
Sacamos precarias conclusiones generalizando datos
insuficientes y un refrán popular se burla de quienes no lo hacen.
En muchos artículos me he referido a una
función mental que me llama la atención, pero también me preocupa, pero también
me da bronca. Me refiero a la «metonimia».
Cuando
alguien dice: «Fulano ya peina canas», para expresar que Fulano es una persona
que tiene canas y que por lo tanto tiene muchos años de edad, está igualando una característica de la vejez
(las canas), con la vejez misma. Dicho de otro modo, está remplazando el efecto
(cabello blanco) por la causa (envejecimiento).
Cuando
alguien dice: «Fulana compró un Picasso», para expresar que compró una obra de
Picasso, supone que el pintor y sus obras son lo mismo.
Cuando
alguien pierde un examen, puede llegar a decir «no sirvo para nada», «nunca
podré terminar mis estudios», «soy un inútil», porque está suponiendo que el
fracaso aislado de un examen será igual en todas las futuras pruebas de
conocimiento.
Cuando
alguien recibe una respuesta negativa a su propuesta enamorada, puede llegar a
pensar que nadie lo quiere ni podrán quererlo en el futuro.
Esta
tendencia a generalizar con datos notoriamente escasos parece estar en nuestro cerebro como método
defensivo, de tal forma que si al recorrer un cierto camino tropezamos con una
piedra, algo se active en nuestra mente para que nunca más hagamos ese
recorrido.
Aunque esta
sea una reacción equivocada, pues nos induce a sacar conclusiones de forma muy
precaria, está reforzada con una refrán irónico por el que se nos recuerda
burlonamente que «el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la
misma piedra».
Dicho de otro modo, nuestro cerebro saca
defectuosas, precarias y pobres conclusiones, y un refrán popular reafirma esa
forma de pensar.
(Este es el Artículo Nº 1.795)
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