lunes, 4 de julio de 2011

Algunas ventajas de la psicología

Para quienes no disfrutan del odio, la psicología nos provee de información esencial para disfrutar del amor que provoca comprender.

Existen varias escuelas, corrientes, teorías psicológicas.

Todas tratan de entender las características psíquicas del ser humano para alcanzar fines prácticos, concretos, observables:

— mejorar la salud mental;
— optimizar las prácticas publicitarias;
— perfeccionar las técnicas de gobiernos de grandes poblaciones;
— bajar la conflictividad gremial;
— ganar habilidades en la negociación;
— superar disfunciones familiares;
— aplicar técnicas pedagógicas que favorezcan el mejor desarrollo humano de los futuros adultos;
— optimizar la productividad de los trabajadores;
— y el «etcétera» que usted pueda conocer o imaginar.

Para muchas personas la psicología es un estudio propio de poetas, filósofos, desocupados, intelectuales despegados de la realidad, soñadores, idealistas, religiosos, místicos, enfermos mentales que desean autocurarse, artistas anhelantes de una mayor creatividad, de histéricas que nunca se conforman con nada, ...

Para las personas que tienen esa opinión de la psicología, toda persona que se presente como psicólogo exhibe automáticamente alguno de los atributos mencionados en el párrafo anterior.

Aunque parezca ridículo, infantil o cursi, el amor es un sentimiento que mejora sensiblemente la calidad de vida de algunas personas.

No nos engañemos, para otras el odio, la sed de venganza y las ganas de dinamitar el planeta son las sensaciones que le aportan esa calidad de vida. Son gustos que nos diferencian.

Sin considerar que el amor cuenta con mejor prensa que el odio, para quienes lo disfrutan la psicología es un vehículo ideal porque cuando llegamos a la conclusión de que todos somos humanamente perfectos, inclusive cuando molestamos y somos molestados, nos aparta de la torturante idea de que somos culpables, de que fuimos condenados y ahora nos castigan y todo ese pedregullo (ripio) en los zapatos que nos llevan por la vida sin parar de sufrir.

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domingo, 3 de julio de 2011

A otra cosa mariposa

El coronel de caballería vive su primer día del nunca soñado pase a retiro.

Los militares nunca se jubilan, no abandonan su compromiso con la patria. Sólo dan un paso al costado para que otros más jóvenes ocupen su lugar.

Ayer lustró las botas y le sacó brillo a los botones dorados, cepilló el uniforme para que luciera tan radiante y magnífico como cuando se vistió por primera vez siendo cadete, casi sin barba, la mente llena de símbolos, ideales, compromiso, moral.

Luego la experiencia le fue mostrando distintos escenarios en los que no le resultó fácil hacer coincidir lo que estaba reglamentado con lo que las circunstancias le exigían.

Sintió más dolor cumpliendo algunas órdenes por obediencia que realizando extenuantes ejercicios o cumpliendo rigurosos castigos por faltas que serían insignificantes para cualquier civil.

Sus tareas habían ido perdiendo atractivo a medida que el país entraba en un período de extrema politización y las grandes preocupaciones pasaron a ser burocráticas: informes, pedidos de precio, pagos, traslados.

«Existir es luchar» y un militar protege la existencia en tanto se especializa en la lucha.

La vida no tiene sentido sin honor, valentía y vocación de servicio. Pocos entenderían que un militar siente que es «alguien» cuando viste el uniforme, ese atuendo que orgullosamente le permite ser el custodio de las sagradas instituciones republicanas y democráticas.

Cuando me llamó por mi parentesco: «Yerno, venga un momento por favor» pensé que estaba jugando a que seguía en el cuartel, pero no, entré al baño, vi que había orinado con sangre y a partir de ahí empezó su lucha por la vida en la que llevaba todas las de perder.

En sus últimas horas, delirando por el famoso cóctel, balbuceaba algo sobre «la deslealtad del camarada», quizá refiriéndose metafóricamente a su propio cuerpo, a Dios o a alguna deuda de honor cuyo secreto se llevó a la tumba.

Tuve la sensación de que los compañeros que lo escoltaron hasta el final sabían a qué se refería.

Nota: La imagen corresponde al actor Chris Cooper quien personificó a un militar retirado en la película Belleza americana.

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sábado, 2 de julio de 2011

La costosa búsqueda de afiliación

Increíblemente nuestro inconsciente puede procurarse una enfermedad (psicosomática) con tal de obtener la afiliación a la corporación médica en calidad de paciente hipertenso, hepático, seropositivo, etc.

El «apodo» (mote, seudónimo) es el nombre que puede dársele a una persona tomando en consideración alguna de sus características mediante una comparación ingeniosa.

Por ejemplo:

C.T.I. (porque no lo pueden ver [aceptar] ni los parientes);

Cero falta (porque lunes [bebió] vino, martes vino, ...);

Dólar azul (porque cualquier se da cuenta que es falso [mentiroso]).

