miércoles, 26 de septiembre de 2018

¡BASTA DE PROHIBICIONES AUTORITARIAS!




Las madres sinceras consigo mismas difícilmente reconocen los ataques sexuales que reciben de sus hijos varones. Ellas suelen rechazar al hijo movidas por el tabú del incesto sin reconocer que el niño no lo conoce. A veces con violencia le gritan: ¡Quieto que soy tu madre! Como si eso le aclarara algo al muchacho. En su defecto debería decirle que no le gusta que la traten así, ¡no me gusta que hagas eso! ¡Me molesta! No lo hagas otra vez. El chico ya sabe que a ella no le gusta jugar con una pelota o mirar películas de terror o que orine las plantas. Pues tampoco le gusta que le toquen lo glúteos o los senos o que se digan chistes obscenos. El muchacho debe aceptar que no debe molestar. No porque esté prohibido molestar sino porque el otro no lo permite.

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