El instinto gregario (1) y la soledad, son temas recurrentes en este blog.Es obvio que me preocupan y seguro que me interesan.
En otra ocasión les comenté que tendríamos que tener una psicología para varones y otra para mujeres. No somos iguales, quizá somos algo parecidos y, para algunos temas, sería bueno partir de la base de que pertenecemos a especies tan diferentes (2) como son las jirafas y las cebras.
Tengo casi por seguro —hasta que alguien me convenza de lo contrario— que son las hembras de casi todas las especies las que elijen a los machos que habrán de fecundarlas (3), a partir de que ellas han decidido abocarse a la tarea de reproducción y alimentación de un nuevo ejemplar para la especie.
Sólo para ser claros usando pocas palabras, imaginemos que existen cien tipos diferentes de hombres. Los numeraremos del uno al cien.
María Estela es una mujer que sólo busca hombres 4, 23, 65 y 77. Si no encuentra ninguno de estas características, podría conformarse con un 9 y eventualmente con un 36.
Todos los demás hombres no le gestarían los niños mejor dotados. Ella gusta de esos cuatro (con opción a dos más). El resto, para ella no existen.
Cuando María Estela dice que «no hay hombres», que «los hombres que sirven, están todos casados o son gays» o que «los hombres son todos unos inútiles», lo que realmente está diciendo es que no se ha cruzado últimamente con ningún 4, 23, 65 ni 77 que le provocara una atracción fulminante.
Tampoco se ha cruzado con algún 9 o 36 que la acompañe provisoriamente.
Cuando algo de esto ocurre, ellas dicen: «¡qué sola me siento!».
En suma: una mujer padece de soledad cuando no encuentra ninguno de los pocos hombres que le sirven.
(1) ¡Hola!¿Cómo te va?
(2) Nadie es mejor que mi perro
Ya sé por qué no me entiendes
Ser varón es más barato
(3) «La suerte de la fea ...»
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