Confundidos por una cierta lógica del capitalismo, algunas personas retacean su trabajo, colaboración, participación social, tratando de volverse escasos para aumentar su valoración e inspirar más amor.Vivimos en una sociedad que se rige por las normas capitalistas.
Según este criterio de convivencia, casi todo se puede comerciar y sus valores de intercambio están regidos por un mercado en el cual se negocian la oferta y la demanda.
Por ejemplo, vemos que el precio del kilo de manzanas está muy elevado y cuando preguntamos por qué esa suba tan brusca e inesperada, nos enteramos de que en la zona de nuestro país donde se cultivan tuvieron un clima dramáticamente adverso, que la producción bajó casi a cero y que el gobierno tuvo que importarlas de un país vecino.
En otras palabras, la misma fruta, un año nos cuesta 10 y al año siguiente nos cuesta 15.
Dicho de otra manera: un año tenemos que trabajar durante treinta minutos para ganar lo que cuesta un kilo y al año siguiente tenemos que trabajar durante 45 minutos para comprar la misma cantidad.
Quienes nacimos y nos criamos dentro de esta lógica, tenemos incorporada una idea de valor que se refiere a que lo escaso, si es necesario, es más costoso que lo abundante.
Retomo una idea que seguramente compartimos: necesitamos ser amados, queridos, reconocidos, mirados, mimados.
Para todos es muy importante ser valiosos para quienes nos rodean porque entendemos que son amadas las personas más valoradas, deseadas, re-queridas.
Paradójicamente, algunos optan por retacear su presencia, por ser poco demostrativos, provocar una escasez de su participación social, ocultarse, colaborar lo mínimo posible con su colectivo, en la creencia de que si escasean, serán más valorados, más amados, más re-queridos ... como el ejemplo de las manzanas que acrecentaron su valoración porque escasearon.
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