sábado, 28 de febrero de 2009

Vivir con los padres o no

En 1917 la Revolución Rusa impuso en URSS un sistema comunista.

Una de las características principales de este sistema de organización es la importancia que tiene el Estado. La mayoría de las decisiones se toman entre un grupo de personas que accedieron a esos cargos para llevar adelante una cierta política.

La humanidad pudo observar entonces dos modelos: El modelo liberal y el modelo centralizado.

El liberal parte de la base de que lo mejor para los ciudadanos es que el Estado sea lo más pequeño posible y que la mayoría de las decisiones se tomen entre los ciudadanos. Las normas que rigen a todos son las mínimas.

El centralizado parte de la base de que lo mejor para los ciudadanos es que el Estado sea lo más grande posible y que la mayoría de las decisiones se tomen entre ese grupo de gobernantes que llegó al poder por alguna decisión que también tomó el propio Gobierno.

A pesar de que el modelo comunista perdió a su principal representante (URSS), continúan siendo aceptados los criterios centralizadores por muchos ciudadanos de todas partes del mundo.

Esta extensa introducción sólo pretende comparar el modelo centralista (comunista) con una familia donde los padres ejercen el poder y se encargan de todo lo que necesitan los hijos. El modelo liberal se compara con lo que hacen los hijos cuando se van de sus hogares a vivir solos o a fundar una nueva familia.

Ambas formas de organización social tienen defectos y virtudes. Las predilecciones de cada uno de nosotros nos llevan a preferir el modelo paternal (comunismo) o el modelo no paternal (liberalismo).

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viernes, 27 de febrero de 2009

Lo bueno de lo malo

Nuestro pensamiento funciona muy bien con las ideas opuestas: bueno-malo, lindo-feo, rico-desagradable, etc. Esto ya es posible en las primeras etapas del desarrollo mental.

Cuando las ideas que recibimos del entorno tiene este formato, son bienvenidas, es fácil dejarlas entrar y las alojamos confiados de que es algo beneficioso. Los comics para pequeños ofrecen historias en las que hay buenos y malos, fuertes y débiles, justos e injustos, etc.

Es fácil creer que existen personas buenas y que existen personas malas. Es fácil aprender que es mejor hacerse amigo de las buenas y peor hacerse amigo de las malas. Nos podemos convertir en verdaderos soldados que combatan día y noche a las personas malas y que no paremos de ayudar a las buenas.

Con estas herramientas tan rudimentarias, podemos tener una vida pacífica aunque no podemos entender muchas cosas que suceden y que son muy complicadas para un pensamiento del tipo bueno-malo.

El deseo del ser humano no repara en bueno y en malo. Tanto puede apetecer una obra de caridad como una orgía de sexo desenfrenado.

El pensamiento simplificado en bueno y malo, se aferra con uñas y dientes a esas drásticas calificaciones y no puede entender de matices.

El pensamiento infantil (bueno/malo) no reconoce matices y sobre todo rechaza (por ser demasiado angustiantes) los estímulos caóticos del deseo. Por el contrario, se apega apasionadamente a las normas, las formalidades, las leyes, la autoridad, lo previsible, el orden.

Cuando en un adulto continúa funcionando el pensamiento infantil, queda subdesarrollado y su vida es probablemente pacífica, intrascendente, aburrida.

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jueves, 26 de febrero de 2009

Mi muñeca preferida

Alguna vez he comentado que no siempre me hacen feliz las conclusiones a las que llego combinando datos confiables y usando un razonamiento que pretende ser objetivo.

Cuando miraba las imágenes de unas muñecas inflables muy realista que alguien las comprará para imaginarse que eso es una mujer que pueda satisfacerlo sexualmente, vinieron a mi mente tres ideas preocupantes:

1) Las prendas femeninas abotonadas se abrochan al revés que la de los hombres porque a ellas las vestían (empleadas, cortesanas, esclavas) mientras que los hombres siempre pudimos hacer esa tarea por nosotros mismos.

