Los libros son fetiches usados
por quienes prefieren la televisión y los deportes populares, pero se
avergüenzan por ello.
La
realidad tiene dos caras o, mejor dicho, el cerebro humano percibe que la realidad
tiene dos caras o, mejor dicho, el cerebro humano percibe que la realidad tiene
dos caras pero tiende a eliminar una de las dos para solo ver una cara.
En suma: la realidad no tiene ninguna
cara, pero el cerebro percibe dos de las cuales, a una la ignora.
Pondré
un ejemplo: Fulano es una buena persona, pero es un ignorante.
Fulano,
con toda seguridad es una persona complejísima, que ni un grupo
interdisciplinario (psicólogos, sociólogos, médicos, religiosos) podría llegar
a conocer plenamente. De más está decir que Fulano mismo, no se conoce, pero quienes creemos conocerlo, decimos que
es bueno e ignorante. Es como decir que un avión para doscientos pasajeros
consta de cuatro motores y una cantidad de ruedas de goma negra.
Por
esta característica cerebral de considerar que conociendo una parte lo
conocemos todo (metonimia) (1) es que existen los fetiches: Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes
sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos (2).
Si bien no me estoy ciñendo
estrictamente a los significados académicos de «metonimia» y «fetiche», cuento con
vuestra flexibilidad intelectual para que pensemos lo siguiente:
En la actualidad ¿A quién le importan realmente los libros? Respuestas
tentativas: a los escritores, a las editoriales, a los libreros, a unos pocos
lectores y a nadie más.
En la actualidad ¿A quiénes les importan los libros como fetiche
elegante y prestigioso? Respuesta breve: a casi todos los no mencionados.
En suma: Los libros son fetiches usados
por quienes prefieren los programas de televisión con mayor audiencia y los
deportes populares, pero se avergüenzan de ello.
(Este es el
Artículo Nº 1.640)
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