuchadas y ser acariciadas. Si no cuentan con estos dos logros, podrían definirse como «afectivamente indigentes». Si lo logran parcialmente, podrían definirse como «afectivamente pobres».

La calidad de estos insumos (escucha y caricias) también tiene su límite inferior. No les resulta suficiente con ser escuchadas y acariciadas por cualquier persona. La «oreja atenta» y «la mano acariciadora» deben pertenecer a alguien de cierta categoría humana que para la mujer resulte suficiente.

Y finalizo comentando que cuando esta vida de «indigencia o pobreza afectiva» no logra superarse, pueden apelar a soluciones imaginarias, fantasiosas y hasta delirantes, pensando por ejemplo que son escuchadas por Dios, o por algún personaje invisible, o por cualquier desconocido a quien le hablan sin importarle sin son o no escuchadas.

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lunes, 6 de abril de 2009

La mujer objeto

No tengo datos sino solamente sensaciones que ustedes compartirán conmigo o no.

Habito en la clase media y me parece que las nuevas parejas recurren cada vez menos a contraer matrimonio.

El sueño predominante entre las chicas hasta no hace mucho era casarse con una ceremonia religiosa, traje blanco, muchos invitados, fotos, filmaciones, fiesta, luna de miel.

En esa ceremonia, el papá entra con ella por la alfombra roja de la iglesia, todos se ponen de pie y la miran. El padre, al llegar al altar «la entrega» al novio, quien la recibe y el sacerdote los une en matrimonio «hasta que la muerte los separe».

Creo que a todo hombre (inconscientemente) le gustaría tener el poder de gestar un ser humano y luego alimentarlo, todo con su cuerpo. Se evitaría de esta forma la desesperante necesidad de hacer cosas grandiosas (puentes, edificios, aviones, guerras, vacunas, novelas, pinturas, monumentos) para aplacar esta «envidia del útero».

Ahora, lo que ningún hombre aceptaría de buen grado es que alguien lo use como un objeto entregable, como quien pasa la posta en una carrera. El padre «entrega» a su hija a otro hombre Y ELLA ESTÁ FELIZ!

Esto es humillante y si es cierto que cada vez menos chicas se casan por iglesia, ahora sí que empezamos a ponernos de acuerdo entre ambos géneros.

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domingo, 5 de abril de 2009

La mirada de Penélope

Paciente: Según mi mejor amiga yo no tendré que decirle todo para que usted pueda ayudarme a resolver el problema que tengo. Por eso no voy al médico porque el médico pregunta y pregunta y pregunta y al final la que termina resolviendo el problema es una misma, entonces para qué fue.

Lo que me pasa a mí no se lo puedo decir pero como cada vez me siento peor y siento miedo de volverme loca, tengo esperanza de que ustedes me ayude dándome la solución. Quisiera que en algún momento de este tratamiento usted simplemente me diga: «Laura tu problema es éste y la solución es ésta».

Analista: ¿« Tengo esperanza de que ustedes me ayude»? ¿Quiénes somos?

Paciente: ……… ya empezamos mal. Usted no debería hacerme preguntas.

Analista: Yo no le dije que podría ayudarla sin hacer preguntas pero en este caso la consulto sobre algo que usted sí podía decir y lo dijo, sólo que no le entiendo. ¿Quiénes somos «ustedes»?

Paciente: Está bien, me equivoqué al hablar, quise decir «usted», pero ya veo que para usted es importante hasta una «s» de más que yo diga. Eso no me molesta tanto porque a nadie parece importarle lo que yo diga o piense...

Analista: ………

Paciente: Dije «ustedes» porque ……… me obsesionan las mujeres de ojos grandes. Sueño con Penélope Cruz. Usted también tiene ojos grandes.

Analista: ………

Paciente: (Comienza a llorar, le cuesta respirar y expresarse) Mi mamá ya casi no me mira. (Se tapa la cara con las manos y en pocos minutos empieza a recuperarse)

Analista: ………… nos vemos el martes.

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sábado, 4 de abril de 2009

La naturaleza encarcelada

Una persona mata a otra por error, torpeza, descuido. El clásico ejemplo de quien al mostrar un arma, dispara un tiro por accidente.

Si esto sucediera en una colectividad donde la víctima —en este caso sus seres queridos— se encarga de hacer justicia, en caliente y quizá antes de finalizada la ceremonia fúnebre, es muy probable que el autor del hecho también haya sido condenado.

Si esto sucediera en una colectividad donde la justicia es una institución del estado, se iniciaría un procedimiento de captura, búsqueda de pruebas, enjuiciamiento con abogados defensores y acusadores, hasta llegar a determinar si corresponde o no penalizar al victimario.

Por lo tanto: ante un mismo hecho, la víctima tiene un punto de vista muy distinto al que pudieran tener otras personas que lo observen objetivamente.

A principios de marzo publiqué un artículo titulado La naturaleza es hermosa pero antipática donde digo que vivimos constantemente agredidos por fenómenos naturales (hambre, cansancio, frío).

Ahora junto ambas ideas y concluyo: Las necesidades y los deseos nos agreden y cuando somos agredidos, reaccionamos de una manera muy diferente a cuando eso mismo le sucede a otros (los seres queridos del fallecido habrían matado al victimario mientras que quizá el sistema judicial lo condene a pasar un tiempo encerrado).

