Cuando los avaros no gastan el dinero contribuyen para que el valor del dinero aumente y la inflación baje.
Los amarretes, avaros,
miserables, tacaños, mezquinos, miserables, roñosos, agarrados, usureros, son
personas mal vistas por la sociedad, pero que algo de bueno tienen.
El primer motivo que justifica
esta afirmación es muy elemental: como nada de lo humano es perfecto, nadie
puede ser perfectamente malo. Por lo tanto, si estos personajes parecen
detestables, algo de bueno deberían tener simplemente porque no pueden ser «perfectamente
detestables».
Pero existe un motivo menos visible y más práctico de por qué son
personas que generan un leve beneficio al resto de la población.
Pensemos de esta manera:
El dinero es una mercancía cuya principal característica es la de ser
permutable por cualquier otra.
La abundancia de cualquier mercadería hace que esta disminuya su precio.
Cuando tenemos una buena cosecha de naranjas estas valen menos; cuando
muchas personas se ofrecen para trabajar los salarios se deprimen; en Venezuela
se pueden comprar cincuenta litros de nafta por un dólar mientras que en
Uruguay un solo litro de ese combustible cuesta más de un dólar y medio.
Lógicamente en Venezuela la abundancia de petróleo es enorme y Uruguay no tiene
una sola gota de «oro negro».
Cuando el dinero abunda vale menos pues ocurre lo que todos conocemos
por «inflación».
Si el dinero vale menos entonces el presupuesto de los hogares aumenta.
Como los salarios aumentan lentamente, los trabajadores ven perder
sistemáticamente el poder de compra de sus salarios.
Todos los gobiernos procuran evitar que el valor de su moneda baje y
evitan por todos los medios que se produzca inflación.
Para evitar la desvalorización del dinero los gobiernos disminuyen la
cantidad circulante, (provocan una escasez que aumente el valor), como hacen
los avaros que no lo gastan.
(Este es el Artículo Nº 1.843)
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