2) En muchos países, la mujer casada tiene derecho a incorporar en su firma la terminación «de Fulano». Por ejemplo, Clara Gómez de Cardozo. Esta terminación suscrita por la señora está indicando que ella pertenece a Cardozo.

En otras culturas es aún más drástica la norma. Ella deja de llamarse Clara Gómez y pasa a llamarse Clara Cardozo.

3) Los países donde está prohibido el aborto, si bien se alega que es una ley en defensa de la vida del nuevo ser, también es cierto que la señora no es dueña de todo su cuerpo, ni de su vocación de madre, ni del tiempo que tendrá que dedicarle al niño cuando nazca. Estos importantes elementos de la mujer, están administrados por los legisladores y por la sociedad toda: No por ella.

Con estos tres elementos, yo me pregunto si la mujer es una persona o no. Está claro que en los aspectos corporales puede decirse que es un ser humano, pero en estos otros aspectos que refieren a cómo es tratada por la sociedad, bien podríamos decirse que es una cosa.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

La revelación fatal

Tengo 28 años, hace dos que estoy casado con Mariana y nuestra pequeña hija tiene 5 meses de edad.

Las cosas no andan bien con ella y cuando no puedo conciliar el sueño porque siento que mi corazón late muy acelerado, recuerdo lo que pensaba cuando tenía 7 u 8 años y me quedaba todo el día solo porque mi madre se iba durante muchas horas a trabajar.

Me sentía tan mal porque me aburría y me costaba entender que ella no prefiriera estar conmigo. Finalmente entendí por qué me pasaba todo eso. Recuerdo que un domingo por la tarde ella pacientemente me explicó que lo que ganaba papá no alcanzaba y que para que a mi no me faltara nada, ella tenía que tener un sueldo.

Entonces comprendí que yo era el culpable de lo que me pasaba: mi bienestar generaba gastos que ellos tenían que cubrir para lo cual tenían que ausentarse casi todo el día.

A pesar de que estas explicaciones fueron satisfactorias para mí, ahora Mariana me explica enojada que todo aquello era una mentira y que a ella le está pasando lo mismo que a mi madre.

Me dijo llorando que las mujeres no tienen por qué ser felices con la maternidad. Que seguramente a mi madre le pasaba lo mismo que a ella: quieren a su profesión y esta vida encerrada, con un niño que sólo pide y pide que lo atiendan a los gritos, no es la mejor, pero que la sociedad parece confabulada para insistir en que sí lo tiene que ser y que una mujer debe estar contenta con este destino.

Mariana es una mujer que tiene las ideas muy claras y creo en su buen criterio, pero entonces el que ahora está mal soy yo: Mi madre se iba porque tenerme a mí no fue un motivo de felicidad suficiente y ahora Mariana también quiere volver a su empleo y no porque necesitemos el dinero sino porque ella lo prefiere.

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martes, 24 de febrero de 2009

Mi cárcel es más pequeña que la tuya

Las leyes están para evitar que nuestra convivencia sea un caos. Ciertos actos están prohibidos y sancionados precisamente para evitar que ocurran y nuestra vida en sociedad pueda ser más tranquila.

En los hechos las cosas no son tan así. La policía y la justicia, si bien tienen el cometido de encontrar a los transgresores, demostrar su culpabilidad, determinar las medidas correctivas y luego llevarlas a la práctica, tiene éxitos muy escasos. La mayoría de los delitos nunca se aclaran.

Si esto es así, ¿por qué entonces nuestra convivencia no es un caos?

Una respuesta posible es que cada uno de nosotros lleva dentro de sí una especie de policía y juez que nunca deja de enterarse, aclarar y condenar nuestros delitos y más aún, se entera, aclara y condena hasta nuestras intenciones no llevadas a la práctica.

Ya he mencionado en el artículo titulado Banqueros solidarios que el código moral es mucho más eficiente que las leyes del sistema jurídico, y es más eficiente porque lo tenemos dentro, instalado ahí por la educación que recibimos desde muy pequeños.

