Hasta los varones más machos son consumidores de amor, aunque seguramente no es ésta una particularidad que andarán exhibiendo utilizando revólveres color rosa o decorando su maltrecha ropa interior con bordados románticos.La valentía, la rudeza, la ausencia casi total de lágrimas para los hombres mayores de diez años, la exposición al riesgo son características casi obligatorias para los varones del tercer mundo y en menor grado para los del primer mundo.
Como todos —hombres y mujeres— somos demandantes de amor, andamos por la vida buscándolo de mil maneras diferentes.
Ambos géneros procuramos que nos amen pareciéndonos a aquellos personajes que nosotros amamos. Esta copia debe ser discreta y disimulada porque si alguien notara el plagio, entonces el esfuerzo se convertiría en contraproducente ya que seríamos objeto de burla.
Los modelos clásicos pueden ser personajes reales o personajes de ficción o personajes reales a los que se les inventa una historia.
Copiamos a estos modelos procurando ser tan amados como ellos.
Me preocupan en este artículo las personas que copian personajes que han llegado a ser amados por su dolorosa existencia: Cristo, Gandhi, Ernesto (Che) Guevara y otros mártires.
Como el proceso de identificación con el ídolo es inconciente, puede convenir tomar conciencia de lo que está ocurriendo porque siempre se está a tiempo de elegir un modelo que nos permita una mejor calidad de vida.
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