Para quienes no disfrutan del odio, la psicología nos provee de información esencial para disfrutar del amor que provoca comprender.Existen varias escuelas, corrientes, teorías psicológicas.
Todas tratan de entender las características psíquicas del ser humano para alcanzar fines prácticos, concretos, observables:
— mejorar la salud mental;
— optimizar las prácticas publicitarias;
— perfeccionar las técnicas de gobiernos de grandes poblaciones;
— bajar la conflictividad gremial;
— ganar habilidades en la negociación;
— superar disfunciones familiares;
— aplicar técnicas pedagógicas que favorezcan el mejor desarrollo humano de los futuros adultos;
— optimizar la productividad de los trabajadores;
— y el «etcétera» que usted pueda conocer o imaginar.
Para muchas personas la psicología es un estudio propio de poetas, filósofos, desocupados, intelectuales despegados de la realidad, soñadores, idealistas, religiosos, místicos, enfermos mentales que desean autocurarse, artistas anhelantes de una mayor creatividad, de histéricas que nunca se conforman con nada, ...
Para las personas que tienen esa opinión de la psicología, toda persona que se presente como psicólogo exhibe automáticamente alguno de los atributos mencionados en el párrafo anterior.
Aunque parezca ridículo, infantil o cursi, el amor es un sentimiento que mejora sensiblemente la calidad de vida de algunas personas.
No nos engañemos, para otras el odio, la sed de venganza y las ganas de dinamitar el planeta son las sensaciones que le aportan esa calidad de vida. Son gustos que nos diferencian.
Sin considerar que el amor cuenta con mejor prensa que el odio, para quienes lo disfrutan la psicología es un vehículo ideal porque cuando llegamos a la conclusión de que todos somos humanamente perfectos, inclusive cuando molestamos y somos molestados, nos aparta de la torturante idea de que somos culpables, de que fuimos condenados y ahora nos castigan y todo ese pedregullo (ripio) en los zapatos que nos llevan por la vida sin parar de sufrir.
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