lunes, 15 de julio de 2013

El poder sobrenatural de la rima



 
Según cierto razonamiento es posible suponer que los textos rimados siempre existieron, que tienen un origen sobrenatural con poder ilimitado.

«Si ayudas a los demás
muy feliz te sentirás».

Este pensamiento también podría expresarse diciendo: «¡Qué agradable es ayudar a un semejante!»; o también: «Quienes ayudan a un semejante reciben la aprobación colectiva»; o también: «Es bueno ser solidario».

Lo que pretendo señalar es la fuerza comunicacional, persuasiva, convincente, que adquiere una idea cuando está expresada con rima.

Como podemos observar al principio del texto el autor se las ingenió para lograr una cierta métrica (cantidad de sílabas) y una cierta sonoridad («demás» rima con «sentirás»).

No tengo idea qué dicen los lingüistas de este fenómeno pero comparto con usted la siguiente opinión:

— El fenómeno sonoro que genera la rima es agradable, armónico, musical.

Los humanos, cuando tenemos que elegir, preferimos lo agradable antes que lo correcto, preferimos una comida rica a una comida alimenticia, preferimos a un compañero gracioso antes que a un compañero sabio. Como la rima es grata a nuestros oídos, entonces la fuerza comunicacional en rima es mayor porque es más agradable;

— Los humanos disfrutamos recordando y, sobre todo, buscando el aplauso de quienes admiran nuestra memoria.

Pues bien: los textos rimados son más fáciles de recordar porque la sonoridad nos ayuda mnemotécnicamente (técnica para memorizar).

— El siguiente motivo de porqué un texto rimado tiene popularmente un mayor poder persuasivo que otro no rimado, es inconsciente, mágico, primitivo, místico, misterioso, secreto, oscuro, irracional.

En el fondo de nuestra psiquis pensamos que el idioma que hablamos es anterior a la aparición del ser humano sobre la tierra. Quizá lo comparemos con el aire, el universo, la Naturaleza.

Con esta suposición es posible imaginar que los textos rimados siempre existieron, que tienen un origen sobrenatural con poder ilimitado.

(Este es el Artículo Nº 1.959)

domingo, 14 de julio de 2013

Tristes tardes de domingo




Los padres de Malena hacían y deshacían en la estancia de los Garrido.

Don Braulio Garrido había sacado a la lotería cuando contrató a este matrimonio con una hija, matrimonio este que sabía administrar el establecimiento.

Los Garrido, más que dueños, parecían turistas.

Cada tanto visitaban la gran empresa agropecuaria en tren de paseo y con los padres de Malena hablaban de temas generales, como los que se hablan entre amigos, mientras don Braulio firmaba y firmaba la montaña de papeles que lo esperaba para continuar algún trámite gerenciado por los eficientes administradores.

Malena ya tenía trece años cuando, en una de esas visitas, hizo el amor con el hijo de los Garrido, un muchachote ingenuo, de pocas palabras, que admiraba y envidiaba la locuacidad de la chica.

Ella no quiso estudiar. Los padres podían administrar rentablemente cinco mil hectáreas de campo, pero no podían gobernar a la belicosa jovencita.

Cuando don Garrido se enteró del embarazo puso el grito en el cielo y obligó al muchacho a que se casara con Malena, pero esta lo rechazó de plano. Ni siquiera admitió que le diera el apellido.

Los demás habitantes del campo comentaban y no daban crédito a la decisión de Malena. Pero eso ocurrió.

Lo que sí aceptó fue utilizar una pequeña casa, algo retirada del centro poblado de la estancia, donde se fueron a vivir la madre y el pequeño... «A criarse juntos», como solían comentar socarronamente los peones.

Cuando el niño tenía quince años, y la madre veintinueve, ocurrió algo especial.

A medianoche, durante una tormenta de verano, caracterizadas por la violencia y brevedad, Malena tuvo que levantarse a cerrar una ventana.

Al pasar por el dormitorio del jovencito, en pleno show de flashes y estruendos, lo vio durmiendo boca arriba en estado de erección.

Sintió un puño que le atenazaba el estómago y como una autómata llegó hasta el catre del hijo, beso su pene y tragó el semen, sin que el muchacho se despertara.

Como toda la sabiduría de Malena estaba basada en ser sincera, costara lo que costara, su hijo también era incondicionalmente apegado a decir la verdad.

Mientras el chico se empinaba un tazón con café con leche, ella le contó lo sucedido sin que esa información despertara en él alguna pregunta.

Cuando tuvo edad para irse a la ciudad, quiso el destino que el joven consultara a varios psicólogos, preocupado porque los domingos de tarde sentía una tristeza exagerada.

Lo curioso es que todos esos profesionales focalizaban su atención en la relación incestuosa, sin imaginar que en nuestra cultura, si alguien fuera tan sincero como el muchacho tendría tantos enemigos que padecería angustia los siete días de la semana.

(Este es el Artículo Nº 1.958)

sábado, 13 de julio de 2013

El enrolamiento en el plan reproductivo


Los dramas amorosos son menos perturbadores con otra interpretación de lo que somos mujeres y hombres.

Hombres y mujeres somos tan distintos que podríamos pertenecer a especies diferentes (1).

Sin embargo, algo nos une inevitablemente. Me refiero al «aislamiento reproductivo» por el cual la mujer no puede embarazarse con el semen de ningún mamífero que no sea hombre y el hombre sólo podrá fecundar mujeres.