Los apodos nunca resaltan rasgos positivos del nominado. La comparación ingeniosa dejaría de ser humorística si pudiera confundirse con un halago, un piropo o una adulación.

A pesar de esta crítica implícita que denuncia el apodo, aporta una sensación satisfactoria en quien lo recibe porque, para bien o para mal, el grupo reconoce su existencia, lo tiene en cuenta, lo recuerda.

Para comprender la validez de esta satisfacción debemos contrastarla con lo que significa para cualquiera de nosotros una mortífera indiferencia.

En suma: debemos aceptar como posible que muchas personas han diseñado su forma de mostrarse ante quienes lo conocen de tal manera que estos reaccionen asignándoles sobrenombres que realcen algún defecto físico o de personalidad.

Muchas religiones incluyen entre sus ritos alguna forma de bautismo a partir del cual el sujeto se convierte en un integrante de ese colectivo, es aceptado como un hermano entre los fieles, queda afiliado.

Esta búsqueda de amor, de ser incorporado, de ser aceptado, reconocido, amado, también es posible lograrlo mediante un diagnóstico médico.

Aunque parezca paradójico es un gratificante alivio para muchas personas recibir de la corporación médica una identidad nosográfica que lo identifique en su calidad de paciente.

Ser diabético, gotoso, obsesivo, histerectomizada (que le fue quitado el útero quirúrgicamente), constituyen afiliaciones a la medicina inconscientemente buscadas y generalmente conseguidas.

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viernes, 1 de julio de 2011

El pueblo unido jamás será gobernable

Nuestro instinto de conservación siempre establece un ranking que ordena qué cosas lo preocupan. Inevitablemente habrá una que sea la primera, por ejemplo, la inseguridad ciudadana.

Comienzo con algo obvio: cuando señalamos que algo es lo que nos provoca la mayor molestia, lo que estamos diciendo es que no hay otras cosas que nos molesten más que eso.

Algo que tampoco es novedoso es que esa molestia puede ser baja, alta o insufrible.

Es posible comprender que lo peor que nos está pasando no pasa de ser algo tolerable.

Por ejemplo, lo peor puede ser una inexplicable invasión de moscas o lo peor puede ser un sismo que destruyó casi todas las viviendas, seguido de un tsunami que inundó los escombros más una inminente epidemia por falta de agua potable.

Dicho de otra forma: siempre existe algo que puede catalogarse como «lo más problemático».

Actualmente somos víctimas de un flagelo (palabra dramática, impactante, tenebrosa) denominado «inseguridad ciudadana».

Se entiende por tal, el temor a posibles agresiones, asaltos, secuestros, violaciones u otras injurias que pueden incluir empujones, insultos gratuitos, ignorar el orden de una fila, etc.

Desde mi punto de vista, el ser humano forma parte de la naturaleza y así como conocemos cambios climáticos (rayos ultravioleta, fenómeno del niño, deshielos), los animales humanos también vamos cambiando.

Los cambios favorables, cómodos, reconfortantes, existen pero no son noticia, no nos interesan, aburren (disminuyeron las epidemias, guerras, rumores de apocalipsis).

Pero además de esta explicación genérica (que cambiamos porque somos naturaleza), también se está debilitando la eficaz y odiosa receta de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) que decía «Divide y reinarás».

Cunde cierta anarquía angustiante (inseguridad descontrolada) porque los humanos estamos menos divididos (e-mail, Facebook, Twitter, celular).

Las causas quizá sean muchísimas, pero sugiero esta porque no he visto que otros la mencionen.

Artículos vinculados:

Los delincuentes, si no emigran, mueren delincuentes

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jueves, 30 de junio de 2011

Los animales no se autodestruyen

El afán de someternos demoniza a nuestro deseo como si éste fuera un peligroso enemigo.

Nuestro razonamiento, individual y colectivo, a veces se hace planteos que estimulan un debate, alguna reflexión, eventualmente un estudio serio.

Por ejemplo:

— «La educación», ¿es un derecho o una obligación?;

— «Votar en las elecciones nacionales», ¿es un derecho o una obligación?;

— «Vengarse», ¿es un derecho o una obligación?

Apuesto a que el último ítem no lo ha oído tantas veces como los dos anteriores.

Supongo que es escasamente comentado porque por otro lado siempre procuramos con responsabilidad —pero también con mucho temor— evitar toda incitación a la violencia.

Los humanos de cualquier edad gozamos tremendamente con la agresividad, con la cancelación definitiva de todo lo que cataloguemos como «malo», nos apasiona el exterminio radical y definitivo de lo que nuestra mente señale como enemigo, riesgoso, perjudicial.

Es tan grande el placer por estas soluciones radicales, que una cantidad muy importante de personas lucha denodadamente por la paz, la comprensión, la tolerancia.