Por lo tanto, las personas funcionamos como si estuviéramos encerrados en dos cárceles, una dentro de la otra. La más grande es la que más acciones nos permite ejecutar y la más pequeña (adentro de la primera) es la que menos acciones nos permite ejecutar.

De lo dicho anteriormente podemos deducir que la cárcel que en los hechos nos concede más «libertades» es la que nos impone la sociedad mediante el sistema jurídico y la más restrictiva, la que menos «libertades» nos concede es la que tenemos dentro de nosotros.

Este tema da para seguirlo en otro momento.

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lunes, 23 de febrero de 2009

«Arrésteme sargento»

El marketing enseña que para mejorar la aceptación del público es preciso parecer mejores que los competidores. Esto incluye obligatoriamente mostrarnos como diferentes al resto.

Se repite una y otra vez que las personas huimos de las responsabilidades. Es normal que si sucede algo desagradable, todos nos apresuremos a decir «yo no tengo nada que ver», «no sé, no vi, no estaba».

En una sociedad donde la mayoría somos así, entonces la forma de llamar la atención consiste en hacer lo contrario, es decir, actuar como si fuéramos culpables.

Como toda conducta artificial, impostada, teatralizada, se vuelve poco creíble.

Algunos de los motivos que pueden existir detrás de estas actitudes tan extravagantes, son:

1) Marketing: Con tal de ser diferentes y llamar la atención, se puede caer en una costosa auto-incriminación;

2) Quien dice ser culpable está señalando su protagonismo en algo. Prefiere ser culpable a no ser protagonista. El afán de protagonismo lo vemos en todos los niños que saltan detrás de un entrevistado por la televisión.

3) Además del afán de protagonismo, suele ser una forma de publicidad el amplificar la noticia de que hay mucha gente enojada con él/ella porque sus «agresivas y temerarias actitudes molestan a mucha gente ». En este caso lo que nuestro personaje publicita es su valentía para atacar los intereses de gente peligrosa.

Insisto machaconamente: Lo que somos capaces de hacer con tal de sentirnos amados, escapa a toda lógica.

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domingo, 22 de febrero de 2009

Proyecto de personaje

Tengo que pensar en un personaje que se instale en el corazón del lector desde la primer carilla. Si fuera desde el primer párrafo, mucho mejor.

Tiene que ser una mujer jóven con una cintura muy llamativa porque para mí que esta característica enamora tanto a hombres a como mujeres.

Debe ser alegre pero no guaranga. Esta particularidad es esencial porque en realidad esa chica me representa a mí aunque soy varón.

El motivo parece estar en que mis padres esperaban una niña y de alguna manera me lo hicieron saber a lo largo de nuestra complicada convivencia.

Mejor dicho, estoy seguro que si fuera por mi padre me hubieran abortado, porque él sólo quería leer novelas y tocar la guitarra.

Prefería letras en las que algún peón de campo era salvajemente explotado por un patrón despótico, sin aclarar jamás por qué le pagaba tan poco. Desde muy pequeño yo llegué a pensar que quizá ese peón tan castigado, en realidad era un vago que debía estarle agradecido de que le dieran un empleo que no sabía cuidar.

No llegaron a vestirme como nena porque la patología de mi padre era más bien neurótica y tenía bien claro que eso podría traerme muchos conflictos psicológicos.

En realidad, a ella le hubiera molestado ser la madre de un puto porque entre sus amigas eso era mal visto. De hecho, una de ellas hizo casar a la fuerza a su hijo mayor, que terminó yéndose al extranjero dejando acá a su ex-esposa.

A pesar de estos deseos suyos de que yo fuera mujer y las complicaciones que me habrán causados sus intentos de negar su verdadero deseo, yo soy un varón heterosexual, pero sobre todo porque ella era una mujer muy sensual y era casi imposible no enamorarse y desearla con locura.

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