Esta interpretación de los hechos, (que mujeres y varones parecemos pertenecer a especies diferentes), podría permitir un pensamiento más operativo, actitudes más eficaces, una filosofía de vida más económica en cuanto a obtener logros similares a los actuales pero con menos angustia e incertidumbre.

En términos más concretos, esta forma de interpretar lo que somos mujeres y hombres nos ahorraría lágrimas e infinidad de dolencias psicosomáticas.

La economía psíquica aumentaría significativamente si además pudiéramos soportar que no somos tan protagonistas de nuestra propia suerte como creemos.

Según he comentado en otros artículos (2), la naturaleza se expresa a través de los seres humanos así como lo hace a través de otros seres vivos y de objetos inanimados.

En los referidos artículos les comentaba que la naturaleza utiliza a la mujer para elegir a los varones que la fecunden así como otras hembras también reciben el esperma de los mejores sementales para mejorar la especie.

La mamífera convoca a los sementales mediante un perfume seductor (las feromonas), los machos llegan sexualmente excitados, se pelean hasta que uno (supuestamente el mejor dotado genéticamente) la embaraza del mejor hijo que podría tener con los recursos a los que accede en la zona donde vive.

En suma: Mujeres y hombres, ni nos elegimos ni nos aceptamos ni nos rechazamos. Tenemos o no la suerte de que la naturaleza nos dé participación en su plan reproductivo.

     

(Este es el Artículo Nº 1.957)


viernes, 12 de julio de 2013

La convivencia fríamente controlada



 
Las plataformas informáticas de las Redes Sociales expulsan, con fría justicia, a los usuarios menos agradables para la mayoría.

Algo que podemos decir con espíritu descriptivo, aunque no calificativo, es que los jóvenes en general siempre han padecido un fuerte interés por «parecerse a» y mucho miedo a perder amigos por ser demasiado diferentes.

Una respuesta básica a esta característica es que la adolescencia es la conflictiva etapa en la que nuestra niñez comienza a expulsarnos, obligándonos a tomar actitudes adultas, agradables y desagradables.

Nos entusiasma poder tomar decisiones, pasear sin la compañía obligatoria de tutores, intervenir en las conversaciones de los adultos. Nos desagrada perder los privilegios de la niñez: vivir sin trabajar, poseer el derecho de jugar, recibir muchos regalos.

Las redes sociales (Facebook, Twitter, Myspace) ofrecen una mensajería instantánea que les permite a los usuarios saber al instante qué están haciendo, pensando o leyendo los amigos para poder hacer lo mismo.

Para que esto funcione con la participación de millones de usuarios simultáneamente es preciso que la plataforma informática reaccione de manera automática como si se tratara de un gobierno centralizado.

Los administradores humanos de cada Red informan por escrito sobre qué está expresamente prohibido hacer, pero esta lista no es exhaustiva pues la conducta socialmente inconveniente de los humanos genera un listado de prohibiciones amplísimo, mayor a los diez mandamientos bíblicos.

Por lo tanto esa plataforma contiene controladores (algoritmos) que sólo pueden ser deducidos por cómo se producen advertencias, suspensiones, bloqueos o cancelación en las cuentas de los usuarios, provocados por algo que, según la programación gobernante, debe ser impedido o sancionado.

Esta zona oscura del «gobernante cibernético» genera una cierta paranoia pero a la postre lo que logra es que permanezcan operativos aquellos usuarios cuyo comportamiento espontáneo genera menos molestias en la colectividad virtual.

(Este es el Artículo Nº 1.956)

jueves, 11 de julio de 2013

Una satisfacción inconfesable



 
Los naufragios con mayor cobertura periodística representan el anhelado fin de la opresión paterna.

Decir que los sentimientos hacia nuestro padre son ambivalentes es redundante porque todos los sentimientos lo son.

Este «viejo desgraciado», cuya muerte lloramos sinceramente, fue quien nos consoló con magnético silencio en alguna ocasión muy dolorosa y también quien nos interceptaba la escucha y hasta las miradas de mamá que nos dejaba de lado por atenderlo.

Pero este personaje ocupa un lugar seguro en nuestra psiquis, aún cuando no haya estado tan presente en nuestras vidas como mamá. Ocupa ese lugar aunque no sepamos quién es.

El personaje (no el ser humano de carne y hueso) representa lo bueno y lo malo de la sociedad, lo que está alejado del ámbito materno.

Dada nuestra natural predisposición a desconocer lo bueno y a prestarle mucha atención a lo negativo, tanto la figura paterna como la sociedad y como lo no-materno son, en promedio, fuentes de preocupación, miedo y angustia.

Esto es así porque para nuestro instinto número uno (el de conservación), es más importante y urgente prestarle atención a las amenazas que a lo inofensivo.

Por lo tanto, la figura paterna en tanto representante de lo no-materno, tiene en promedio bajas calificaciones en nuestra psiquis, pues sus características más interesantes para nuestro instinto de conservación son las negativas.

Como nuestra mente se rige por lo idéntico y también por lo parecido (metáforas), esa figura paterna está representada por muchas cosas.

Si las historias del Titanic y del Costa Concordia llaman tanto la atención es porque además de la tragedia en sí, una mayoría asociamos la grandeza y poderío de esos barcos con aquel señor con quien competíamos en desventaja por el amor de mamá.

Un naufragio también es ambivalente: nos apena y nos llena de satisfacción inconfesable.

(Este es el Artículo Nº 1.955)