¡No perdí la razón! ¡No estoy loco!

El instinto de conservación es furioso como un terremoto, extremista, totalmente necio pero lo que nos lleva a buscar la paz es el temor al demoníaco deseo.

Fuimos adiestrados, disciplinados, educados para moderar nuestros deseos: nos adoctrinan contra el deseo de robar, de golpear, matar, incendiar, romper y cuando ingresamos en la edad reproductiva (adolescencia y adultez), la sociedad busca la manera de que no practiquemos sexo por temor a una gestación indeseada.

Hasta ahora, los pensadores con más poder de convicción se han esforzado en reprimir nuestro placer, nuestro deseo de gozar porque ellos creen que nuestra especie es capaz de autodestruirse haciendo un mal uso del libre albedrío que posee ... lo cual no es cierto.

Sabemos cuidarnos porque felizmente somos animales.

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miércoles, 29 de junio de 2011

La política de ayudar a los más capaces

Lo más adecuado es ayudar, apoyar y defender a aquellos ciudadanos que sean tan capaces, productivos y generosos como la buena tierra.

En otro artículo (1) les comento que los humanos con deseos de progreso, especialmente material, tendrían que tener en cuenta que nuestro mayor esfuerzo debería estar destinado a favorecer el enriquecimiento de personas productivas o muy productivas.

A los efectos de explicar esta idea imagino que las personas estamos dotadas de diferentes niveles de productividad de manera similar (comparable) a lo que ocurre con la potencialidad agroeconómica de los distintos terrenos según su espesor, consistencia, porosidad y composición química.

Un agricultor que trabaje sobre un suelo fértil y generoso tendrá mayor rendimiento de su esfuerzo mientras que otro, con similar esfuerzo pero en un terreno de baja productividad, podrá cosechar menos frutos.

Es posible afirmar que las personas son generosas o mezquinas según cuánto esfuerzo tengan que realizar para obtener lo que necesitan para vivir dignamente. Quienes tienen la habilidad o la suerte de ganar dinero cómodamente, padecen menos resistencias para compartirlo.

Los avaros son un caso aparte y felizmente son los menos.

Usted y yo también podemos ser comparados con el suelo cultivable:

— algunos aman el trabajo, les encanta participar, colaborar, no están obsesionados con las ganancias, confían en los demás y disfrutan dando lo mejor de sí;

— otros —por el contrario—, no disfrutan trabajando, han tenido malas experiencias asociándose o cooperando y desconfían de la honestidad ajena, temen ser robados, abusados, explotados, burlados, estafados.

Así como es apasionante luchar por una ideología, una creencia, una convicción, también es posible hacer eso mismo procurando el enriquecimiento de quien demuestre capacidad productiva, generadora de riqueza y se complazca en repartir sus utilidades con los colaboradores que sean tan dadivosos como la tierra fértil.

(1) La fertilidad humana y agrícola

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lunes, 27 de junio de 2011

El razonamiento irracional

El pensamiento lógico es confiable pero lento. El pensamiento ilógico (irracional) es menos confiable pero es más creativo y llega a soluciones que por el camino lógico serían inaccesibles.

Cuenta una historia que cuando ya había terminado la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), un buque cargado de pasajeros amaneció rodeado de bombas flotantes que, tan solo tocar la carcasa metálica del barco, lo harían volar en mil pedazos.

Cundió rápidamente la alarma, con la angustia reinante sólo pensaron en pedir socorro por radio aunque sabían que la ayuda demoraría tanto tiempo en llegar que seguramente sería inútil.

Resignados a morir congelados en el agua donde años atrás se había hundido el Titanic, no faltó el gracioso que propuso soplar todos juntos para alejar las bombas flotantes.

Este sentido del humor tan poco oportuno permitió que otro sugiriera utilizar las mangueras contra incendio del que disponía la nave para alejar los artefactos sin que estallaran.

Y efectivamente esa terminó siendo la solución.

En resumidas cuentas, una idea disparatada fue la inspiración para una idea salvadora.

Tenemos la clara sensación de que la vida está llena de problemas de difícil solución pero no tenemos una clara sensación de cómo nuestro pensamiento está atado de pies y manos innecesariamente.

Los aviones son un medio de locomoción muy rápido, no solamente porque su desplazamiento es veloz sino porque se desplaza en línea recta (el camino más corto entre dos puntos).

Fuimos adiestrados para pensar haciendo un recorrido lógico y el recorrido lógico es formal, estructurado, terrenal, lleno de obstáculos. No fuimos adiestrados para pensar en forma ilógica con un recorrido irracional, desestructurado, aéreo, sin los obstáculos y la lentitud del avanzar paso a paso.

Más aún: no sólo no fuimos adiestrados sino que nos han inculcado la prohibición de pensar creativamente, sin ataduras, indisciplinadamente.

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