
Esta iba a ser la primera Nochebuena que
habrían pasado juntos de no haber sido por la áspera discusión que tuvieron.
Sofía era una muchacha muy alegre y Vicente un
hombre muy serio, quizá depresivo y obsesionado con su enorme fortuna.
Se habían conocido en una entrevista de
trabajo en la que ella se postulaba como telefonista.
Vicente acostumbraba ver y oír el proceso de
contratación de nuevos colaboradores utilizando un espejo trasparente, de esos
que usan las comisarías para que los testigos puedan acusar a los sospechosos
sin temor a las represalias.
Cuando Vicente participó anónimamente en la
entrevista a Sofía, hizo la señal
convenida al entrevistador para que rechazara a la candidata.
Así se hizo pero el psicólogo, cuando se animó
a preguntarle al empresario por qué se oponía a contratar a esta señorita,
recibió por toda respuesta una murmuración inaudible.
Meses después, Vicente llamó a su fiel
secretaria y le pidió que contactara a aquella muchachita para pedirle una cita
en algún lugar alejado de la empresa.
La joven llegó 25 minutos tarde y con un gesto
de las cejas bastante maleducado, inquirió el motivo de la cita.
El hombre sintió terror porque le sudaban las
manos, esas que no tenían empacho en firmar decisiones que afectaban a muchas
personas.
No pudo decirle nada de lo que tenía pensado
porque tampoco su aparato fonador quiso obedecerle.
Vicente, casi paralizado, se disculpó con
vergüenza y se fue. Ella levantó los hombros con indiferencia y algo de
desprecio por este pobre hombre tan lleno de dinero.
Dos meses después Vicente pudo rearmar sus
pensamientos y le pidió a la joven para encontrarse de nuevo.
En esta ocasión pudo desarrollar su propuesta:
quería casarse con ella para que empezaran a conocerse en la convivencia.
Quienes tomaron la resolución favorable fueron
los problemas familiares de Sofía y así se lo hizo saber, solicitándole una
retribución económica que los sacara de una prolongada miseria.
La chica había sido rechazada a través del
espejo porque Vicente entendió que su vida sería un caos tan solo verla
diariamente. Luego, al ver que no pudo sacársela de la cabeza, decidió
doblegarse por primera vez ante su deseo; por eso la citó y le hizo la
propuesta.
Sofía, asesorada por la madre, se comportó
como una geisha poniendo a prueba el endurecido corazón de Vicente, que sin
embargo estalló mortalmente cuando ella, desoyendo sus ruegos, lo dejó solo
para reunirse con su familia a festejar la primera Nochebuena, sin saber aún
que ya era una viuda rica.
(Este es el
Artículo Nº 1.683)
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