domingo, 20 de abril de 2014

La futura bailarina



Esta es una breve historia imaginada sobre cómo este conjunto llegó a grabar el tema que podrás escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=R8AOAap6_k4.

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Con un poco de fastidio, tienen que ensayar de nuevo. Algo no está saliendo bien y no saben qué es. El director hace gestos negativos con la cabeza, cada vez más leves porque las cantantes están cansadas y él se siente culpable por ser tan exigente.

Dos de ellas se sientan y la más negra sale para ir al baño y, sobre todo, para cambiar de aire.

No hablan. Están malhumorados. El baterista hace repiques en su muslo; no parece estar cansado. El flaco de los teclados hace crujir las articulaciones de las manos y de la columna vertebral. El del bajo se lo saca como para tirarlo por una ventana, pero lo deja sobre un sofá y apoya la frente contra una pared.

La vocalista negra de lentes oscuros se acaricia la panza, la rubia se huele la yema de los dedos.

El clima es de cansancio pero también de adaptación corporal al tema que tantas veces han repetido y que menciona algo sobre las lágrimas.

La que había salido a respirar o a re-aspirar, entra aplaudiendo tratando de levantar los ánimos, pero recibe miradas oscuras, torvas, desagradecidas,  disgustadas. Hace una mueca con la boca y se sienta con aire de niña resentida.

El director suspira dramáticamente, quizá quiso invitar a un último ensayo pero no se animó.

El encargado de ecualizar y grabar cada ensayo parece estar dormido con los ojos abiertos o practica meditación budista. De hecho está vestido con ropa amplia y amarilla.

La rubia miró al grupo como para decir algo, pero se contuvo por temor a recibir la misma mirada que recibió la que entró aplaudiendo.

El de la batería sugirió ensayar una vez más porque él tendría que haber estado en la casa de su madre hace más de media hora. Al director le vino bien para sugerir un nuevo intento. Se puso de pie con una energía que no tenía, acarició el hombro de la cantante de lentes oscuros y volvieron a intentarlo.

Comenzaron con el entusiasmo bien arriba, pero en el segundo minuto al director se le vino el alma al suelo porque todo el ritmo cayó en picada.

La cantante de lentes se tocó la barriga con un gesto extraño, luego sonrió, el ritmo musical se elevó pero el bache ya había sido grabado y toda la versión quedó estropeada. La terminaron por pura inercia, desganadamente.

La que se tocó el vientre dijo: «Mi hija está dándome patadas al ritmo del guitarrista». Todos sonrieron mirándolo, él se sonrojó y la futura mamá dijo: «Ahora sí, vamos por la mejor versión».

El baterista golpeó tres veces los palillos y arrancaron con el entusiasmo que merece una mujer que baila antes de nacer.

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Si quieres escuchar esta última versión, pero subtitulada, puedes encontrarla en https://www.youtube.com/watch?v=W8r8A8QPfwc .

(Este es el Artículo Nº 2.202)

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sábado, 19 de abril de 2014

Determinismo y suicidio



 
El determinismo parece un punto de vista más acertado que el libre albedrío, sin embargo creemos en el libre albedrío porque es más placentero que el determinismo.

Nuestra autopercepción está condicionada por las creencias. Por ejemplo, si creemos que el planeta Tierra está en el medio del Universo, todas nuestras percepciones se adecuarán a esta creencia.

Recibimos estímulos de nuestros cinco sentidos y luego percibimos elaborando la percepción según esas creencias. Nunca percibiremos algo en cuya existencia no creamos, y al revés: es probable que percibamos en función de nuestras creencias, inclusive cuando esta percepción pudiera negar los estímulos sensoriales.

Esto nos lleva a la conclusión de que todo lo que percibimos podría ser verdadero o falso, dependiendo del acierto o del error de las creencias con las que interpretemos esos estímulos sensoriales.

Por ejemplo, y con sentido del humor, le comento que si alguien tiene cáncer en un pulmón, será muy difícil convencer a los demás que no es fumador, o que no vivía en un ambiente con humo de tabaco, o que alguien en su país no fumó alguna vez.

Casi todo el mundo cree en el libre albedrío. Esto nos impide aceptar la hipótesis de que los suicidas nunca tuvieron la voluntad de matarse. Tampoco aceptaremos la hipótesis de que padecía una enfermedad terminal cuyo desenlace trágico se caracteriza por una actuación del fallecido (ahorcamiento, disparo de arma de fuego, intoxicación).

