viernes, 14 de noviembre de 2008

Más amor con menos gasto

Hasta los varones más machos son consumidores de amor, aunque seguramente no es ésta una particularidad que andarán exhibiendo utilizando revólveres color rosa o decorando su maltrecha ropa interior con bordados románticos.

La valentía, la rudeza, la ausencia casi total de lágrimas para los hombres mayores de diez años, la exposición al riesgo son características casi obligatorias para los varones del tercer mundo y en menor grado para los del primer mundo.

Como todos —hombres y mujeres— somos demandantes de amor, andamos por la vida buscándolo de mil maneras diferentes.

Ambos géneros procuramos que nos amen pareciéndonos a aquellos personajes que nosotros amamos. Esta copia debe ser discreta y disimulada porque si alguien notara el plagio, entonces el esfuerzo se convertiría en contraproducente ya que seríamos objeto de burla.

Los modelos clásicos pueden ser personajes reales o personajes de ficción o personajes reales a los que se les inventa una historia.

Copiamos a estos modelos procurando ser tan amados como ellos.

Me preocupan en este artículo las personas que copian personajes que han llegado a ser amados por su dolorosa existencia: Cristo, Gandhi, Ernesto (Che) Guevara y otros mártires.

Como el proceso de identificación con el ídolo es inconciente, puede convenir tomar conciencia de lo que está ocurriendo porque siempre se está a tiempo de elegir un modelo que nos permita una mejor calidad de vida.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

«Dejad que los quejosos vengan a mí»

En el artículo de hoy titulado Los que sufren aman mejor digo que necesitamos el amor tanto como el alimento.

Como el amor surje de un intercambio (amo a quienes me aman), me preocupa amar como forma de generar lo que es imprescindible para mi: ser amado.

Nuestro espíritu está programado para tener la certeza de que una persona rica y sana ama mucho menos que otra que sea pobre y enferma. El modelo prototípico de amor es el de Cristo: un joven apuesto que es crucificado y mortificado con una corona de espinas que se hace matar por defendernos.

Ahora voy al punto que quería comentar. Todos conocemos personas que no paran de quejarse de lo mal que les va en la vida. Aún cuando sean tan pésimos actores que no sepan disimular su bienestar, perseveran en hacernos creer que padecen atroces carencias, sufrimientos e injusticias.

Estoy seguro de que estas personas no actúan siguiendo un plan estratégico sino que lo hacen automáticamente, porque han encontrado que esa forma de actuar en sociedad les resulta beneficiosas.

Y así es en efecto: las molestias que causan con su actitud quejosa son toleradas porque tienen el mérito de que cuando nos demuestran su afecto, nos parece muy valioso. Los quejosos logran que las manifestaciones de aprecio que hacen a los demás parezcan más auténticas, valiosas, gratificantes. Esta cotización que le damos a los gestos amorosos de los plañideros es lo que los estimula para continuar representando ese personaje.

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miércoles, 12 de noviembre de 2008

Amor sin barreras

En un artículo titulado «Ser o Tener, esa es la cuestión» escribo sobre un tema muy poco frecuentado en la web y en los libros de divulgación.

En una síntesis muy apretada, la idea sería: Si alguien me ama (cónyuge, padre, etc.) puede ser por que imagina que soy una parte suya o porque tengo cualidades que le sirven.

El surgimiento de los celos dependerá de cómo sea ese amor.

Si Delia imagina que Damián está acariciando a otra mujer, puede ponerse tan furiosa como si su propia mano fuera la que está acariciando a otra mujer. Esta convicción le provocará dos sentimientos posibles:

1º) Que Delia está teniendo una conducta homosexual (porque para Delia, Damián ES una parte sí misma; no es que TIENE un cónyuge sino que existe una persona que ES parte de su cuerpo. Ella quizá diga: «A Damián lo quiero más que a mí misma»);

2º) Que esa mano con la que Delia contaba, ya no es tan suya y esto pone en riesgo su propia integridad corporal. En esta situación, Damián está amputando a Delia con su actitud amorosa hacia otra mujer.

No tiene ninguna importancia cuál sea la realidad material de los hechos (que Delia y Damián son dos personas independientes); lo que cuenta para que surjan los celos atormentadores es lo que el celoso siente como verdadero (realidad psicológica).

La situación empeora porque esta percepción equivocada de la realidad (que Damián es parte del cuerpo de Delia) suele interpretarse como un amor sublime, romántico, envidiable, cuando en realidad es una manera enfermiza de vincularse y que, por supuesto, tiene muy mal pronóstico.

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martes, 11 de noviembre de 2008

El alma burocrática

Nuestra psiquis funciona como una organización burocrática. Algunos departamentos se dedican a recibir datos en el mostrador (contacto con la realidad), otros procesan esa información para poder presentársela a los centros de decisión (realizar o no realizar cierta acción), otros controlan el propio funcionamiento («¿estoy haciendo las cosas bien?»).

Como en el caso de una oficina pública, el contacto con la realidad (el dato recibido del mundo exterior) puede ser alterado durante el trámite porque el órgano de decisión ya dio la orden de que ciertos temas prefiere no conocerlos porque lo perturban (sobre todo aquella información que perjudica sus intereses).

También los datos se distorsionan porque cada departamento se cuida de que el departamento de control interno no emita juicios descalificantes. En general todos los departamentos actúan cuidándose de no ser perjudicados y siempre están buscando formas de disminuir el esfuerzo y aumentar las ganancias.