Por lo tanto, tenemos que estar enterados de que los demás (la sociedad) muy probablemente consideren que nuestra forma de reaccionar ante la agresividad de la naturaleza sea exagerada y trate de desestimularnos, apaciguarnos, quitarnos energía.

Esta actitud de la sociedad es beneficiosa cuando interrumpe un acto vengativo desproporcionado pero es perjudicial cuando desestimula nuestros deseos de superación.

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viernes, 3 de abril de 2009

La desilusión es frustrante

La frustración y la desilusión son algo diferentes.

Usando ejemplos muy triviales, yo me frustro cuando voy a buscar una herramienta y no la encuentro donde la había dejado. Yo me desilusioné porque previamente me había ilusionado con que mi madre sólo me quería a mí y resulta que también quería a mi padre.

La formas de reaccionar ante una frustración son muchas pero podemos resumirlas en dos:

1) Me siento mirando fijamente el lugar vacío donde siempre estuvo la herramienta y pienso quién pudo llevársela, cómo accedió hasta ahí, será alguien conocido o un extraño, por qué se llevó eso sólo y no otras cosas más valiosas, ¿alguien la habrá tomado prestada y olvidó devolverla? A todas estas pasan las horas en una interminable rumiación mental.

2) Salgo a buscarla, trato de adaptar otra herramienta al uso que necesito, consulto con quienes podrían haberla tomado, voy a comprar otra.

Las formas de reaccionar ante una desilusión son muchas pero podemos resumirlas en dos:

1) Me tiro en una cama, me pongo a llorar y maldigo a mi madre por traidora y a mi padre por abusador.

2) Trato de buscarme una novia.

En suma: Tanto una frustración como una desilusión pueden provocarnos respuestas pasivas o activas.

- Si nos derrumbamos (respuesta pasiva) es porque probablemente seguimos apegados a las soluciones infantiles cuando nuestros problemas los resolvía alguien diferente a nosotros.

- Si reaccionamos para enfrentar y solucionar el problema (respuesta activa), asumimos que éste nos pertenece y procuramos darle solución por nosotros mismos.

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jueves, 2 de abril de 2009

La neurosis canina

Les contaré de un perro neurótico.

En un laboratorio, gente intelectualmente confiable, le mostró a un perro el dibujo de una elipse (o sea, un círculo aplastado) antes de darle de comer. Así lo hicieron hasta que la sola exhibición de la elipse provocaba en el perro la disposición a comer (aumento de saliva y jugos gástricos).

Luego, comenzaron a «des-aplastar» la elipse para que se fuera pareciendo cada vez más a un círculo. A medida que la elipse iba perdiendo su forma original, el perrito comenzó a ponerse cada vez más inquieto hasta que finalmente se puso totalmente nervioso y se le produjo una gastritis.

La conclusión que podríamos sacar es que, a semejanza de los humanos, la incertidumbre nos causa un estado de ansiedad que no solamente altera nuestro sistema nervioso (generándonos inquietud), sino también alterándonos psicosomáticamente.

Según los datos que tengo, fue a comienzo del siglo veinte cuando la humanidad occidental comenzó a perder fe en la existencia de Dios. Algunos aseguran que fue el alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900) quien dijo y fundamentó de forma convincente «Dios ha muerto».

Conclusión: La fe en Dios nos quita de la psiquis gran cantidad de incertidumbres neurotizantes. Aunque la existencia de un ser superior —capaz de solucionarnos y explicarnos todo—, no resista el análisis más superficial, parece verdadero que la sensación de certeza que nos brinda disminuye gran parte de nuestro malestar psíquico.

Volviendo al caso del perro: Si éste hubiera podido negar la evidencia de que el óvalo se convertía en círculo, no habría tenido gastritis. De forma similar, para poder creer en la existencia de Dios es preciso negar unas cuantas evidencias.

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miércoles, 1 de abril de 2009

Rey de reyes

Por lo que he podido observar, las personas tenemos distintas actitudes ante el planeta, de las cuales mencionaré algunas porque la lista completa sería imposible.

Imaginaré que el planeta es un edificio con muchos apartamentos.

1) «Soy el amo». Esta actitud es casi enfermiza, se aparta muy fuertemente de la realidad. Se cree propietario de todo y como tal, respeta poco o nada los derechos ajenos. Es orgulloso y hasta se considera generoso porque no nos cobra alquiler al resto.

Es muy probable que sea abusador, arrogante, transgresor, conflictivo, violento (si el físico se lo permite).

2) «No soy dueño de nada». Esta actitud es casi enfermiza, es la contracara del anterior. Esta persona tiene la actitud del niño en casa de sus padres.

Puede tener dos conductas: o no hace prácticamente nada porque está en la postura de muy obediente para que lo amen como a una mascota o está en la actitud delictiva, depredadora, vandálica.

3) «Soy co-propietario». Esta actitud es la más cercana a la salud mental. Sabe de sus derechos tanto como de sus deberes. Contribuye al cuidado y evita ser dañino.

Estas personas son la mayoría pero como no llaman la atención (no son noticia), parecen una minoría.

¿Para qué sirve esta clasificación? Como la convivencia suele ser una tarea que presenta complejidades, puede ser útil contar con una visión esquemática que nos permita ubicarnos con facilidad. Las actitudes de cualquier persona están en sintonía con sus creencias y éstas poseen alguna lógica, coherencia, armonía (generalmente diferente a la nuestra).

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