Creer en el libre albedrío tiene varias ventajas. Por ejemplo:

Nos sentimos dueños absolutos de nuestra realidad, creemos poder evitar las enfermedades y hasta la muerte, podemos condenar a quienes cometieron algún error o delito.

Creer en el determinismo tiene varios inconvenientes. Por ejemplo:

No tenemos ningún protagonismo en nada que nos acontezca, somos integrantes pasivos de la Naturaleza, nadie es culpable de nada sino que, en todo caso, es coprotagonista de un hecho fortuito.

Por lo tanto, creer en el libre albedrío es placentero, aunque no sea real, mientras que, creer en el determinismo es displacentero, aunque sea real.

(Este es el Artículo Nº 2.201)

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viernes, 18 de abril de 2014

El quejoso perfecto



 
En este artículo podemos dar un vistazo muy parcial a las infinitas relaciones que se producen entre los integrantes de un grupo de trabajo o de convivencia familiar.

¿Por qué alguien es quejoso?

El quejoso es un rol necesario en casi cualquier agrupamiento. En algunas técnicas de análisis grupal se le llama «el portavoz», es decir, aquel que denuncia lo que varios, (no solo el que protesta porque se siente incómodo), sienten que no anda bien la producción grupal.

Estos roles son asignados casi automáticamente. Así como un director de teatro dirá qué actor representará a cada personaje, los grupos operativos, (aquellos integrados para analizar y resolver algún asunto concreto), hacen algo parecido de manera espontánea, sin que nadie realice las designaciones.

Si observamos desde afuera el funcionamiento de estos grupos de trabajo, veremos que cuando alguien asume un rol, todo haría pensar que el grupo valida este hecho, lo ratifica, inclusive podría suponer que el proceso fue el inverso, es decir, que el grupo asignó primero y que el asignado asumió después. Pues no: cada uno siente la necesidad de quejarse, o de reclamar, o de apaciguar, o de convertirse en víctima, o de indignarse, o de aportar información, o de denunciar los errores de procedimiento, o de redactar conclusiones parciales (en la mitad del proceso) o finales.

Otra característica llamativa es que difícilmente los roles tengan a más de un integrante. Es decir, cuando alguien asume ser el quejoso, reclamante, plañidero, otros no sienten deseos de tomar también ese rol y, aunque hubiesen deseado ocuparlo, pueden llegar a criticar al quejoso, pero no a remplazarlo.

Los roles son muchos, dependiendo de cuál sea la tarea del equipo.

Una familia es un equipo. En ella encontramos roles: jefe, sub-jefe, subalternos, adjuntos (familiares adoptivos), amigos visitantes, chivo expiatorio, saboteador, delincuente odiado o protegido, invasor, santo, confesor, moralista, transgresor, cuestionador, revolucionario, por mencionar solo algunos.

En el video hice alusión a una determinada situación referida al enfrentamiento entre un reclamante y un reclamado. Como todos sabemos, las interacciones dentro de un grupo familiar son múltiples (entre cónyuges, padre con hijo predilecto, madre con suegra, hija con novio visitante).

(Este es el Artículo Nº 2.200)

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jueves, 17 de abril de 2014

La invasión territorial



 
Planteo como hipótesis que la prohibición del incesto es una norma necesaria para mejorar la actividad bélica de los pueblos invasores.

Estoy pensando que para explicar este tema serán necesarios varios videos con sus artículos complementarios.

El objetivo de tratarlo es mucho más fácil de explicar: si nosotros aceptamos recibir una orden tan importante como es la de no tener vínculo carnal con nuestros primeros objetos de amor, (padres, hermanos), necesitamos, como mínimo, alguna explicación que justifique una prohibición tan frustrante.

Desde hace milenios aceptamos esta norma inexplicable y no ha pasado nada grave, excepto que los humanos nos hemos criado en un estado de sumisión casi invalidante de nuestro intelecto, de nuestra capacidad crítica, de nuestra libertad creativa.

Para nada propongo que algún día terminemos con la prohibición, pero sí necesitamos revisar los justificativos de esta norma, tan esencial en nuestro desarrollo mental, psicológico, afectivo, sexual.