El proceso es lento y suele pasar bastante tiempo entre que la información fue recibida en el mostrador (por ejemplo, la persona-institución burocrática se enteró de que tiene el colesterol demasiado alto) y que se toma alguna decisión.

Recordemos que una de las acciones posibles es no hacer nada, dejar que las cosas se arreglen solas, ignorarlas, «hacer la vista gorda», «hacerse el distraído».

Cada vez que criticamos la ineficiencia de algunas organizaciones burocráticas, estamos haciendo una crítica autobiográfica, aunque en este caso el trámite consiste en criticarnos indirectamente para evadir toda necesidad de cambio.

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lunes, 10 de noviembre de 2008

Poesía científica

En el artículo publicado hoy con el título «Fabricaré la sopa que más me agrada» comento que la percepción no es una función confiable. Al menos para los negocios.

Si en un momento de romanticismo científico usted se tira en la arena de una playa solitaria alumbrada solamente por la luz de las estrellas, tendrá la convicción de que nuestro planeta está en el centro del universo y que éste gira alrededor nuestro.

Todos tenemos mucha confianza en los datos provenientes de nuestro sentido de la vista. Sentenciamos seriamente usando la frase «si no lo veo, no lo creo».

La ciencia —en todas sus especialidades— sólo se dedica a rectificar nuestros errores de percepción. Su principal objetivo es demoler las convicciones que hayamos construido en base a deseos, intenciones, voluntad, esperanza, anhelos, apresuramiento, prejuicios, buenas intenciones, simpatías, modas.

Nueve de cada diez estudiantes manifiesta tener dificultades severas con las ciencias duras (matemática, física y química). Genéricamente se explica este hecho objetivo diciendo que los docentes son incapaces de trasmitir pedagógicamente dichos saberes.

Sin embargo el principal motivo está en que los seres humanos tenemos un apego muy difícil de abandonar por lo que el psicoanálisis llama «principio del placer», esto es, aceptamos lo agradable (deseos, intenciones, voluntad, esperanza, anhelos, apresuramiento, prejuicios, buenas intenciones, simpatías, modas) y rechazamos lo desagradable (la ciencia que demuele esas convicciones placenteras).

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domingo, 9 de noviembre de 2008

Caín y Abel

— ¡Querida Matilde! ¡Por fin llegaste! ¡No aguantaba un día más sin tu compañía!

— Sin embargo viniste a recibirme con la única camisa que sabes que me trae pésimos recuerdos.

— En realidad no me acordaba de ese detalle, pero además es la única limpia que me va quedando, porque sabes que la señora que me...

— ...te hace lo que tu deberías poder hacer y no haces porque piensas que esas tareas son de mujeres... Vengo de un mundo donde los hombres son seres humanos y las mujeres son seres humanos. SON IGUALES. ¿ENTIENDES ESO?

— Está bien Matilde, pero por qué me gritas. ¿Recién llegaste y ya retomaste el malhumor local?

— Te grito porque acá hay un gentío horrible y este aeropuerto es tan chico que parece una cabina telefónica. Ni el peor país de África tiene tanta incomodidad para recibir a los turistas.

— No te pregunto cómo te fue en el viaje porque ya veo que te dejó con el carácter más podrido que antes. Consigamos un taxi.

— ¿Cómo? ¿Y nuestro auto?

— Quedó en el taller porque olvidé reponerle aceite y se fundió el motor. ¿Te sobró algo del dinero que llevaste para el viaje?

— Vengo con las tarjetas de crédito desbordantes de facturas del país que me pidas.

— Entonces vas a tener que hablar con tu papá porque acá la cosa está que arde. No tengo un peso partido por la mitad.

— (Suena el celular de ella) ¡Hola Alberto! ¿Dónde estás? ¿DÓNDE? ¿Me viniste a buscar? ¡Ay! ¡Ahora te veo! ¿Qué haces en ese Volvo nuevo? Sí, sí, me voy contigo así te cuento todo. (Dirigiéndose al esposo) Miguel, vete solo que me voy con tu hermano. ¡Chau!

— ¿No me das ni un beso?

— Otro día te daré dos.

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sábado, 8 de noviembre de 2008

Enfermedades virtuosas

Una persona puede tener una fobia y no molestar a nadie con su particularidad psíquica. El problema se nos presenta cuando esa persona no asume que tiene una fobia y afirma que lo que está mal es el mundo.

Por ejemplo, los ratones y las ratas son roedores que viven cerca de los humanos desde siempre. El rechazo enfermizo (fobia) a estos animales es bastante generalizado. Por este motivo estamos pensando que son alimañas y que deben desaparecer como especie.

En este caso, la fobia de un grupo importante de personas impone el criterio de que la ecología para con esos objetos fobígenos (objetos de fobia) debe consistir en su erradicación.

El rechazo fóbico no siempre es tan notorio como el que se teatraliza con una mujer histérica parada arriba de una silla, gritando como si la amenazara un león hambriento. A veces es más moderado, sutil, disimulado y hasta elegante si usted me permite la exageración.

La fobia a las enfermedades se disfraza como una conducta responsable aunque se tomen medidas extremas que recortan muchas libertades, derechos y placeres. La fobia a la pobreza es presentada como una lucha digna de las personas solidarias, buenas, generosas, aun cuando existan pobres que toman esa respetable opción.

En suma: La actitud fóbica suele presentarse como «simple intolerancia» para quitarle la característica patológica que tiene la fobia. Y para purificar aún más la imagen de estas personas, se pregona la santidad de esas intolerancias.

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