Estoy seguro que el ser humano puede llegar mucho más lejos en su desarrollo; es casi seguro que si comparamos la potencialidad estimada de nuestra inteligencia con los logros obtenidos, salta a la vista que podríamos haber crecido mucho más de lo que hemos crecido.

En este artículo les comento algo de lo que digo en el video de igual título.

Propongo pensar que esta prohibición existe porque antiguamente era necesario que los guerreros invasores pudieran violar a las mujeres de los territorios conquistados, para dejarlas embarazadas e instalar así una nueva generación de descendientes de los invasores.

Los varones, en condiciones normales, no tienen una erección si no son estimulados por la mujer que los desea como padres de sus hijos. Las mujeres violadas difícilmente estimulen a sus raptores. Por lo tanto, los militares deberán haber sido frustrados en sus deseos sexuales hacia la madre y las hermanas para que, ante una mujer que se opone al coito, lograr una erección imaginando que la cautiva es la madre o la hermana.

En suma: la prohibición del incesto pudo haber sido implementada para que los guerreros desearan a las mujeres de su familia, no pudieran satisfacer ese deseo y luego pudieran violar a las mujeres de los pueblos conquistados, imaginando que estas eran sus familiares prohibidos.

En tiempos de paz, esa frustración siempre se resolvió mediante la profesión más antigua: la prostitución. Un varón puede tener una erección con una prostituta si imagina que ella es su madre o su hermana. Sin esta fantasía, difícilmente podría penetrarla.

De manera aún más resumida: la prohibición del incesto es una norma necesaria para mejorar la actividad bélica de los pueblos.

(Este es el Artículo Nº 2.199)

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miércoles, 16 de abril de 2014

La lectura bisexual



 
Este artículo describe una metáfora, es decir, una comparación entre dos fenómenos objetivamente diferentes: El acto de leer un libro es perfectamente comparable a tener un hijo.

Los lectores solemos pensar que la nuestra es una actitud pasiva.

Claro, nos sentamos cómodamente, quizá con algo de música, con buena iluminación y entonces nos metemos dentro del libro, para dejarnos llevar por lo que el autor haya redactado.

Desde cierto punto de vista podemos hablar de actitud pasiva, pero sin embargo, la situación puede ser análoga a otra, que también parece pasiva aunque no lo sea.

Me refiero a la actitud femenina cuando tiene relaciones sexuales con quien será el padre de sus hijos.

Hombres y mujeres, cuando leemos, entramos en un proceso muy similar al que ocurre en una mujer cuando recibe el semen mediante el coito.

El texto que escribió el autor equivale al semen del hombre que penetra en la vagina de ella. Al entrar en ella ocurre un proceso de fecundación del óvulo maduro y a partir de ese primer fenómeno, comienza la gestación en el útero, de un nuevo ser.

Algo muy similar podemos pensar de qué ocurre con el texto (semen) del autor, una vez que entró por nuestros ojos (en vez de vagina). El cerebro actuará de forma parecida al útero, gestando un nuevo texto, como si fuera un nuevo ser.

De este fenómeno surgirá el verdadero libro, el que se desarrollará en nuestra mente y que fue fecundado por el escritor.

Desde este punto de vista, la metáfora, (la similitud entre los hechos que se comparan), es muy adecuada.

Claramente, el lector-mujer dejará de leer si el texto no lo atrae así como la mujer no llegará a ser penetrada si el varón no es de su agrado.

Si bien ellas (lectores) hacen la mayor parte del proceso de gestación, la participación del varón es imprescindible, así como no hay novela sin alguien que la haya escrito.

La madre ama a su hijo, que no es ni igual a ella ni igual al padre. El hijo es un tercer personaje con una identidad propia. Un libro, en la cabeza del lector, no es ni como el autor quiso ni como el lector creyó haber interpretado, es una tercera obra, aunque seguramente nunca llegaremos a conocerla porque a ningún lector se le ocurre describir qué nueva novela se formó en su mente.

Esto ocurre así por comodidad del lector, porque escribir lo que otro escribió no es su vocación y porque muchas ideas, sentimientos, imágenes que surgieron en su cabeza son inefables, no se pueden describir, así como una madre no podría describir exactamente cómo es su hijo.

En suma: leer no es una tarea pasiva, el libro que escribió el artista se convierte en tantos libros como lectores tenga, y leer es, para quienes más intensamente viven esta metáfora, un placer tan enorme como tener hijos.

 (Este es el Artículo Nº 2.198)

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